Manuel era un apasionado por la naturaleza. Todo su vida había crecido con la compañía de las aves y de ellas aprendió a amarlas y a entenderlas. Ahora, ya entrado en años, se encontraba paseando por el bosque, cuando vio por primera vez al ave jamás vista; el colibrí. Sabía que se trataba de un colibrí por todo lo que había leído acerca de esta particular ave.

Únicamente las alas de muchos colibríes producen un sonido particular durante el vuelo, que parece un zumbido o silbido. Esto se debe al paso del aire a través de las ranuras de las aves. Sin olvidar mencionar la hermosura de sus plumaje, tan llamativo y espectacular. Desde el azul eléctrico, amarillo limón, verdes metálicos y esmeralda.

Siguió avanzando y de reojo pudo ver como el ave le seguía. Una presencia pudo percibir Manuel durante todo el camino. De regreso a su casa, no dejaba de pensar en la alegría de haber podido ver a un colibrí, aunque desde entonces algo en su alma se había apoderado de él.

Al día siguiente, apareció en el borde de su balcón el mismo colibrí que el día anterior. Sabía que era el mismo. Pudo observar que se encontraba herido. Unas pequeñas gotas de sangre dejó al descubierto en la patita delantera. Se encontraba herido. Manuel, lo cogió con delicadeza, con ambas manos. Durante unos días permaneció a su lado, hasta que pudiera llegar, de nuevo, a volar.

Durante su estancia, Manuel y el colibrí entablaron una bonita amistad. Aunque Manuel sabia que un día de éstos tendría que partir y alzar, de nuevo, el vuelo. Siempre perduraría la amistad entre ellos.

Manuel para entender mejor a su amigo, cogió un libro de la estantería, aquella donde reposaban todos sus libros acerca de las aves. Investigó acerca del colibrí. Averiguó que se le llamaba mensajeros del alma.

Manuel entendió que no fue una casualidad encontrarlo. Por algún motivo que luego leyó a continuación, en una de las siguientes páginas, entendió que el colibrí le estaba transmitiendo un mensaje. El mensaje provenía de su mujer fallecida. Desde el día en que partió al más allá, había dejado un gran vacío en el hogar y en su corazón.

En estos momentos, daba gracias al colibrí por haber aparecido en su vida. Una vez recuperado de su pata, alzó el vuelo, miró a Manuel, dando las gracias y emprendió su viaje. Manuel le siguió con la mirada, hasta perderse en el infinito. Dejando a Manuel una huella imborrable, seguida de una paz interior, que hacía mucho tiempo no había vuelto a sentir.

Desde ese día durmió en paz, en su interior sabía que su mujer le había transmitido un mensaje. Había dejado de soñar con zombies, por las noches, dando gracias al colibrí, por haber aparecido en su vida. ¿Quién sabe? – Tal vez volviera a reaparecer algún día, de nuevo. Nunca olvidaría a esa pequeña ave, que cambió su vida para mejor. Mensajero de las almas, aquí esperaré tu llegada.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

2 comentarios en «El encuentro con el colibrí, by Neus Sintes»
  1. En la tradición náhuatl, los colibríes representan el alma de los muertos y cada celebración de Mictlantecutli, la Diosa de la Muerte (Por cuyo sincretismo con la Conquista española se convirtió en Día de Muertos, 2 de noviembre), salían del Mictlán, el inframundo precolombino, a verse con quienes había dejado atrás, o desde su perspectiva, a quienes aún esperaban. Gran relato, Neus. Saludos