¡Cuántas veces cruzó el puente para ver el ocaso!. Un ocaso que le decía que un día más había transcurrido. La conocían como la niña perdida. Caminaba con sus pies descalzos hasta que no podía continuar más. Allí se detenía a la espera, día tras día, de aquellos padres que nunca regresaron.

Se preguntaba, aún siendo tan niña, ¿por qué sus padres tuvieron que partir?.

Después de derramar las lágrimas contenidas durante todo el día, regresaba, daba media vuelta y se alejaba de nuevo, caminando despacio y sin fuerzas por el puente. Con el tiempo, los días se tornaron grises. A medida que pasaron los años, la llamada niña perdida, creció y como un ritual avanzaba cada día del año al mismo lugar. A sabiendas, de que no encontraría respuestas, que sus esperanzas de volver a verlos eran escasas, por no decir nulas.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.