Sara percibía que su intuición era mucho más poderosa que la razón. El alma que nos habla. En ocasiones, la intuición, ese sexto sentido del que uno es poseedor, es mayor de lo que cree. En su interior, había una vocecilla que no paraba de advertirle de que huyera del lugar.

Se encontraba en el interior de un enorme acuario que habían abierto hacía poco en poco en Madrid. Ella junto a los demás turistas y viandantes, se encontraba recorriendo, como ella los diferentes pasillos que daban a sus distintas especies. Desde las más pequeñas, medianas y grandes especies conocidas por el ser humano, hasta las mas interesantes y desconocidas nunca jamás vistas por el ojo humano.

Dos submarinistas, limpiaban constantemente las aguas, adentrándose dentro y alimentando a los animales acuáticos. Dos de ellos, estaban en la zona donde se encontraban los tiburones. La piel se le erizó sin más, mientras pasaba por esa zona y un cartel de «Prohibido sacar fotografías», advertía del peligro.

Advertencia que los viandantes que iban detrás de ella, no hicieron caso. Y mientras su intuición le volvía a repetir con insistencia que corriera, que huyera. Sara había quedado sumida en un trance al ver cómo por fragmentos de segundos, los cristales se rompían en mil pedazos detrás suyo, viendo en su lugar, a un grupo de de turistas, tomando la última fotografía de sus vidas.

-¡Corred! – los gritos y llantos de los que pasaron por su lado, la hicieron reaccionar. Mientras corría, intentando salvar su vida, detrás de los demás. Su mente, le transmitía lo que por última vez su retina había visualizado con temor y pánico y que muy difícilmente le sería posible olvidar.

A la salida, una ambulancia les esperaba para atenderlos. Desde los que se encontraban heridos, conmocionados y algunas personas con ataques de ansiedad.

-¿Podría haber sido yo? – se preguntó a si misma en voz alta – mientras era atendida por un chico de la ambulancia.

¿Decía algo, señorita? – le preguntó el chico que le atendía. – notando el pulso acelerado en su pecho.

Sara negó con la cabeza lentamente – mientras por su mente no paraban de pasar imágenes de lo ocurrido, a cámara lenta, procesando cada segundo en su mente, desde el momento en el que ella avanzó un pie para seguir y al volverse, presentir como su vida había peligrado en tan poco tiempo.

-Podría haber sido yo…. –  se confirmó a sí misma, titubeando. Mientras miraba con ojos llenos de lágrimas al chico que la había atendido.

-De suerte, señorita, que esté ilesa. – le tranquilizó el enfermero. Tome esta pastilla. Es un tranquilizante. Le ayudará. Ahora tengo que atender a otros pacientes.

-Gracias. – respondió Sara.

-De nada. – ¡Cuídese!.

Pasaron los meses y Sara iba recuperando, aunque algunas heridas quedaron marcadas en su corazón. Se sentía culpable. Pero hizo caso de su su vocecilla interior, llamada intuición. Esa fue la advertencia que le salvó. De no ser por su sexto sentido, ella no estaría viva. Aún así se sentía culpable por los que fallecieron en el camino, detrás de ella; en el lugar que segundos antes ella había pisado.

¿Cómo evitar algo inevitable?. Con el tiempo aprendió a superar las duras pesadillas, que cada noche, al cerrar los ojos, venían a visitarle, como seres malignos o vengativos por el hecho de estar viva. Su instinto le salvó, en más de una ocasión.

Empezó a desarrollar una intuición que hasta ese momento había tenido dormida, ahora en su alma se había despertado. Aprendió a no compartir el secreto con nadie, para que no la tomaran por una loca o simplemente no la creyeran. Aprender a vivir con un instinto más desarrollado que otro, puede ser un alivio, como un verdadero tormento.

Sara tuvo, con el tiempo a saber, aprender y aceptar lo sucedido. Solo de esa forma, podía aceptarse a ella misma, por poseer el don de la intuición más desarrollado. El saber que su alma le hablaba en su interior y le advertía siempre que peligraba, o en las decisiones importantes a tomar en la vida.

Decidió labrarse un futuro. Se hizo socorrista, para salvar vidas. Sabía que tenía que vencer a sus pesadillas. Su intuición formaba parte de ella, le había advertido en mas de una ocasión y a ella le debía la vida. Aprendió a superar sus miedos, sus adversidades y sus temores.

 

 

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.