Me dispuse a entrar en la sala, donde se rodaba el nuevo estreno, en las grandes pantallas de cine. Uno de los acomodadores, con la ayuda de su pequeña linterna, me dirigió hasta el interior de la sala, hasta indicarme mi lugar correspondiente.

Las butacas, de color burdeos, alineadas y bien pulidas, daban la sensación de haber sido limpiadas con anterioridad. Me percaté de que no había entrado nadie en la sala. También había asistido de noche, y la mayoría de la gente solía frecuentar el cine de día o por las tardes.

Me pregunté si era la única persona solitaria que deambulaba de noche, para asistir a la sala de un cine. A los pocos minutos, la puerta se entreabrió y pude percibir la sombra de una figura masculina. Entró en la sala, sentándose a pocos centímetros, detrás de mí.

Al dar comienzo la película, un aire frío empecé a notar en la nuca. Las luces se apagaron y un silencio sepulcral invadió la sala. A continuación una luz, me cegó los ojos. Los trailers aparecieron en la pantalla, para dar comienzo a la película.

Me toque la nuca, el aire frío se había filtrado en mi piel. No era el típico aire que del aire acondicionado. Era un aire frío diferente a cualquier otro, que percibía detrás de mí. Por un lado, deseaba girarme y ver quien era, por otro, no estaba tan segura. La piel se me erizó sol de pensar en quien podría ser. El miedo estaba empezando a hacer efecto.

En un intento para ver de quién se trataba, hice ademán de girarme y comprobar, para mi sorpresa, que no había nadie. Me senté de nuevo para ver la película, cuando el tacto frío en mi brazo sentí. Me giré y a mi lado se encontraba.

De una extrema delgadez y de rostro surcado por unas finas y delgadas arrugas. Sus ojos grisáceos no dejaban de mirarme, con intensidad. Hipnotizada, me quede sin aliento. Apenas pude emitir sonido alguno al verlo por primera vez a mi lado. Quise gritar, pero algo me lo impedía.

Era un hombre atractivo y misterioso, que con su mirada me atraía, sin comprender el por qué. De súbito, me asió de la mano y depositó en ella sus labios, mientras me besaba, cortésmente.

-Venga conmigo, madame. – Me recuerda mucho a mi amada. Parece usted, la viva imagen de la reencarnación de la que fue mi mujer en otra vida.

-No creo en la reencarnación – titubeé

-Debería – ¡Créeme!. Si viene conmigo se lo demostraré.

Hipnotizada por sus palabras, por su suave voz, me levanté de la butaca. Guiada por sus pasos y su elegancia varonil. Dejando atrás el sonido de la pantalla. Desaparecí con él.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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