David, era un hombre de negocios, casado con Berta. Su mujer Berta, ama de casa, sospechaba hacía un tiempo de que le era infiel. Nunca se lo había mencionado, hasta que no tuviera las pruebas necesarias para que no equivocarse. Muchas eran las veces, en que deseaba estar equivocada. Que solo fueran imaginaciones suyas.

David, siempre había viajado mucho por su trabajo. Tenía a Margaret, su secretaria que siempre andaba con el. Incluso en los viajes de negocios, ella lo acompañaba. Margaret era mucho más joven que Berta. De carácter jovial y extrovertida.

Con el tiempo Margaret y David emprendieron una relación algo más que profesional. Su relación aumento el deseo carnal hacia la joven Margaret. Ella le correspondió con sus deseos de ser algo más que su secretaria. De esta manera, empezaron a salir en secreto, a escondido de Berta.

Berta nunca se atrevió a decirle nada a su marido, pero muchas eran las ocasiones en las que veía cómo su ropa olía a perfume de otra mujer o en ocasiones, se encontraba alguna marca en su blusa de pintalabios rojos.

Por las noches, David llegaba cansado a casa. Después de pasar el tiempo con Margaret amándose en secreto, tras una larga jornada laboral, ambos se despojaban de sus ropas, presos de un amor prohibido, del cual eran presos.

-David, ¿Cuándo le pedirás el divorcio a tu mujer, Berta? – le preguntó Margaret ,mientras terminaba de arreglar unos papeles de despacho

-No lo sé, Margaret – le respondió – dubitativo

-Cielo, piensa que cuanto más tiempo pase, va a ser peor. Creo que tu esposa sospecha de nosotros, aunque ella no te lo diga.

-¿Tu crees, Margaret? – le preguntó, mientras le desabrochaba los tes botones de la blusa, dejando al descubierto unos pechos exuberantes y erguidos.

-David, las mujeres tenemos un sexto sentido para estas cosas. Sin duda alguna, seguro que tu mujer sabe algo, o deduce que ya no la amas.

David pensó seriamente en lo que Margaret le había dicho y creyó estar en lo cierto. Berta, ya no era la misma mujer de antes, su comportamiento había cambiado desde que empezó a serle infiel. Sabía que lo más sensato era el divorcio y que ambos siguieran caminos distintos. Tenía que encontrar el momento adecuado.

De su bolsillo extrajo las llaves. Para su asombro David se encontró que la cerradura de la casa estaba cambiada. Al pulsar el botón del timbre con la esperanza de que Berta estuviera en la casa. Berta le recibió con las maletas en el recibidor.

-¡Espera Berta! – Puedo explicártelo – le dijo David

-No hay nada que explicar, David – le recriminó con la mirada. Sé que tienes una aventura con tu secretaria, Margaret. No quiero saber nada. Me marcho. – sentenció, dejando las llaves en el mostrador del recibidor.

-Por cierto, los papeles del divorcio te los entrego. – Imagino que me es lo que me ibas a pedir, ¿verdad?

-Veo que te has adelantado – respondió David, con la ira reflejada en su rostro.

Berta, le hizo entrega de las llaves y de los papeles del divorcio y marchó del que fue su hogar junto a su esposo durante los años que permanecieron juntos.

Un silencio se apoderó de la casa. No era un silencio cualquiera. David tenía la piel erizada. Llamó a Margaret para contarle lo ocurrido. Para tranquilizarse si oía su voz.

El fin de semana llegaba y David y Margaret decidieron pasarlo a las afueras, para olvidar lo ocurrido y empezar una nueva vida juntos, ahora que Berta no estaba en sus vidas. Mientras David conducía, un cansancio empezó a apoderarse de el.

-¿Te encuentras bien, cariño? – le preguntó Margaret

-Si, cielo – Un poco cansado, pero no es nada. Puedo seguir conduciendo.

-¿Seguro?

-Si, tranquila – la tranquilizó David.

El cielo empezó a escurecer, cuando a lo lejos Margaret y David divisaron a «alguien» en la carretera. Vestía de blanco, con una larga y oscura cabellera del color de la noche.  Había aparecido de la nada. David intentó frenar, al ver que se trataba de la silueta de su ex-esposa, Berta. Al intentar frenar fue demasiado tarde y David falleció. Berta miró a Margaret por unos fracciones de segundos y así como apareció, se esfumó. Como si no hubiera estado.

Margaret había reconocido a Berta. Presa del pánico, empieza a conspirar sobre lo ocurrido y a contar los hechos a la policía y el cómo la muerte de David, pudo estar relacionada con los celos de su mujer fallecida.

La policía del condado no creía en los casos sobrenaturales. Solo se basaba en los hechos.

-Margaret – disculpa, ¿se encuentra mejor? – le atendió el policía.

-Asintió – bebiendo un trago de agua.

-Hemos investigado sobre la señora Berta. – Silencio – La señora Berta – prosiguió el policía – falleció hace unos días. – El caso esta cerrado – Sentenció.

Margaret no creía haber oído bien. El vaso que sostenía en las manos cayó al suelo.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.