Era el 48 de la fila, ella lo sabía. Laila se encontraba de pie, esperando su turno. Había pasado unos años en prisión por participar en un motín, del cual ella no había tenido nada que ver. Se encontraba en el lugar y en el momento equivocado, cuando todo sucedió.

Ahora, tras unos duros años en prisión, se encontraba esperando ser deportada a su país. Un país, del cual no tenía recuerdo alguno. Nacida en Cuba, había llegado a España con su madre, cuando ella apenas tenía un año de edad. No tenía recuerdos vividos ni parientes en su memoria, del país a que iba ser deportada. Desconocía Cuba, sus costumbres y su cultura.

Se miró las palmas de las manos, cuya tez morena y rasgos cubanos delataban su origen. Laila a sus veinte y cinco años iba a enfrentarse a un destino desconocido. Su vida no había sido fácil. Su adolescencia fue complicada. Tras perder a su madre, recurrió al apoyo de sus amigos. Aunque estos fueran malas compañías, que la llevaran por el mal camino.

Su mente divagaba en cuánto había vivido durante estos años. Unos años de los que se arrepentía. Aunque, a lo hecho pecho. No podía volver atrás. Cerró los ojos, mientras rezaba, si es que existía un Dios que pudiera guiarla por el buen camino, si es que había alguno…O ya era demasiado tarde.

– ¡Número 48! – anunció la voz de un hombre de tez blanca y ojos cansinos, por el altavoz.
– Yo misma. – dijo Laila – mirando al hombre con sus grandes ojos verdes.
-Laila su destino; Cuba – sentenció.

Una lágrima resbalo por su rostro, al serle entregado sus pocas pertenencias, con las cuales había entrado en prisión. Su libertad era expuesta a la luz del sol, donde un avión con destino a Cuba le aguardaba.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.