Marc estaba enamorado desde hacía mucho tiempo de su compañera Catherine. Ambos trabajaban juntos en una unidad especial de criminología. A pesar de que el matrimonio de Catherine no estaba en su mejor momento, Marc nunca dejo de amarla, aunque siempre recibía una respuesta negativa por parte de ella.

Catherine veía en Marc a un compañero excelente, pero sus sentimientos no iban más allá de lo profesional. Ansiaba esperar algún día que el la comprendiera, que la entendiera, pero nunca cesó su amor por ella.

En esos momentos estaban trabajando en el misterioso caso de unos crímenes que estaban pasando, especialmente en mujeres, que habían desaparecido sin ser vistas nunca más. Había muchas especulaciones, de que tal vez, podría tratarse de una persona enloquecida o tal vez, otra posibilidad de canibalismo.

-¿Tienes un momento? – preguntó Marc – mientras se acercaba a Catherine para indicarle que tal vez tenía una nueva pista.

-Sí, dime, Marc – mirando los papeles que éste le entregaba. – ¡Oh! – exclamó jovialmente. Marc has encontrado una pista que nos puede indicar el camino a donde podría encontrarse el criminal…

-Puede ser una pista, Catherine. – ¡acompáñame esta noche a celebrarlo!. – Y mañana, podríamos estar capturándolo.

-¿A quién llamas? – pregunto, arrugando el ceño

-A mi marido. – Para decirle que no iré a cenar. Que tengo trabajo.

-Creía que tu matrimonio no estaba del todo… –

-Marc – le interrumpió – que mi matrimonio no vaya a las mil maravillas, no significa que no le informe de que esta noche no iré a casa a cenar, por temas de trabajo. Le guste o no le guste. – Y otra cosa, Marc, sin ofender, pero eso no es de tu incumbencia.

-No, no lo es – dijo en tono serio. Pero puedo decirte, que te conozco, incluso más que tu propio marido.

Finalizado el horario de trabajo, Marc le recomendó que no se encontraran en la oficina, ni que fueran con sus trajes habituales, para pasar desapercibidos y no resaltar ninguna sospecha. Catherine asintió.

Al llegar a casa, Catherine observó que su marido estaba delante del ordenador, tan concentrado. Que prefirió no mencionar nada más. Fue hacia la habitación, escogió el vestido rojo carmesí y lo tendió encima de la cama. Seguidamente, de desprendió de sus prendas de todo el día y se metió en la bañera que tenía acceso dentro de la habitación.

Mientras cerraba los ojos, dejando que el agua fluyera, rociando su piel, su cara y su larga y ondulada melena. Relajó sus músculos, tensos de un duro día de trabajo. Asió la toalla y envuelta en ella salió de la bañera. Se encaminó a arreglarse.

-¿Donde vas tan arreglada? – preguntó su marido, extrañado

-Ya te lo dije. Voy a celebrar con mi equipo de trabajo que tal vez mañana hayamos capturado al criminal. Te lo dije esta mañana por teléfono.

-Si me acuerdo. Pero no entiendo el porqué te arreglas tanto, si solo se trata de ir con compañeros del trabajo.

-Será que no lo entiendes. Mira, mejor no hablar.

-¡Espera! – Será que te gusta Marc, ¿verdad?. Dime la verdad. – la observó con ojos acusadores.

-¡Cómo! – ¡Esto es el colmo! – Te voy a ser sincera. No me gusta Marc. Solo es un compañero de trabajo, como otro cualquiera. Mis sentimientos ya no se en que dirección se han ido. Porque en estos momentos no deseo estar con nadie. Deseo estar sola.

-Espero que te haya quedado claro – terminó de decir, mientras cogía su bolso y se encaminaba hacia el lugar donde habían acordado.

Un coche azul marino se encontraba aparcado con las luces intermitentes encendidas. Catherine observó en la oscuridad de la noche que se trataba de Marc. Se encaminó hacia la puerta y entró saludando con ambos besos en las mejillas.

-¡Qué hermosa te has puesto! – exclamó Marc con una sonrisa en los labios.

-Solo es un vestido – respondió.

-¿Todo bien? – preguntó al ver el rostro tenso de Catherine.

-Si, perdona. Todo bien, como siempre. – ¿Hacía donde vamos?

-Hacía el Este. Aquí tengo la dirección.

-¿Has cenado, Catherine?  – preguntó con mucha curiosidad

-No. No me ha dado tiempo.

-No te preocupes, tengo un pequeño apartamento a las afueras y se encuentra cerca. En breve podemos llegar. Cenamos y pensamos un plan. ¿Te parece buena idea?

-¡Estupendo! – asintió

Una vez llegaron al apartamento, hizo pasar a Catherine. Constaba de una cocina americana y una pequeña pero acogedora sala comedor y una habitación y un aseo.

-Ponte cómoda. Como si estuvieras en tu casa – le indicó

-¿Quieres que te ayude a preparar la cena? – le preguntó

-¡Oh, no! – Por favor, déjame aunque sea solo esta vez que cocine para ti. – le convenció con su sonrisa

-¡De acuerdo! – me has convencido.

Una vez preparada la cena. Una suculenta carne saboreaban ambos. Catherine no salía de su asombro, el cómo Marc sabía cocinar tan bien.

-¡Esta delicioso! – No imaginaba que supieras cocinar tan bien – le alagó

-Cuando uno vive solo, aprende a hacer todas aquellas cosas para sobrevivir. – respondió, mirando sus ojos color almendra.

Terminaron de cenar en silencio. Cada uno con sus pensamientos. Una vez recogidos los platos y la mesa, Catherine aprovechó para sentarse en el sofá  ojear algunas revistas, mientras Marc le confirmaba de que salía un segundo al campo a recoger una cosa.

Después de ojear el pequeño apartamento, notó su garganta seca y decidió ir a la nevera en busca de algún refresco o vaso de agua para calmar la sed. En ese mismo instante, la vida de Catherine pasó por delante. Lo que vieron sus ojos al fondo de la nevera, hizo que su corazón se parase por fracciones de segundos, para luego volver en sí y ser consciente de que estaba sufriendo un ataque de pánico.

En bolsas de congelación y tapets, se encontraban trozos de carne, de carne humana. Estaba bajo el techo del propio caníbal que tanto tiempo había estado buscando. El caníbal era su compañero Marc. Le había tendido una trampa. Ahora comprendía su buen humor, sus ganas de celebración. Esas atenciones que de nuevo reflejaba por la mañana….

-¡Oh, no! – exclamó exaltado, Marc. – Entrando con dos cuchillos en la mano. – ¿Por qué de tantos lugares, has tenido que ir a ver dentro de la nevera?.

Marc enloquecido, zigzagueó con los cuchillos, mientras no dejaba de mirar a Catherine.

-Catherine – no he podido amarte como yo hubiera querido porque tú no has querido.

-¡Estas loco! – Eres tú el criminal. Me has tendido una trampa. – Gritos ahogados se oyeron por última vez de Catherine.

-Amor mío – Esa ha sido tu decisión. – Ahora ya te tengo. – El zigzaguear de los cuchillos fue el último sonido que se oyó dentro del apartamento.

 

 

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

2 comentarios en «Al fondo de la nevera, by Neus Sintes»
  1. Magnífico relato. Coqueteas de manera genial -genuina- con los matices del thriller: Erótico, psicológico, policiaco. Aunque sé que en lo fantástico te desenvuelves magistralmente, Neus -y es tu favorito personal-, relatos como éstos muestran tu talento. Gracias

    1. Gracias Alejandro. Intento retarme obstáculos en diferentes géneros. Aunque sí, efectivamente, no te equivocas al mencionar que el género fantástico es mi favorito.

      Con estos retos, intento ampliar diferentes géneros y aprender más 🙂