Brayan vivía bajo la soledad de un silencio sepulcral. Escondido entre la espesura de un bosque, en una cabaña abandonada. Siempre había sido un lobo solitario en la vida terrenal y ahora, lo seguía siendo en la Eternidad. Era un ser sin alma, que vagaba por este mundo, llevando consigo una maldición.

De origen Celta. Sufría de la maldición que en vida el Dios Demonio de los Celtas le echó, al descubrir que era un hijo bastardo. Brayan siempre había creído en los Dioses, en las Divinidades y sus poderes. Pero el Dios más malvado tuvo que cruzarse en su camino.

Cuando era un joven, se encontraba luchando en una batalla, cuando a punto de ver la muerte se encontraba. Los Celtas eran uno de muchos, enemigos del Imperio Romano. En ese instante, un misterioso Dios, surgido de la nada, le ofreció la Eternidad. Brayan la aceptó, pensando en sobrevivir y en que tal vez, de esta forma la maldición desapareciera de su vida. Pero no fue así. A día de hoy, han pasado muchísimos años y la maldición aún le persigue.

No sabe que es poder amar y ser amado, sin ver el sufrimiento y el dolor en los rostros de las personas que a amado durante el transcurso de su vida. Viendo con sus propios ojos cómo durante todo este tiempo habían ido pereciendo por el camino, dejando un vacío en él, que lo había conducido a la soledad más infinita.

En su espalda tatuado lleva el símbolo «Dos Triskeles». De origen celta, significa Amor Eterno. Esta formado por dos triskeles. Cada uno de los triskeles tiene tres nudos (tres puntas) denotan los tres aspectos de una persona. Cuerpo, mente y alma.

Los dos triskeles unidos juntos, demuestran un círculo. El círculo representa a dos personas, unidas en cuerpo, mente y alma y en en el Amor Eterno.

Únicamente la maldición se romperá cuando encuentre a su otra mitad. La esperanza es lo último que se pierde, pero a estas alturas, ha vagado por todos los rincones y sitios más escondidos y no la hallado. Seguramente está en algún lugar. No le cabe duda, pero donde, todavía está por descubrir.

En la otra punta de la ciudad, vive una artista llamada Lesly, de tez blanca y cabellos castaños, joven y risueña que tras estudiar Arte, dedica su labor a la creación de cuencos de cerámica. Es conocida por muchos de su entorno, como una gran artista. Sus cuencos son los mas vendidos en el barrio donde reside. Cuando trabaja, lo hace con pasión, acariciando con la yema de sus finos dedos la cerámica, con suma delicadeza y suavidad, hasta crear el más perfecto de los cuencos o jarrones posibles.

Tenía una profunda inspiración en pintar sobre ellos, iconos o dibujos antiguos de distintas culturas. Cualidad que hacía que por ello fueran mas vistosos a la vista y más creativos.

-¡Lesly, qué cuenco más bonito! – Exclamó una de sus amigas más cercanas.

-Gracias – respondió – No están llamativo como los demás, pero a veces la sencillez destaca de los dibujos demasiado amontonados entre sí.

-Te ha quedado muy bonito. Sencillo y bonito.

-Todavía le falta secar la pintura y estará completamente listo. Además, también sirve de cuenco incensario – respondió Lesly, con una sonrisa en los labios.

-¡Nos vemos pronto! – se despidieron ambas amigas, con un beso en la mejilla.

Lesly se quedó un rato más en la tienda, mientras observaba el resultado de su nueva creación. Se trataba de un cuenco ovalado, pintado de blanco ocre y bordes dorados arriba y abajo. En medio un símbolo que desconocía, pero que sabía por su origen que era celta.

Brayan había llegado hasta la otra punta de la ciudad, en uno de los barrios que nunca se había parado a frecuentar. Apoyado en una farola, contemplaba un atardecer que dentro de una hora se aproximaría, las nubes habían empezado a moverse y el sol detrás de ellas. La llegada de la noche iba dar lugar dentro de pocas horas.

Mientras, Lesly se prepara para cerrar la tienda, su mirada color esmeralda, percibe la presencia del joven, que apoyado en la farola se encuentra. Un aire impregna el ambiente, mientras ve como Brayan se dirige en la dirección donde se encuentra ella.

-¡Hola! – ¿Deseas alguna cosa? – estaba a punto de cerrar, pero puedes pasar, si lo deseas – le responde.

-Hola… – soy nuevo por el barrio. Estaba de paso, cuando me ha sorprendido la cantidad de cuencos que tienes.

-¿Te gustan? – preguntó Lesly

-Sí. Son muy originales. ¿Son hechos por ti? – preguntó asombrado.

-Si. Todos ellos. Este último por ejemplo lo he creado esta tarde.

Entonces, sus ojos se encuentran con el recién cuenco que Lesly había creado y Brayan percibe una oleada de sentimientos guardados en su interior. Sus emociones cobran vida y de su tatuaje en la espalda empieza un brillo a percibir, a la vez que el cuenco incensario empieza a brillar.

Intenta acercarse un poco más al cuenco y mirando a Lesly, ve el símbolo. El mismo que lleva tatuado.

-¿Que ocurre? – pregunta Lesly – asustada.

-No estoy seguro del todo, aunque tal vez te pueda dar una respuesta – le respondió, mirando a los ojos.

Las emociones y sentimientos retenidos, salían a la luz. De su cuerpo se apoderó un calor. Lesly fue a por agua, mientras veía cómo Brayan se quitaba la camiseta, viendo con sus propios ojos el mismo símbolo que ella había dibujado en el cuenco.

-¿Que significa? – preguntó, sin dejar de mirar el símbolo.

-«Dos Triskeles» – es una historia larga. Me llamo Brayan. Y puede que tú seas mi salvación…

-Lesly – Mi nombre es Lesly – dijo abrumada. Sin comprender.

Brayan se arrodilló delante del cuenco, sin dejar de mirarlo, como si estuviera rezando. Absorto en sus pensamientos, cerró los ojos y un silencio se produjo en la estancia. Acarició el cuenco con cuidado, mientras de sus labios surgieron palabras en su idioma celta, que Lesly fue  incapaz de comprender.

Transcurridos unos minutos, la voz de una Diosa retumbó en la habitación. Lesly apenas podía creer lo que estaba sucediendo, aún así sentía en su interior un sentimiento que había reprimido desde hacía años. Empezó a volver a sentir, aún sin saber quien era el joven que estaba allí postrado, como su corazón volvía a latir de nuevo.

-Soy la Diosa Aine – Diosa del amor y de las fuerzas de la naturaleza. – ¿Quién me ha invocado?

-Soy Brayan. Te he hecho llamar, Diosa Aine. Creo haber encontrar a quién pueda librarme de mi maldición. – habló a la Diosa, mirando a Lesly.

-¡Oh, Brayan.! – Sí, te recuerdo… – Por todos los Dioses, me alegro saber de ti y que me invoques. Nunca es tarde. – ¿Deseo saber quien es el creador o la creadora de este cuenco? – preguntó la Diosa Aine.

-He sido yo – se adelantó a hablar Lesly.

-¡Acércate! – No te asustes. No tienes nada que temer. Al contrario.

-¡Por favor, Diosa Aine! – Líbrame de esta maldición que llevo arrastrando.

-Ahora sí podré liberarte, Brayan. Has encontrado la chica que has estado esperando durante toda esta eternidad. Ella es tu salvación. La creadora de los «Dos triskeles», será la que te libere – así escrito está.

-¿maldición? – preguntó Lesly, sin comprender

-Brayan es un ser sin alma. Aceptó la inmortalidad, creyendo que se libraría de la maldición que en vida un Dios malvado le echo, por ser un hijo bastardo. Sus tiempos, se remontan a siglos atrás en el tiempo. Ha estado buscando su compañera durante todo este tiempo que tuviera relación con los «Dos triskeles», ya que significa amor eterno.

-Ahora empiezo a comprender… – respondió sorprendida.

-Diosa Aine – ¿Podemos romper la maldición?. – preguntó Brayan

-Solo hay una manera. Que Lesly permanezca a tu lado para siempre. Es la única manera forma en que te pueda librar de la maldición

-¿A cambio de…? – preguntó Brayan, preocupado por la respuesta

-A cambio de su alma. – respondió mirando a Lesly.

Brayan se cubrió la cara con ambas manos, sabiendo que Lesly no aceptaría tal cosa. Su maldición le llevaría siglos y siglos de soledad.

-Lesly, ¿Aceptas unirte en alma y cuerpo? – junto con el amor eterno que simboliza los «Dos triskeles» – solo tú puedes deshacer la maldición. Que la soledad deje de ser vuestra sombra.

Hubo un momento de silencio y de tensión. Hasta que por fin, Lesly respondió.

-Acepto. No tengo nada ni nadie que me espere. – respondió finalmente mirando a la Diosa y luego a Brayan.

-En este caso, os uno en alma y cuerpos. Abandonad el sufrimiento y la soledad de vuestras vidas. Tenéis el poder de «Dos triskeles».

La habitación regresó a la normalidad y ambos se sintieron atraídos el uno al otro. Sintiendo la necesidad de conocerse y llegar a amarse. Los sentimientos que habían tenido retenidos en vida, poco a poco salían a la luz. Ya no volverían a sufrir, ya no volverían a saber de la soledad.

 

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.