Llevaba observando a aquel chico vestido de cuero negro, que no dejaba de atraerme. Hacía una semana que vagaba por las calles de la ciudad. Jamás lo había visto por la zona.

Vestía con su cazadora negra, desabrochada, dejando ver una camiseta del mismo color que le marcaba todos sus pectorales. En su mano, unos largos y finos dedos, sostenían un cigarrillo. Su tez era blanca, en contraste con el negro de su vestimenta.

Se le veía una persona excéntrica, creativa, rebelde, indiferente. Situado al margen de las convenciones sociales. Liberal y sin ataduras.

Interesado en el cultivo del alma a través del arte. Tanto de la pintura, literatura y de la música.

En muchas ocasiones, se paraba a contemplar los diseños de los grafitis que en las paredes del barrio, los chavales habían dibujado. Las calles se habían convertido en todo un espectáculo para la vista. Por cada calle se podían apreciar grafitis hecho por artistas, recreados en un mundo liberal en el que a través del arte, se reflejaban sus sentimientos.

Por otro lado, estaban los los músicos callejeros, que con su música daban vida a las calles más desiertas. Por último, se podían encontrar bares donde se reunían los eruditos o amantes de los libros. Haciendo reuniones por las tardes, para exponer sus poemas o escritos. Dando vida a los versos y luz a la mente creativa. Mientras de fondo, el pianista tocaba melodías para que el ambiente en el bar fuera mas íntimo.

Conocía cada detalle, cada rincón de las calles de la ciudad donde residía. Podía adivinar quien era quien, con solo mirarle. La atracción hacia ese desconocido, me atraía más la curiosidad por saber. No parecía artista, ni músico, ni mucho menos escritor. Tenía otro aire, una aura muy distinta emanaba de su ser.

Sentada en la terraza del bar, todavía le daba vueltas a la cucharita del café, ¿Cómo podía ser que me atraía tanto? – No podía quitarle la vista de encima.

Sus ojos grisáceos se cruzaron con los míos. Me levanté de la silla e hipnotizada por su belleza varonil, me encaminé, hacía donde se encontraba.

Frente a frente, sin dejar de mirarnos. Me levantó ligeramente la barbilla, con sus largos y finos dedos,

-¿Quién eres? – me preguntó

-Anaís, – respondí. –

-Sé que te preguntas quién soy y de donde vengo – me dijo con una media sonrisa en los labios.

-Me has leído el pensamiento – le dije frunciendo el ceño, pensativa.

-Mi nombre es Dann y soy de todas partes. – Soy inmortal. Tu podrías serlo, si te vinieras conmigo.

Un silencio se apoderó de mi cuerpo, aunque la atracción seguía en aumento. Nuestros rostros se acercaron y sin más, nuestros labios se rozaron, dando paso a un apasionado beso. Mientras, que con la otra mano, me sujetaba de la cintura y envolviendo en su capa me llevó a un mundo paralelo al mío. No sabría explicar en qué dimensión me encontraba. Solo que la pasión pudo más y el deseo de estar con el, inmortal o no. No importaba. Lo deseaba, como el a mí. Formaba parte del destino.

 

 

 

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.