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El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

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Mente de un suicida, by Neus Sintes

Porsuenminoe

Ene 23, 2021

Selena, albergaba en su interior el anhelo de que cada día que transcurría era un día menos de su existencia sobre la faz de la Tierra. Nada la ataba en la vida. Más que una soledad y una tristeza, que hacía que sus días fueran los últimos.

Habían transcurrido dos años de agonía constante tras la trágica muerte de su novio, en un accidente de moto. Mientras en su vientre llevaba al hijo de ambos. Su mundo se había derrumbado, sin saber que más adelante, la vida le daría otro golpe, mucho más duro; la muerte de su hijo, que nació sin vida.

Muerta en vida, deambulaba por las calles desiertas, sin rumbo. Se la veía andar con la mirada vacía y sin ganas de vivir. Hacía tiempo que había dejado este mundo. Su mundo, su vida, eran las dos personas que tanto había amado y que tan pronto se habían ido de su lado, de la forma más trágica. La más dolorosa, la de su hijo.

Vivía desde entonces lejos de la civilización. A las afueras; en las montañas. Las pastillas recetadas por el médico era lo único que la mantenían con vida, ya que prácticamente la tenían sedada y medio adormecida durante todo el día. Las noches eran un tormento constante, las pesadillas venían a visitarla, arrastrándola a una agonía constante.

Esa noche, presenciaba que iba a ser distinta. El viento aullaba, como lobo enfurecido, mientras se podían oír estruendosamente a los relámpagos tronar. A Selena no le importaba. Agradecía el ruido propio de la tormenta, a tener que estar bajo los efectos del silencio de la noche. Su mayor tormento.

Esa noche comprendió que sería su última noche. No le temía a la muerte; es más, la deseaba. La había ansiado desde el fallecimiento de su novio y el de su hijo, que fue la gota que colmó el agua. Había seguido luchando, en vano. Sin ganas por vivir. Ansiando el momento adecuado. Esa noche, era una señal, que junto con la gran tormenta que estaba acechando, la instaba a seguir adelante.

Selena quería vivir, pero no esta vida. Ya estaba cansada, muy cansada. No más sufrimientos, no más llantos por no poder estar con los suyos. Decidida salió en busca de su felicidad, anhelando el poder estar con los que había perdido por el camino de la vida en la Tierra. Deseando con todas sus fuerzas, llegar a ellos. Reunirse con ellos, de nuevo. Ser la familia que en la Tierra no pudieron ser. Echó por la cadena del váter todos los medicamentos que de día la mantenían incapacitada y alisándose el pelo con ambas manos, sin mirar atrás, abrió la puerta, recibiendo una oleada de viento y lluvia que fue arrastrándola cerca del acantilado.

Con apenas su blusón blanco de dormir y un frío invernal, quería despedirse cuanto antes mejor de esta vida que tan mal la había tratado. Se hallaba en el borde el acantilado, su lacia melena le cubría el rostro. De espaldas al acantilado, le ofreció la espalda a la vida, para caer en manos de la muerte. A sabiendas, que allí sí podría reencontrarse con los suyos.

 

 

suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.