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El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

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La casa de «Los Madisons», by Neus Sintes

Porsuenminoe

Dic 26, 2020

Nuestros hogares están repletos de pequeños ruidos. Para algunos son solamente elementos del día a día, para otros son objetos de misterio.

Nuestra casa es un pequeño templo donde descansar y disfrutar de momentos de intimidad y con nuestros seres queridos. Un lugar de paz y descanso. Sin embargo, en ocasiones esa tranquilidad se puede ver perturbada por pequeños ruidos. Especialmente por la noche, cuando cualquier crujido destaca en el silencio reinante.

Los veo entrar por la puerta de la casa, con aire señorial. En apariencia, son el típico matrimonio que uno cuando los ve, parecen ser la pareja perfecta; que están hechos el uno para el otro. Pero lo que nadie se imagina es lo que yo puedo observar y lo que las paredes pueden escuchar.

Dentro de la fachada de marido y mujer perfectos, en ellos no hay amor; sino conveniencia. Alison, una mujer de aspecto glamurosa y siempre bien vestida. Señora de su casa pero a la que no es capaz de quitar ni el polvo. Para eso tenían a Catherina; la sirvienta y ama de llaves. El marido, Henrich, hombre de negocios. Eran muchas las ocasiones en las que por motivos de trabajo, se ausentaba o llegaba a altas horas de la noche.

Se hacen llamar la familia Madisons. Un nombre poco común, sobre todo por estos lares. Me pregunto porqué les llamó la atención este adosado de la esquina, compuesto por dos pisos y cuya fachada habían pintado recientemente de blanco, para dar más expresión de grandeza y de esta manera poder venderla, para ser habitada por unos extraños, unos desconocidos; Los Madisons.

Lo que no saben es que sus vidas pueden dar un giro de 80 grados. No saben sobre que baldosas caminan. Cuelgan de las paredes algunos marcos familiares y otros de paisajes. Sus hijos, ambos ya unos adolescentes, Dylan y Leslie, entre trece y catorce años de edad, no paran de hacer escándalo.

No saben en qué casa han entrado a vivir. Creen haber encontrado la paz y la tranquilidad que tanto ansiaban en un hogar, aislados de la civilización. Sumergidos en el silencio y la calma. Pero lo que no saben es que éste no puede ser su hogar, ni el de nadie. Detrás del jardín, hay un pozo que da paso a un camino que conduce a un umbral lleno de matorrales. Es un camino peligroso, del cual muchos de los que han habitado esta casa, no han dudado en traspasar, impregnados por su belleza. Sin saber que nadie había regresado. Quien traspasa el umbral, no tiene retorno. Los Madisons no saben de su existencia, todavía.

Pronto la calma se convertirá en su mayor tormento. El silencio, en uno de sus mayores miedos. Cualquier insignificante ruido, en la noche oscura, en sus pesadillas.

Como alma errante que vaga por cada rincón de esta casa, que en su día fue mi hogar. Mi único hogar. En el crecí y en el fallecí; pero mi alma sobrevivió a la luz del umbral, el cual no quiero traspasar. Así como muchos otros pasaron al otro lado, vieron la luz y con ella se marcharon. Yo permanecí, solitario, intacto en mi morada. Morada de la cual he ahuyentado a los que más tarde vinieron a vivir en ella. Al igual que hice con los demás, alejaré de mi vida a los Madisons. Nadie debe pisar este suelo, jamás.

Mi intención no es hacerles daño alguno, sino ahuyentarlos. Alejarlos de aquí. Así como vinieron, deben marchar.

suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.