Iris iba explorando cada recodo del lugar, cautivada por un hábitat muy distinto del que provenía y que por primera vez tuvo la oportunidad de viajar, junto con un grupo de turistas, que como ella, habían viajado con la misma finalidad; ver el Sáhara. En el viaje grupal, Iris se iba envolviendo a cada paso, de su magia y de su profunda belleza, sin perder detalle de las palabras que el guía les iba explicando. Se encontraba rodeada de inmensas dunas de arena. Aunque, a veces los viajes toman caminos no trazados, sin saber hacía dónde nos conducirán.

El sol del Sáhara empezaba a cambiar, dando paso a un cambio de temperatura mucho más fresco. Tan solo hacía falta mirar como las tonalidades del cielo iban cambiando. Sus ojos contemplaron, por vez primera, todas los colores reflejados en el cielo, desde las tonalidades del amarillo, pasando por el ocre, luego naranjas intensos y dejando finalmente tonalidades de azul, que se convertirían en noche.

Un largo día había finalizado para el grupo. Antes de cerrar los ojos, Iris recordó todo lo vivido y una extraña sensación pudo percibir; la sensación de liberación. Como si el Sáhara la hubiera despojado de las cargas que llevaba dentro de sí. Sus ojos se cerraron, soñando en todo lo vivido, desde las verdes palmeras, la carretera, el vehículo y hasta con la sensación de calor. – una voz en su interior la hizo despertar: «Sólo sentirás el desierto cuando seas parte de este entorno y compartas con su gente un té y su forma peculiar de vida.»

Se frotó os ojos cuando se percató de que las estrellas se habían ido, dando lugar a un sol radiante y extremadamente caliente. Observó a su alrededor y comprobó que se había dormido. La habían abandonado, se habían marchado todos, sin avisarla. Cada uno había recogido sus pertenencias, Estaba sola en medio de la nada.

Lyan, un tuareg que andaba cerca la encontró. El sol le había provocado varias quemaduras y decidió llevarla a su poblado, donde la curó de sus quemaduras y encontró a su lado la felicidad.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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