Relatos

La eternidad posee el color burdeos, by Neus Sintes

Habían transcurrido unos años en busca del Elixir de la vida, el de la Eterna Juventud. Su búsqueda llegaba a su fin. Después de viajar por todo el mundo y ver lo inimaginable, arrodillado tras el cansancio acumulado y sediento de sed…Levantó la vista, aún nublada por las gotas de sudor que caían de su frente y ante sus ojos, contempló el paisaje que le envolvía. Había escalado una montaña que creía imposible.

A sus espaldas una puerta de piedra maciza marrón se hallaba cubierta del musgo verde y un cartel amarillento y roído por el tiempo, cuyas palabras escritas en una caligrafía de un rojo intenso decían: “Si Abres esta puerta, tu camino será seguir la vida eterna.”

Leyó de nuevo esa frase intentando entender lo que quería significar. Siempre se le habían dado mal los acertijos. Éste ere uno de ellos. Apoyó la mano sobre la gruesa puerta y entró con cautela.

Sus ojos contemplaron con asombro una vez adentro con un cierto cosquilleo en el cuerpo, preguntándose si debía o no regresar a cada paso que daba.

-Demasiado tarde. – Una voz de mujer resonó en la estancia, mientras a sus espaldas oyó cómo un golpe de aire cerraba la puerta. Se hallaba solo, dentro de una cueva de la cual no sabía cómo salir.

-¿Quién eres? – pregunto – sin hallar una respuesta. El miedo empezó a surgir de sus entrañas, cuando en la oscuridad de ésta, unos diminutos ojos le observaban en silencio.

El iris azul de sus ojos se fueron adaptando lentamente a la oscuridad. Aquellas paredes de un intenso negro le daban pavor. Era una cueva demasiado tétrica.

Una destello “burdeos” llamó su atención al final del pasillo. A medida que se acercaba, éste brillaba con mas intensidad. Tuvo que parpadear varias veces para averiguar que no era un sueño ni ninguna alucinación. La oscuridad de las paredes de la cueva habían dado paso a ser de un rojo burdeos donde captó a sus lados a pequeños murciélagos que lo miraban con curiosidad.

En medio de la estancia una mujer misteriosa se hallaba sentada, sosteniendo en una de sus manos una copa. El contorno dorado de la copa, rellena de un líquido morado, parecido al del vino, hizo relamerse sus labios sedientos. – ¿Era o no era el Elixir de la vida.?

-Bienvenido. Mi nombre es Arcadia – le susurró.

Arcadia se encontraba sentada en un sofá color burdeos, ataviada con un sugerente y ceñido vestido corto que le llegaba hasta las nalgas. Sus labios color carmesí hechizaban a probar de la copa que sostenía en una de sus manos.

De penetrante mirada, observaba a quien había tenido la osadía y el coraje de atreverse a entrar en su morada.

-Soy la Diosa de este templo o mejor dicho del Elixir de la Vida Eterna. Son muy pocos los que han podido y sabido llegar hasta aquí. Tú eres uno de ellos. La inmortalidad es tuya, si la deseas.

Dejó la copa a un lado y se levantó lentamente dirigiéndose a donde se hallaba el hombre cuyas facciones varoniles le resultaban atractivas.

-¿Cúal es tu nombre? – le preguntó mientras le rodeaba como serpiente que no quiere soltar a su presa.

-Dany – respondió

-Has sido muy valiente de entrar en territorio prohibido, ¿lo sabías? – le dijo Arcadia – dirigiéndole una mirada que le dejó helado.

-Lo sé. – Pero no me arrepiento de ello. He viajado por todo el mundo en busca de.. – dejo la frase a medias.

-De la Eternidad, ¿verdad? – le respondió Arcadia – con una sonrisa de confidencialidad.

-Pero cómo…

Arcadia le silencio sellando sus labios con una de sus uñas rojas. Haciendo ademán de que la siguiera

-Toma asiento – le dijo Arcadia mientras ésta seguía en pie, mirando hacia la ventana.

-Con el tiempo he ido aprendiendo muchas cosas y la Eternidad es una de ellas. – le miro de soslayo. – Prosiguió – Todos deseamos alcanzarla y todos deseamos encontrarla. Lo que uno no sabe es que cuando la encuentra y la tiene en su poder es dueño del tiempo infinito. Puedes pasarte años en busca de ella, pero cuando ya lo has hecho, todo tiene consecuencias.

Su figura esbelta cuyos cabellos ondulados caían hasta su espalda la hacían una mujer misteriosa. Era joven, de ojos vivaces pero con una mentalidad demasiado para la edad que debía tener…De pronto, se acercó a Dany que no había dejado de escucharla

-¿Ves esa copa? – indicando la que hacía poco que había dejado sobre la mesita.

-Sí, la veo. ¿Me estas insinuando que es la copa que posee el don de la Eternidad? – preguntó

-Afirmativo. Lo es. Si bebes de ella tendrás todo la Eternidad. Habrás sido el primero en muchos años, siglos tal vez a quien yo se la ofrezco.

-Pero antes de decidirte a hacerlo y sé que lo deseas con ansias debe saber algo. – Prosiguió – Poseerás la misma juventud de la que tienes ahora, no envejecerás, pero tampoco podrás volver atrás. Una vez que bebas de ella seras lobo solitario, como yo tuve que serlo, y sigo siéndolo. Tampoco podrás alimentarte de nada más de lo que no sea sangre.

Llevo demasiado tiempo para no beber de ella… – tal vez demasiado – dijo mientras miraba la copa y a Arcadia. Lo tengo más que decidido.

Sostuvo la copa con ambas manos y bebió de ella con ansia. No sabía a vino…Su sabor era muy parecido a la sangre…Al terminar de beber, su piel empezó a volverse pálida, se tocó los labios y éstos estaban fríos como el hielo. Unos pequeños colmillos crecían en su boca.

Arcadia esperó unos minutos a su reacción y tras su transformación. Se sentó a su lado y cuando miro sus ojos. Éstos deseaban beber más. Arcadia se acercó un poco más ofreciendo a Dany su cuello. Un largo y fino hilo de sangre surcó de él al primer mordisco. El sofá color burdeos se entremezcló con el color de la sangre apasionada de ambos lobos solitarios.

Arcadia se liberó de sus vestimentas como un soplo de aire hubiera agitado el ambiente. Su cuerpo parecía la de una escultura pulida en contraste con su piel blanca y firme. De pechos firmes y exuberantes junto a un Dany convertido y ansiado de sed. Estaban ligados a compartir sus cuerpos y el secreto de todo la Eternidad.

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