Relatos

La llamada hacía un pasado desconocido, by Neus Sintes

Esa noche, Rubén se encontraba organizando su espacio de trabajo, mientras pensaba en qué escribir para sus lectores en sus próximas publicaciones. Rubén, se había convertido escritor independiente desde que su mujer le abandonó, después de tres años de matrimonio.

A partir de entonces su forma de vida era la escritura. Con su taza de café al lado y una libreta siempre a su lado para sus ideas. La soledad formaba parte de él, pero también el silencio de la noche le ayudaba a reflexionar sobre la vida y de la forma radical que había dado. Para bien o para mal, ahora se encontraba bien; tranquilo.

De entre todas las cosas que fue organizando apareció una caja de madera antigua que en su interior se encontraba un bolígrafo de punta fina, como los que a él le gustaba utilizar. Recordó que había heredado esa caja de su abuelo paterno. Al coger el bolígrafo, un resplandor apareció en él. El bolígrafo resplandeció ante sus ojos por fracciones de segundos, invitándole a que escribiera con él.

Recordó hace años que su abuelo lo compró en una antigua tienda de antigüedades sin saber que contenía un misterio que pasaría a su nieto; el sería digno de él cuando falleciera. En sus manos sostenía el peculiar bolígrafo de punta fina.

Cuando Rubén comenzó a escribir, algo extraño le ocurrió: El bolígrafo no transcribía lo que él estaba pensando…El bolígrafo empezó a trazar las formas de las letras con parsimonia y elegancia, dejando que fluyeran palabras de una historia que empezó a narrar, sin que Rubén fuera partícipe de ella. El no estaba escribiendo esas palabras.

En mi memoria habitan gratos recuerdos de mi infancia en Menorca; en Mahón. La segunda isla más grande del archipiélago de las Baleares y una joya del Mediterráneo Occidental. Un paraíso repleto de playas de arena blanca,  bañada por aguas cristalinas color turquesa que resalta aún más si cabe, gracias al color verde de los bosques frondosos de la isla. Donde pasé mi infancia y parte de mi adolescencia. ¡Qué gratos recuerdos!.

Rubén, te voy a contar la leyenda de las Coves d’en Xoroi y lo que significaron para mí. Cuenta la leyenda que hace tiempo un hombre, no se sabe muy bien si fue un corsario abandonado por los suyos o un superviviente de un naufragio, llegó a la cueva. Se instaló en la Cova d’en Xoroi trepanda por los acantilados para salvarse y allí se quedó.

Para sobrevivir robaba a la población más cercana alimentos pero pasaba desapercibido, hasta que un día vió a una chica y se enamoró de ella locamente. No podía parar de pensar en ella.. Y el día que la joven se casaba él la raptó y la llevó a su cueva.

Pasaron días, meses y años sin que nadie supiera dónde estaba, sin que nadie supiera quién se había llevado a la joven de Alaior. Pero en la cueva no era la chica raptada era una chica enamorada de aquel chico que la secuestró. Tuvieron hijos y formaron una pequeña familia pero siempre escondidos en la cueva.

Y un día de invierno después de la gran nevada salió a buscar comida pero esta vez no llegó solo el a la cueva, las pisadas en la nieve condujeron al pueblo a la cueva y allí encontraron a la familia. Al verse acorralados, el joven y su hijo mayor saltaron por el acantilado, pero la mujer y el resto de sus hijos fueron trasladados a la ciudad.

¿Por qué te cuento la leyenda de las Coves d’en Xoroi?. Porque ésa leyenda me recuerda a mí. No es que yo fuera un corsario, ni raptara a una joven de la que luego me enamorara, como cuenta la leyenda.

Las hojas del de la libreta que tenía delante fueron girando, como si una brisa las hubiera removido y el bolígrafo siguió escribiendo. Mientras los ojos de Rubén iban leyendo lo que éste escribía.

En esas cuevas, conocí a mi primer amor, cuando paseaba solitario por las cuevas, admirando su belleza. Una belleza sin igual, situada en un acantilado, junto con sus diversas terrazas y mas bellos miradores de gran altura. De día puedes contemplar la puesta de sol y contemplar la belleza jamás vista. Cuando llega la noche las Coves d’en Xoroi se convierte en un bar musical y discoteca nocturna.

Fue en una puesta de sol donde vi por primera vez a la mujer que hechizó mi corazón. Paseaba ensimismada, contemplando cada detalle de las Coves d’en Xoroi, cuando su mirada se cruzó con la mía. Recuerdo, cómo nuestras miradas dejaron de pestañear. No sé describir si fue un amor a primera vista, un flechazo que Cupido nos transmitió o simplemente porque tenía que suceder. Llegué a la conclusión de que nuestro romance tenía que existir.

Sara y yo teníamos mucho en común. Ella, bella a mis ojos tanto por dentro como por fuera. Una muchacha de cabellos lacios y dorados y ojos castaños y siempre con una sonrisa en los labios. Amante de la naturaleza y de carácter sencillo. Era el estilo de mujer con la que deseaba compartir mi vida. A raíz de ese día empezamos a salir. Compartimos muy buenos momentos juntos. Momentos de pasión enfermiza y otros de complicidad y risas.

Pero la vida siempre nos sorprende y la mala suerte se cruzó en nuestro camino. Me tuve que trasladar a Mallorca por motivos laborales de mis padres. Tuve que abandonar, sin quererlo al amor de mi vida. Nuestros corazones se hicieron pedazos. Pero de esos pedazos yo siempre guardé un trozo en mi interior. Nunca la olvidé.

De la adolescencia a la madurez. Pasaron los años y tuve que rehacer mi vida. Formé una familia. Me llegué a casar con una mujer; tu abuela. Pero no fue un matrimonio dulce, en el buen sentido. Con el tiempo, nuestras hijas crecieron y lo hicieron casándose con hombres ricos. Con lo que aumentaron las ganas de alardear. Terminé con un divorcio.

No podía vivir en una mentira. En un mundo donde todo era dinero, joyas. Era de la única conversación que se mantenía con mi mujer. Siempre se hablaba de lo mismo. Decisión que terminó con mi matrimonio. El había amor se había esfumado tiempo atrás…

Estuve viviendo de alquiler en una habitación cuando la vida me volvió a sorprender. Mientras estaba tomando un café y reflexionando sobre mi vida, mis ojos se posaron a contemplar a través de los cristales del bar a una mujer de cabellos dorados que paseaba con su hijo a su lado. Creí que me desmayaría o que me había vuelto loco cuando reconocí en ella a Sara. Era ella.

Se detuvo en medio de la calle y una lágrima derramó de sus mejillas al verme. Decidí dejarlo todo y emprender una nueva vida que me fue robada. Partí con mi primer amor que conocí en las Covas de Xoroi. Nunca es tarde para recuperar un amor perdido.

A veces en esta vida hemos de tomar decisiones difíciles y complicadas, pero las más sensatas son las que te dicta el corazón. Ten presente mis palabras.

Esta historia también forma de ti. De tus raíces. Tu heredaste el don de la escritura y a ti y a ningún otro de mis nietos podría ir a parar la existencia de lo que te he contado. Solo tú puedes entenderlo. La magia de las palabras y el significado de éstas fluye por tus venas.

Tu abuelo Jaime.

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