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El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

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Más allá del pantano, by Neus Sintes

Porsuenminoe

Jun 21, 2020

Mi nombre es Selvy y el que está junto a mi es Lucius, mi amigo y compañero de juegos. Aunque todos los de mi familia niegan de su existencia. Dicen que son imaginaciones mías; que no existe por el mero hecho de que ellos no lo ven. Mi madre comenta que si es que no estoy loco es que se trata del amigo invisible del que algunos niños se inventan.

Tengo siete años y puedo decir que Lucius sí existe; es mi doble. Mi madre me tuvo de muy joven. Una fanática de la música; que toca en una banda. Se dedica más a su música que a mí. Desconozco el paradero de mi padre. Por ese motivo vivimos bajo el techo de mis abuelos.

Se trata de una gran casa compuesta por varias habitaciones. Nosotros habitamos las habitaciones de la primera planta de la casa. La segunda y tercera planta esta compuesta por otras habitaciones con sus respectivos aseos, donde hospedamos a los huéspedes, que suelen frecuentarla. La casa de mis abuelos ha sido desde varias generaciones atrás una gran posada. Por ello, el que mi madre falte en mi vida, al menos tengo la compañía de mi familia y les ayudo en guiar y enseñar la posada junto a mi tía Margaret a los turistas que se acercan a pasar el fin de semana o algunos días en ella.

También cabe destacar que la posada de mi familia es frecuentada frecuentemente por las leyendas que se van contando de generación en generación donde se narran leyendas de personas de nuestra familia, en especial, que han visto fantasmas de antepasados o que en algún momento han visto o han creído ver por breves fracciones de alguna aparición espontánea.

Pero Lucius es real. Mis ojos lo ven. Yo lo siento como si formara parte de mí. Como si fuera mi doble, por no decir de que así és. Pocas son las ocasiones en que les habló de él, aunque observo a mi abuelo con aire pensativo cuando me ve jugar o acariciar a Lucius, cuando realmente estoy acariciando el aire; la nada a ojos de los demás. Mi tía Margaret y yo tenemos una gran amistad. Siempre me ha ayudado en cualquier cosa.

-Ven un momento, Selvy – me llamó tía Margaret

-¿Deseas algo? – pregunté

-Pronto volveré a irme de viaje y estaré ausente. – Sé que a veces te pregunto por Lucius ¿está aquí ahora contigo?

-Sí, tía Margaret. Ahora mismo sí. Bajo su forma transparente pero visible. – respondí

-¿Te encuentras bien con él? – preguntó

-Asentí.

-Llegará un día en que crecerás y dejarás de necesitar de su compañía Selvy – me dijo con su voz melodiosa. – Prosiguiendo – Si algún día te sintieras incómodo o no te hiciera feliz, tan solo tienes que llamarme.

-Tía Margaret, ¿Tu le ves? – le pregunté.

-En alguna ocasión sí le vi. Hace muchos años. Y creo que tu abuelo también, aunque lo niegue.

-En mi ausencia Lucius, protege a Selvy de cualquier mal. No le hagas daño y sé bueno con él, ¿de acuerdo? – le dijo tía Margaret a Lucius.

-Las historias que se cuentan a los huéspedes de que se han visto fantasmas ¿son ciertas?, o es para dar protagonismo al ambiente. – dije frunciendo el ceño con interés.

-Selvy, son ambas cosas. Provenimos de una familia en el que los fantasmas son almas errantes y que en ocasiones se nos han representado o aparecido. Cuando seas mayor aprenderás que todo fantasma es un alma errante que vaga en busca de calma y sosiego. Si un alma no haya su paz, vagará errante, perdida., por el resto de la eternidad..Se nos representa a algunas personas. No a todas. Por ejemplo sé que a tu madre no se le ha representado ninguna. Basta con verla. Concentrada en su música.

Yo siempre he pensado que es porque quieren decirnos algo; el qué no lo sé. Son espíritus con un alma errante, que vagan por la posada y que nosotros somos afortunados o no de verlos.

La vida en la posada siguió igual pero yo fui creciendo. Terminé mis estudios. Lucius se mantuvo a mi lado pero ya no era igual. A veces se enojaba, pues seguía manteniendo la mentalidad de un niño de 7 años, cuando yo ya tenía mis 17 años. Compartíamos menos cosas. Los juegos de niños a los que el quería que yo jugara ya no eran de mi interés. Él se daba cuenta, por ello a veces se mantenía alejado, invisible, dejando a solas con mi intimidad, hasta que volvía a necesitar de mí o yo pensaba en él.

Un día decidí ir con la piragua por el pantano que de niño me tenían prohibido pasar. Pero ya no era ningún niño. Así que la piragua me adentré en las tenebrosas aguas del pantano. Era un día nublado y Lucius me tiraba de la camiseta en ademán de decirme que no fuera. Él no quería ir. Tenía miedo. Me decía con sus gestos que era peligroso. Pero yo no le hice caso y seguí adentrándome hasta que una niebla se cruzó en nuestro camino cubriéndolo todo de gris.

Permanecimos cubiertos bajo la niebla sin ver demasiado bien. Fui con cuidado a no perder ningún remo y mantener la calma. Me estaba alejando del pantano. Desconocía el terreno de las aguas por las que me estaba adentrando. El nerviosismo de Lucius no ayudaba. La tarde había oscurecido antes de lo debido y por donde me adentraba era un lugar desconocido y siniestro. Un silencio se apoderó de mí. Unas voces creí oír…Los brazos de Lucius me ayudaron a soportar el miedo.

-Robert, Robert… – él es nuestro hijo – Rebecca eres una cualquiera…!!. – La conversación se esfumó.

Ahora solía oía sonidos de lamentos, los árboles parecían tener vida propia. El aire hacía mover las ramas haciendo del lugar aún más siniestro.

Llegué al final del trayecto, donde amarré la piragua y me adentré seguido de Lucius escondido detrás de mí, como una sombra. Anduve unos pasos hasta llegar a una casa escondida tras los matorrales. Me pregunté quien podía vivir allí, si es que vivía alguien. Lucius me imploraba de regresar pero debía saber qué escondía ese lugar, tan alejado de la civilización.

Unas luces se abrieron en la parte superior de la casa. Fui sigilosamente acercando a la casa. El pomo de la puerta estaba abierto y gotas de sangre empecé a ver por el suelo. Tenía miedo, no voy a mentir, pero ahora ya estaba metido dentro de la casa y cualquier ruido de huida hubiera sido mi perdición.

Lucius me miró aterrado. Señalando con unos de sus dedos las escaleras arriba. Me indicó que subiera y así lo hicimos. En silencio. Peldaño a peldaño llegamos al piso de arriba donde mis ojos pudieron ver cómo una pelea se estaba produciendo. Eran las mismas voces que minutos antes había escuchado. Un hombre enfurecido junto a una mujer suplicando que le escuchara. Vi que eran cómo Lucius. Eran almas. Estaba viendo lo que antaño había sucedido en esa casa…

Presencié algo inexplicable. El hombre estaba enfurecido con su mujer. Al parecer estaba en cinta.

Robert, Robert, es nuestro hijo. ! – suplicaba la mujer desesperada

No! – ¡Lucius, será sangre de tu sangre! – pero no es de la mía, Rebecca. – dijo enfurecido mirando al chico de siete años que sujetaba de la mano a su madre, Rebecca.

¡Robert, es mi hijo, nuestro hijo! – ¿acaso no somos todos una familia?. – volvió a rogarle

¡Tú como todas. Eres una una cualquiera! – le espetó – escupiendo en el suelo

Robert, extrajo una pequeña pistola, amenazando a Rebecca que si iba a quedarse con el chico podía irse de la casa; de lo contrario apretaría el gatillo.

El niño al ver la escena y ver a su madre en peligro, se interpuso entre los para poder proteger a su madre aferrándose a ella. Robert, había apretado el gatillo. La bala fue directo al niño, mientras Rebecca veía caer a su hijo de siete años, desfallacer entre sus brazos, recibiendo la bala que iba directa a su madre y que el tuvo la mala suerte de parar.

Rebecca fue directo a Robert para arrebatarle la vida pero el la agarro del pelo y vi cómo la echaba escaleras abajo. Lucius estaba llorando. Notaba su presencia al lado mio. Le agarré de la mano.

Al bajar las escaleras los ojos de de Rebecca se cerraron. Robert, quemó todas sus pertenencias y asió el cuerpo del niño y de Rebecca echando los cuerpos al pantano. Mientras un tercer disparo y el último, el suicidio de Robert disparando en la sién.

Me quedé estupefacto. Me senté bajo la oscuridad de la noche junto a Lucius, quien me miraba tristemente y me abrazaba. Ahora, yo Selvy lo entendí todo. Lucius era esa niño. Podía ver a las almas errantes pero lo mejor de todo era que ahora Lucius había recuperado el alma de su madre. Vi a Rebecca guiñarme un ojo, mientras observaba a Lucius como me apreciaba.

Ahora sabía una verdad muy poderosa. La verdadera existencia del alma errante de Lucius. Lucius volvió a recuperar a su madre. Entonces entorné los ojos y vi dos siluetas la de una madre junto a un niño; eran Rebecca y Lucius. Me sonreían. Por vez primera vi como dos almas que habían vagado errantes, sin encontrarse; por fin volvían a estar madre e hijo juntos.

Abracé a los dos, haciendo saber que podían contar conmigo. Ahora era hora de regresar a casa para emprender un largo viaje. Necesita, tenía que ver mundo. No podía quedarme más en la posada. No podía ver más a mi madre oyendo sus canciones tocar mientras a mí ni siquiera se había preocupado. Me despedí de todos y sobre todo de tía Margaret, quien felicitó mi decisión.

Nunca me preguntaron el qué había encontrado más allá del pantano y si lo hicieron no recibieron respuesta por parte mía. El caso es que me fui en busca de ver más mundo, más cultura. Tal vez en alguna ocasión volvían a aparecer Lucius junto a su madre Rebeca. O quien sabe, ayudaba a alguna otra alma errante que me encontraba por el camino; no lo sé. El caso que estaba preparado para emprender un nuevo viaje a otro destino.

suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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