Relatos

El baile de las máscaras, by Neus Sintes

La vi entrar, era una silueta femenina entre una gran multitud. Sabía que era ella. Detrás de una hermosa máscara azul metalizada se escondía el rostro de una hermosa mujer que mucho tiempo atrás nuestros cuerpos se sintieron atraídos.

Entró con la misma naturalidad y elegancia que le atribuía su exuberante vestido del mismo color de su máscara. Detrás de esa máscara se escondían sus hermosos ojos negros. Sus labios pintados de un color rojo intenso empezaron a hacer efecto en mí. Intenté acercarme, con sigilo, no quería que me viera. Mi intención era observarla, verla de nuevo supuso un montón de visiones revividas antaño. Gloriosa e exuberante. Con su naturalidad de siempre. Envuelta bajo ese manto de prenda metalizada.

Llevaba un vestido con un corpiño, dejando entrever un elegante y largo cuello, deseoso de poder volver a besar. Se encontraba en el centro de la pista de baile, había venido junto con una amiga. Me fundí entre la masa de gente. Mi máscara era de color negro a juego con mi indumentaria. Lo único que me podían delatar eran mis ojos verdes, que ella tan bien conocía.

Mi Ámbar, amada Ámbar. Sin duda alguna era ella. La mujer que nunca había podido olvidar. La vi contornear sus caderas al son de la música. Los focos iluminaban su figura. Su cabellera castaña se movía al ritmo de sus movimientos.

Saqué mi coraje y me adentré en la pista para aunque solo fuera una sola vez más, tenerla a mi lado. Sentir su presencia, sentir el palpitar de mi corazón de nuevo, aunque éste encuentro fuese breve. Dudaba de mi mismo, incluso. De creer en un futuro juntos.

Me sumergí sin dar mas rodeos a mi mente y haciendo caso a mi corazón que latía con ímpetu. Cuando estuve lo más cerca de lo que puede estar un corazón que no ha podido olvidar a alguien como Ámbar, era doloroso, incluso me sentía impotente, con la necesidad de aferrarla por la cintura, de dejarme llevar y que fuese lo que Dios quisiera.

Sin más, mis manos empezaron a rodear la cintura de forma que al darse la vuelta ella quedó observando un rostro; el mio. Sus ojos se agrandaron, sus labios quedaron boquiabiertos, intentando decirme algo, sin atreverse. Hasta que sus ojos repararon en los míos y me delataron. Supe inmediatamente que sabía quien era.

-Denis.. – tartamudeo. ¡Cuánto tiempo!

-Ámbar. – ¿verdad que eres tú? – le pregunté.

-Sí, la misma. – afirmó.

Queríamos decirnos de todo, preguntarnos el qué había sido de nuestras vidas. Pero no hubo momentos para preguntas ni respuestas. La única respuesta que recibimos fue el caluroso beso en el que nos fusionamos. Yo agarrado a su cintura, ella sin dejar de soltarse de mi cuello. Mirándome con deseo y esa pasión inconfundible que impregnaba su fragancia, su ser.

-No vuelvas a dejarme, nunca – fueron sus palabras que me pudo decirme tras cada beso.

-Ámbar, no volveré a dejarte jamás. Aunque tengamos obstáculos en el camino, no los quiero combatir solo. Quiero que juntos los venzamos. Solo tu y yo.

-Te quiero Denis.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: