Relatos

El libro de los Amuletos, by Neus Sintes

Amelia no creía en los amuletos ni en el mal de ojo. Ni en cualquier objeto que tuviera relación con tener buena suerte o protegerse de las vibraciones negativas que nos rodean, aunque no las veamos a simple vista, hasta que nos vemos sometidas bajo la influencia negativa de éstas.

La vida de Amelia tampoco necesitaba creer en esas cosas, ya que estaba desprovista de malas energías. Vivía en un hábitat muy distinto. Rodeada de guardaespaldas siempre a su alrededor. Hija de Reyes; segunda hija de éstos. Su hermano mayor, tenía el destino cubierto. Heredero al trono Real. Ella, la Infanta. Sus rangos estaban asociados. Lo que los Reyes no tenían en cuenta era cómo iban a evolucionar en el transcurso de sus vidas. Por la tanto, Amelia vivía en un mundo muy distinto…Lo que no sabía era que su vida iba a dar un giro inesperado.

Amelia fue creciendo, y en la Corte todo empezó a parecer cansino. Los mismos guardaespaldas, las atenciones al futuro heredero; su hermano. Y Amelia, invisible a ojos de los demás, considerada como nombre; La Infanta.

Un día se encerró en su habitación y de entre todos los libros de la Corte, encontró uno que le llamó la atención. Trataba de Amuletos. Los había de todo tipo, pero uno en especial de color azul intenso en formo de ojo, le transmitió una sensación de querer leer su contenido. Pasó horas y horas releyendo todos y cuantos conjuros había.

Una vez a salvo de cualquier guardaespaldas y bajo la intimidad de su habitación. A oscuras con apenas unas velas encendidas, miró a través de la ventana, reflejada en la luna llena y empezó a recitar el conjuro de El Mal del Ojo.

Deseo en ese momento no ser Infanta y desear que su hermano tampoco fuera el Heredero al Trono. Rodeada de personas negativas, decidió que todas sus energías negativas fueras a parar a quienes la rodeaban, incluyendo así que la desgracia cayera bajo el Reinado.

Al despertar al día siguiente, los Reyes mandaron llamar a Amelia. Su hermano había caído en desgracia. Enfermo y moribundo no podría llegar a ser el Heredero al Trono. Su hermano se recuperó pero tras la enfermedad no volvió a ser nunca el mismo con lo cual los Reyes no podían permitirse el lujo de que su hijo fuera el Heredero al Trono.

Sus padres miraron a su hija Amelia; La Infanta y tras unas reflexiones pensaron en que si su hermano no era capaz de ser un Heredero digno, cambiar los rangos y poder serlo Amelia. Aunque fuera una mujer.

Amelia al recibir la propuesta de sus padres se negó. Rechazando el Trono que hubiera sido de su hermano y rechazando su rango de Infanta. Asió su maleta de viaje y en silencio bajo la atónita mirada de sus padres; abandonó el Palacio desde que de niña había sido su casa. Ya era mayor de edad y sin mirar atrás, abandonó el Palacio con la cabeza bien alta.

Cansada de ser la invisible Infanta decidió hacer algo que siempre había temido por rango o por que su destino desde su nacimiento había sido destinado. Pero comprendió que el destino es lo que uno se propone y ella quería deshacerse de ese rango para ser vista en el mundo como una más.

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