Relatos

El miedo al Amor, by Neus Sintes

Santiago se juró no enamorarse nunca más. No porqué no no quisiera, sino por miedo a sufrir; de nuevo.

Cerró con un candado la puerta que conducía a enamorarse, a sentir de nuevo el llamado Amor. Desde ese nefasto día que su mujer se fue de su vida, decidió no volver a sufrir, a dejar de ser amado y de amar a otra pareja.

Desde entonces, la soledad y el silencio han sido su única compañía. Se volvió con el tiempo un hombre aislado, normalmente acompañado de sus quehaceres con su ordenador, donde el ruido de las teclas era el eco que se podía percibir en la casa.

El día y la noche le eran indiferentes hasta que una noche al cerrar los ojos, se encontró con la mirada de Sara; la que fue su mujer.

-Santiago, Santiago…. – la voz de su mujer llamando entre susurros.

-Ah! – No pudo reprimir un agudo grito de terror.

Al abrir los ojos se encontró con los de su mujer y escuchando su voz que le llamaba por su nombre. Se incorporó en la cama, bañado en sudor y con el vello erizado.

Se frotó los ojos, comprobando que todo había sido un mal sueño. La que había sido su mujer no estaba, pero sí en sus sueños sus ojos habían surgido de la nada.

A la noche siguiente volvió a suceder lo mismo. La mirada penetrante de su mujer volvió a visitarle. Intentó ignorarlo, sonsacarse de la cabeza la imagen de sus ojos, en vano. Pero, ¿qué significaba?.

Se acercaba la noche y Santiago no quería dormirse por miedo a encontrarse de nuevo con la mirada de su mujer cuando éste estuviera dormido. Pero el sueño le venció y de nuevo la mirada de su mujer en sus sueños volvió a encontrar.

-Santiago, Santiago. No temas a ver mi mirada. Ya no estoy en este mundo, pero solo estarás en Paz contigo mismo cuando aceptes haber amado.

Con los puños cerrados se levanto sigilosamente de la cama. Acercándose a la ventana, bajo un silencio sepulcral, donde una noche lluviosa parecía no querer cesar. Apoyó una mano en cristal, mientras pensaba en lo ocurrido y el reflejo de las gotas al caer le recordaron a aquellas lágrimas derramadas tiempo atrás.

Se derrumbó en la cama, esta vez con los ojos abiertos, sin poder conciliar el sueño, aunque tampoco era su intención volver a dormirse. ¿Querría decirle algo su mujer en esos sueños?.

La soledad había formado parte de él desde que tras un accidente perdió la vida y solo había quedado. Aceptó la soledad como única compañía, cuando en realidad era su única vía de escape para huir del amor y de volver a sentirse amado por miedo al amor.

Era más fácil estar solo, aunque la soledad le doliera; aunque éste no lo quisiera admitir.

Amanecía y trás la puerta un maullido le hizo despertar de sus pensamientos. Oyó un maullido. Al abrir la puerta una gatita atigrada maullaba bajo la lluvia. Santiago la acogió, la hizo entrar en calor bajo su techo. Le dio de comer y de beber. Protegiéndola del frío y de la lluvia.

Pasaron los días y durante las noches la mirada de su mujer muy parecida a la de la gatita que había acogida se le aparecían de vez en cuando. Comprendió que debía aceptar la muerte de su mujer y abandonar la soledad. No temer al amor.

Miró a la gatita dormida a su lado y comprendió que no estaba solo. Que la soledad le había abandonado y ahora tenía a alguien a quien darle amor.

“Es necesario haber amado, después perder el amor y luego volver a amar todavía”.

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