Relatos

Kyara, by Neus Sintes

Todos esperaban la llegada del nacimiento que en el poblado hindú esperaban con ansia. Desde que un Chaman predijera que en el poblado nacería algún día una niña de ojos extraños, ojos color verde agua, había que sacrificarla y ofrendarla al Dueño de Agua, al Gran Anaconda por que si no vendría la ruina perpetúa y la extinción de los Nívar.

Desde ese día todos los nacimientos se oían súplicas de oraciones para que no naciera ninguna niña, más bien deseaban varones. Pero, en el caso de ser niña esperaban que no fuera como había predicho el Chaman.

-¡Es niña! – dijo la madrona – ofreciendo la niña a los brazos de la madre.

Yara miró a su hija y percibió en ella los rasgos que el Chaman había predicho. Tanta Yara como su marido intentaron disimular, pero fue en vano.

Mientras Yara daba de comer a su hija, la niña succionaba de los pechos de su madre con avidez. Al abrir los ojos una de las mujeres del poblado se dio cuenta del peligro que corría el poblado.

-¡Ha nacido la niña de los ojos verdes! – con los mismos rasgos que el Chaman predijo.

-¡Estamos en peligro! – afirmó una de ellas. De forma que la noticia llegó a oídos de todos.

-Kyara – pronunció su madre. Así te voy a llamar.

La niña fue creciendo y cuando aprendió a dar sus primeros pasos por sí sola ya poseía una belleza extraordinaria. Sus ojos rasgados y verdes llamaban la atención. Tanto que a algunos llegaron a temerla por las sabias palabras que recordaban de el Chaman.

Muy a su pesar los padres de Kyara la escondieron a la niña en una cueva de la montaña, bajo la supervisión de unos guerreros que la vigilaban. Sus padres la dieron por muerta al poblado…dejando así tranquilos a la comunidad hindú.

Kyara había tenido prohibido verse en un espejo por el peligro que este supondría..

Kyara creció entre las montañas, aprendiendo a sobrevivir y alimentándose de alimentos que a escondidas le traían los guardianes de parte de sus padres…

Pero un día una fuerza misteriosa adormeció a los guardianes y la bella joven salió de la cueva y camino hasta el lago, descubriendo su propio reflejo en el agua. Ella estaba encantada con su visión. Así despertó al Dueño del Agua al “Gran Anaconda”, quien emergió de las profundidades, enamorándose de ella y atraiéndola hacia si.

-Kyara – Precioso nombre para una hermosa mujer.

-¿Quién eres? – pregunto desafiante.

-El dueño de estas Aguas. Me llaman Anaconda por mi piel de tonalidad verdosa. Tambien suponía un peligro cómo tu al nacer con esos ojos verdes y esa hermosura atrayente.

El dueño de las Aguas, salió de las profundidades y de forma humana, musculoso y de color verdoso, con escamas. Percibió la mirada de Kyara y ésta comprendió que no era la única persona que había estado sola…

-Muchas son las ocasiones en que me he encontrado solo. Creyendo que esta maldición sería eterna. Pero aunque sea así, me doy cuenta de que tú también has sentido lo mismo que yo.

-Cierto – añadió Kyara – retirándose un mechón de su cara.

-Ya no estas sola, nos tenemos el uno al otro. Claro está, si es que quieres mi compañía…balbuceó

Kyara se acercó y abrazándolo se lo dijo todo. A partir de ese momento sus cuerpos se fusionaron.

-No deseo estar más sola. Quiero estar contigo, seas de la especie que seas.

Desde el día en que se unieron Desde ese día Kyara se volvió la Diosa protectora y dueña de las lagunas, ríos y cascadas, madre protectora de la naturaleza, animales silvestres y reina del amor.

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