Relatos

La aparición de la musa, by Neus Sintes

En uno de mis largos viajes como trotamundos. Me aventuré en una arriesgada y misteriosa aventura. Siempre había oído hablar de un “poder especial” que emanaba de la ciudad de Benarés. La curiosidad me hizo aterrizar hacía allí….

Tras unas largas horas de viaje, el cansancio también iba apoderándose de mi. Abrí mi cantimplora y sorbí un buen trago de agua para no deshidratarme. Presentía que el viaje iba a ser largo y no sabía cuanto tiempo permanecería en Benarés.

-Es la ciudad más hindú de la India, la más antigua también, una urbe donde perviven rituales a lo largo de los siglos y que se encuentran casi siempre vinculados al Ganges, el más sagrado de los ríos. – nos revelaba el guía.

De fondo oía cuchicheos de algunos de los demás turistas, que por lo visto, habían oído rumores de poderes y hechizos que hicieron que éstos dieran la vuelta, regresando a sus casas.

Perdí al guía de vista, encontrándome solo ante una ciudad, un mundo desconocido. No temía a nada, al contrario, me vi envuelto en un paisaje y cultura muy distinta a que normalmente solía encontrarme. Decidí seguir solo, a sabiendas de que tal vez peligros me acechasen, pero era un trotamundos. El peligro y la aventura estaban por todos lados.

Caminé varios días llegando a encontrarme con las monumentales escaleras de piedra que se hundían en las orillas como raíces gigantes, sellando así la unión de Benarés con el Ganges. Las mujeres, envueltas en saris empapados, ofrecían guirnaldas de flores al Ganges. Me vi envuelto por la ciudad y la magia de su cultura que producía un inmenso sentimiento de ignorar lo que me había rodeado durante mi vida y sentirme parte de ese lugar.

La mayoría de los peregrinos que se bañaban al amanecer habían caminado por toda la India durante semanas o meses para venir a sumergirse en estas aguas sagradas y purificar así su cuerpo y su alma. Cada cual aportaba como ofrenda una lamparita de aceite, el símbolo de la luz que acababa con las tinieblas de la ignorancia. Inmersos hasta la cintura en las aguas, permanecían inmóviles, completamente absortos en sus oraciones.

No entendía lo que me decían – pero uno de ellos me indicaba con señales que me sumergiera con ellos en el rio Ganges. – Obedecí.

-Milagro, Milagro! – me dijo el hombre que estaba a mi lado, juntando las manos

Todos esperan la renovación del milagro diario, la aparición del disco de fuego que surgiría de las entrañas de la tierra, el sol, fuente de la vida. Cuando su aureola despunta en el horizonte, las cabezas se giran con fervor. Luego, para agradecer el milagro, los fieles le hacen al sol una ofrenda de agua del Ganges, dejándola correr lentamente entre las manos entreabiertas, en un gesto de adoración.

En esos instante me di cuenta que la magia de Benarés nunca cesa… Es tan poderosa que las incomodidades personales se olvidan enseguida. Hasta el tiempo pasó desapercibido…cuando me di cuenta de que me había quedado dormido, sumergido en las aguas mientras mis brazos seguían apoyados en el borde.

-¿Hola? – pregunté, sin respuesta – al darme cuenta que no había nadie.

El sol había desaparecido en el horizonte y un resurgir de un mugido de cientos de caracolas empezaron a cobrar vida.

Paralizado por el miedo, mis piernas no respondieron. Busqué con la mirada mis prendas que había dejado al meterme en el rio Ganges y no las vi. Mientras burbujas empezaron a resurgir.

Por fracciones de segundo pensé en el aquel monje que hablaba del “Milagro”…

-El Milagro! – No puede ser… deduje. – mientras las aguas me cubrían hasta el torso y un remolino de burbujas daba vueltas a mi alrededor. Entonces la vi. Vi resurgir de las aguas la Divinidad hecha realidad.

La silueta de una hermosa mujer reapareció de las aguas como si de una diosa se tratara…¿o tal vez lo era?. No hice movimiento alguno, aunque mi corazón palpitara a gran velocidad.

Embelesado por aquella belleza celestial, jamás pensé que mis ojos vieran a la musa que tanto tiempo había soñado.

Su piel morena brillaba en la oscuridad de la noche. Podía vislumbrar como su piel brillaba, mojada por las aguas del rio Ganges.

Sus labios carnosos empezaron a hablarme en un lenguaje desconocido. Su voz melodiosa parecía un cántico celestial. A medida que se acercaba, nos encontrábamos lo bastante cerca para que nuestros cuerpos se rozaran.

De aire salvaje y seductora, con tan solo llevando de indumentaria unas plumas alrededor de su cabeza, empezó a mirarme con su mirada felina y a tocarme, suavemente con las yemas de sus finos dedos. Una música resonó en mi mente, invadido por una oleada de poder incontrolable.

-¿Quién eres? – me atreví a preguntar, sin pensar.

-Me llaman Xenia – la Diosa del río Ganges. – respondió, sellando los labios.

Empezó a danzar a mi alrededor con un poder tan inmensamente poderoso que su cuerpo se aferró al mio sin yo poder hacer nada. Sus pechos firmes y piel suave como la seda, quedé atrapado bajo la sensualidad del Milagro llamado Xenia , a mi Tierra no regresé. Me quedé en Benarés, bajo los efectos de Xenia. En las aguas del río Ganges.

5 comentarios

  1. Que buena mezcla de sensualidad y misticismo. Saludos (P.D.: Si otro ánimo que el de ayudar, tienes repetido este párrafo: “Embelesado por aquella belleza celestial, jamás pensé que mis ojos vieran a la musa que tanto tiempo había soñado”).

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