Colmillo, by Neus Sintes

Absorto en sus pensamientos, Max observaba el mural que permanecía intacto en la sala comedor de la casa. Desde que tenía uso de razón siempre había estado allí, impoluto.

Era un lienzo que reflejaba las hermosas e imperiosas montañas de Canadá, cubiertas por alguna que otra capa de nieve. En la lejanía, la silueta de un lobo aullando, aparecía en el mural.

-¿Quién pintó este cuadro? – le preguntó un día a su madre.

-Tu abuelo – respondió con seriedad, mientras se levantaba hasta llegar a dónde estaba su hijo.

Max, este cuadro significa mucho para nuestra familia. Tu abuelo marchó después de dibujar el mural que refleja de donde pertenecemos. – Empezó a explicar su madre.

-No entiendo… – dijo dubitativo Max, con el ceño fruncido.

Ya eres suficiente mayor y estás capacitado para escuchar nuestra historia. – prosiguió su madre – Tú historia y la de todos nosotros. Si tu padre estuviera vivo, también te contaría el linaje del cual perteneces. – suspiró-

-Madre… – se sorprendió…

-Pasemos al salón – le dijo su madre.

Su madre era una mujer de naturaleza fuerte y tenaz. Madre luchadora que había tenido que criar sola a sus tres hijos; dos hijas y un hijo varón desde el fallecimiento de su marido.

-Max, ahora que has cumplido la mayoría de edad debes saber de donde procede nuestro linaje y como único hijo varón de la familia deberás emprender tal vez, un día de estos un viaje a las montañas de Canadá.

Max escuchaba a su madre a sabiendas de que era mejor no hablar. Sus ojos verdes reflejaban una curiosidad, absorbiendo cada palabra que escuchaba.Siempre había tenido los cinco sentidos muy desarrollados, sobre todo el de la vista y el olfato. Sabía que cuando su madre hablaba lo hacía por algo de suma importancia. Su madre como casi todos los de la familia eran muy reservados, incluido él; intuía que su madre quería contarle algo que le implicaba a él.

-¡Canadá! – sus ojos verdosos se abrieron aún más. – recordando el mural del recibidor

-Su madre asintió – con un leve movimiento de cabeza.

-Nuestra familia, es una manada que siempre permanece unida, mi querido hijo. – mirando a su hijo con ternura –

-¿Que fue de mi abuelo, madre? – preguntó sin más.

-Se marchó como bien sabes. Pero no para alejarse de nosotros, sino al contrario. Para defender nuestro territorio que está en las montañas de Canadá. Las mismas que ves en el mural del recibidor. Allí está. Esperándote. Tu eres joven y necesitamos a un líder cómo tú que pueda defender lo que es nuestro. El abuelo ya no tiene la fuerza de años atrás.

-No sé qué decir… – Irme a Canadá. Siempre he deseado ir a esas montañas.

-Estas preparado, hijo. Lo sé – dijo muy convencida la madre.

-Un momento…¿has dicho que somos una manada?. – frunciendo el ceño sin comprender.

-Sí. Perteneces Max a una manada de lobos. Nuestra linaje proviene de los licántropos.

Max no podía creer lo que oían sus oídos… Su cabeza empezó a pensar y a comprender los motivos porque tenia los cinco sentidos tan bien desarrollados. El mural con el lobo pintado aullando en las montañas de Canadá, empezaba a cobrar sentido. Su madre le dejo espacio para que asimilara lo que le había dicho.

-¿Cómo podemos ser licántropos? – preguntó. – Nunca me he convertido en lobo ni mis hermanas tampoco…- sigo sin comprender.

-Sólo podemos convertirnos en Canadá. Aquí nos impide convertirnos en lobo debido al ambiente tan cargado que contiene vivir en la civilización. Cuando eras apenas un recién nacido tuvimos que ausentarnos llegando hasta aquí. En Canadá, en aquellos tiempos escaseaba la comida y llegamos hasta donde estamos para seguir con nuestras vidas, pero nos dimos cuenta de que no podíamos convertirnos.

Nos lo impedía el ambiente tan cargado de contaminación que llega a tener una civilización. – Prosiguió – Solo en las montañas somos y podemos ser libres de nuestra raza. Ahora debemos volver y defender el territorio que es nuestro y que quieren destruir y lo que hemos de evitar, hijo, es que nuestra especie se extinga. – mirando a su hijo con seriedad – Sobrevivir ha sido parte de nuestra fuerza.

-Max, ¡ Eres nuestra única esperanza! – exclamó su madre.

Max tuvo que emprender un largo viaje a Canadá, se despidió de su madre y de sus hermanas prometiendo defender su territorio para conseguir que la manada volviera a estar unida en las montañas.

-¡Espera! – exclamó su abuela.

-Este colgante ahora te pertenece – Extrajo de su bolsillo un colgante en forma de colmillo de color negro.

Max se colocó alrededor del cuello el amuleto, mientras escuchaba a su abuela hablar…

-Este colgante ha pasado de generación en generación. Primero tu abuelo, luego a tu padre y ahora, mi querido nieto, te pertenece llevarlo. Así, como en un futuro, pasara a tus hijos.

-Gracias abuela -dijo Max, abrazándola.

-La sangre de lobo corre por tus venas, sólo tienes que sacar el espíritu que llevas dentro. ¡Suerte!

Max emprendió un largo viaje a las montañas de Canadá. Dispuesto a salvar su linaje y a que su especie no se extinguiera…Vagamente recordaba a su padre. Era un niño cuando falleció. Aunque guardaba en su interior algunos recuerdos que sólo le pertenecían a él. En honor a su padre y todos aquellos que confiaban en él, defendería lo que les pertenecía.

El piloto del avión hizo despertar a Max de sus pensamientos….

-¡Hemos llegado, señores pasajeros a Canadá! – espero que hayan disfrutada de nuestra estancia en nuestro avión.

Al bajar del avión su mirada se concentró en el paisaje, divisando a lo lejos las grandiosas Montañas Rocosas de Canadá que parecían darle la bienvenida a una tierra que todavía tenía mucho que conocer y descubrir.

Había andado bastante cuando, no muy lejos de las montañas, tuvo un presentimiento. Sus instintos empezaron a desarrollarse mas, de tal forma que mientras se adentraba más en las montañas,su cuerpo iba transformándose. Max lo percibió y rápidamente se escondió tras unos arbustos mientras su cuerpo empezaba a cubrirse de un hermoso pelaje gris oscuro. Su cuerpo iba transformándose en lo que el creía….

-¡Un lobo! – se miró a sí mismo – sin aún creérselo.

Pensó en su madre, en sus palabras. Por primera vez se había convertido en lobo, en las montañas que su madre le había dicho. Ahora iba a defender el territorio que les pertenecía,

-Debo ir en busca de mi abuelo – dijo mirando a lo lejos, en busca de alguna señal o algún indicio de otro lobo. Caminó sigilosamente, en silencio por los caminos aún desconocidos por él…En una alta cumbre olfateó a lobo. Subió hasta arriba y se encontró frente a un lobo mayor que él. Fuerte y de pelaje gris. Ambos se miraron. dando vueltas en circulos.

iban a enfrentarse, cuando el adversario tenía las garras casi encima de Max, se tumbó en el suelo echándose a un lado.

-¡Hijo Mío! – dijo volviendo a su forma humana. – Su abuelo lo miró al observar a su nieto convertido en lobo.

-¡Hola abuelo! – echándose Max a los brazos de su abuelo que no había visto en años.

-¡Colmillo! – tu abuela lo ha entregado. – señalando el amuleto que colgaba del cuello de Max.

-Supongo que ya sabes un poco de nuestra historia. Imagino que tu madre te habrá explicado que estamos en guerra con los humanos. Nos quieren extinguir. La raza del lobo no tiene que desaparecer, Max. Debemos salvar nuestra especie de los humanos que se hayan detrás de las fronteras con la finalidad de luchar contra nosotros.

-He llegado hasta Canadá para ayudarte en esta batalla, abuelo – cerrando los puños con firmeza.

-Todavía puedo luchar, hijo mío. Pero mis fuerzas no son las mismas que las que cuando era joven y fuerte cómo tú. – Necesitamos un líder, Max. Ese líder tienes que ser tú. – dijo mirándole a los ojos.

Se volvieron a convertir en lobo al oír pasos acercarse. Eran pasos humanos con fusiles y taladros en las manos. Se oían de lejos cómo se acercaban sus zancadas a medida que se aproximaban. Otros iban en furgonetas.

-Abuelo – ¡llevan a más lobos dentro de jaulas…!, Se trata de otra manada que han capturado, ¿podemos salvarlos?

-Siempre y cuando acabemos con el enemigo; el humano.

-Asintió con la cabeza.

-¡Mirad, por allí asoman dos más.! – dijo uno de los cazadores

-Nos han encontrado. Es la hora de luchar. ¡Ahora, Max!

Salieron enseñando sus colmillos, haciendo frente a los fusiles que en mano llevaban colgando los cazadores. Una pelea entre cazadores y los dos lobos se produjo. Un disparo se oyó, la bala iba directamente al abuelo de Max. Max hizo rodar a su abuelo para que no le diera la bala.

Entonces, Max hizo lo que ninguno de la familia de licántropos se atrevió; convertirse en humano frente a los cazadores.

Se acercó a ellos con pasos de lobo y de su boca salieron con rabia las palabras que dejaron boquiabiertos a quienes tenía a su alrededor.

Mi nombre es Max y soy orgulloso de pertenecer a una familia de licántropos. Y a vosotros cazadores;

-Para que luego digan que los monstruos somos nosotros únicamente porque Dios nos creó con garras y colmillos y nos alimentemos de carne cruda para poder sobrevivir en la naturaleza. Vosotros, en cambio, seres despiadados que venís con vuestras armas, derrumbáis abajo los árboles y destruis todo lo que os interpone en el camino y nadie os dice nada… ¿Quién es el monstruo ahora?

Nosotros, somos una manada y permanecemos siempre juntos. En cambio, vosotros colgáis en las paredes de vuestras cabañas, como si de trofeos se trataran las cabezas de aquellos pobres animales que tuvieron la mala suerte de ponerse en vuestro camino. ¿Salvajes sin piedad y sin corazón!.

-No volváis más por nuestras tierras, huid con vuestras armas y dejad libres libres a los otros lobos que habéis capturado. No sois dignos de entrar nunca más en este territorio.

Su abuelo se sentía orgulloso de su nieto. Mientras veía cómo huían de sus tierras aquellos cazadores.

-No regresaran más, abuelo – le dijo mirándole con ternura.

-Somos libres, hijo mio. Todo gracias a ti. – Llamaremos a nuestra familia que venga a Canadá. Ahora todos estamos a salvo. Y juntando las dos manadas en el mismo territorio para que estuvieran todos los lobos unidos.

Max se fijó en una bella loba blanca de ojos azulados que lo miraba con simpatía.

-Muchas gracias, por salvarnos -agradecida.

-Era mi deber…. – ¿Cómo te llamas?

-Mi nombre es Shany.

-Soy Max. – se presentó

-Eres más que Max – hermoso amuleto.

Max se tocó el colgante y susurrando para él – Colmillo….

A raíz de entonces su Manada se vino a Canadá. Abrazó a su madre y a sus hermanas.

-Tu padre estaría orgulloso de ti. – le susurró su madre. Has conseguido juntar a dos manadas de lobos.

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