Cinco Saltos, by Neus Sintes

Cinco Saltos es una de las ciudades más encantadas del mundo, especialmente a causa de toda la brujería que se practicaba. Leyendas cuentan que en su cementerio local es donde a día de hoy se practican más rituales y ofrendas a demonios o espíritus. Parece confirmar que la brujería lleva presente en ese lugar desde hace muchísimo tiempo.

La muerte se siente en el aire y se escucha en el estrepitoso chillido de los pájaros,que conocen los secretos de sus oscuros habitantes”. Sin embargo, lo que en realidad sucede en este lugar es una incógnita para muchos, algo perverso se percibe en sus calle.

La suave brisa arrastra el polvo de una ciudad olvidada, abandonada y desierta. Donde los viandantes evitan pasar. Se dice que trae mala suerte pasar cerca de Cinco Saltos. Por eso un cartel con la señal de “Prohibido el paso”, en una de las verjas cercanas al cementerio asoma

Algunas personas desdichadas que pasaron por Cinco Saltos cayeron enfermas o perdieron la vista al ver un reflejo en el aire, con la forma de unos ojos azules que parecían dominar el lugar.

Cinco Saltos contiene muchas leyendas e historias pero ninguna la que realmente cuenta es la que sucedió en verdad. Mi nombre, Tomas, historiador de vocación. A mis manos llegó un libro en el que tras muchos estudios realizados, nunca hubiera sabido de la verdadera existencia, de la realidad de dicha ciudad. Estudié cada escrito en latín y analicé cada lectura, cada gráfico y encontré la verdadera historia de Cinco Saltos.

En la ciudad habitaban las cinco hermanas Mandy’s, reconocidas por ser las curanderas.

Agatha; la mayor, era hermana y madre de todas, desde que sus padres fallecieran. Era muy responsable y estricta. Las gemelas Dina y Nati; eran como la noche y el día, pero sabían equilibrarse como si fueran una balanza.

Luego estaba Ursula; de carácter dominante lo que conllevaba algún que otro conflicto con su hermana pequeña; Silvana; perspicaz e inteligente, con ganas de aprender.

Las cinco aprendían la una de la otra hasta albergar un poder interior que les hizo crear pociones más fuertes que servían para curar a los ciudadanos y luego averiguaron que no solo servían para curar, sino para invocar a los espíritus.

Cogieron por costumbre reunirse las cinco por la noche, sin ser vistas en la espesura del bosque, donde empezaron a practicar pociones diferentes sin saber que estaban jugando con fuego, confiadas de que no serían vistas por nadie en altas hora de la madrugada.

Una noche intentando invocar y realizando pócimas nuevas lograron adquirir poderes que llevaban en su interior pero nunca habían logrado sacar a la luz.

-¡Que salga de mi interior el poder que llevo dentro! – exclamó con los brazos abiertos Agatha. Noche silenciosa, calma armoniosa y cinco curanderas juntas esperando el poder que se le había otorgado a Agatha. Las hojas no se movían, las rocas permanecían en sus respectivos lugares. Hasta que una de ellas empezó a elevarse poco a poco, hasta llegar a desplazarse de lugar.

Todas miraron a Agatha que permanecía con los ojos cerrados. Al abrirlos, de sus palmas de sus manos un brillo se reflejó. Había adquirido el poder de la Telekinesis;
El poder de mover objetos y personas con la mente es una de las habilidades más comunes de los brujos. Y las demás hermanas hicieron lo mismo.

-¡Que salga de mi interior el poder que llevo dentro! – exclamó con los brazos abiertos Dina.. Vieron cómo las nubes se escondían y del cielo pequeñas gotas de agua empezaron a caer, el viento aullaba en la noche. Del interior de Dina había surgido el poder de la Atmokinesis;
Varias brujas tienen limitado control sobre el clima. Pueden manipular las nubes y crear tormentas.

-¡Que salga de mi interior el poder que llevo dentro! – exclamó con los brazos abiertos Nati. Al abrir los ojos un destello de imágenes, fragmentos y palabras entremezcladas se introdujeron en su mente….hasta darse cuenta que había adquirido el poder de la Telepatía;
Escuchar los pensamientos de otros y ser capaz de manipularlos.

-¡Que salga de mi interior el poder que llevo dentro! – exclamó con los brazos abiertos Ursula. Sus ojos se abrieron de un calor carmesí. Empezó a sentir en sus manos un calor sobrenatural. Un fuego creó en medio del círculo en el cual estaban las cinco hermanas. Había adquirido el poder Pirokinesis; El poder de crear y manipular el fuego.

-¡Que salga de mi interior el poder que llevo dentro! – exclamó con los brazos abiertos Silvana.. Abrió los ojos y no ocurrió nada, aunque Silvana podía sentir e interectuar con fantasmas y los del más allá, adquiriendo el poder de la Mediumnidad.

-Hemos de ir con cuidado a desvelar o a mostrar ante ojos que no sean los nuestros los poderes que tenemos – advirtió Agatha.

-Sí, así lo haremos hermana – tranquilizándola Dina.

-Ten cuidado, Silvana – le sugirió Ursula a a su hermana pequeña.

-Por supuesto – afirmó Silvana.

-Hay seres del más allá que sus almas viven en las penumbras de la noche… – Ten cuidado. – le recordó de nuevo Agatha..

-Lo tendré.

A silvano le enfurecía que por ser la hermana pequeña la trataran como una niña pequeña cuando en realidad de mentalidad no era así. Siempre había sido abierta, muy liberal y desenvuelta en la vida. Su don era muy importante para ella, al igual que los otros dones que habían adquirido sus hermanas. Lo más importante de todo era que debían de estar unidas. Nadie podía sospechar ni ver ningún efecto óptico de los poderes que tenían.

Siguieron haciendo de curanderas para los aldeanos y yendo al bosque por las noches para practicar sus poderes. Lo que no suponían era que una llamarada azulada y rojiza hiciera despertar la curiosidad del párroco, que muy a su pesar siempre había dudado de las curanderas; ahora tenía la prueba. No eran curanderas

-¡Son Brujas! – exclamó con los ojos abiertos, mientras detrás de unos arbustos veía cómo sus risas retumbaban con el eco y colores rojos y azulados salían de sus pócimas y hablando un idioma desconocido. Asustado, huyó de detrás de los matorrales.

-¿Habéis escuchado algo? – preguntó Ursula

-No, nada – dijo Agatha

-Nosotras tampoco

-Yo he notado las yerbas moverse – dijo Dina. ¿nos habrá seguido alguien? …

Decidieron irse con la duda de si habían sido descubiertas por alguien o no. Al día siguiente, todos los los ciudadanos se vistieron de domingo para ir a Misa. Mientras las cinco curanderas del pueblo se acercaban a la Misa Nati tuvo un mal presentimiento.

-Chicas – presiento que el párroco nos está observando….Está tramando alguna cosa – dijo Nati.

-¿El párroco? – preguntó Agatha. ¿puedes escuchar alguno de sus pensamientos?.

-Lo único que puedo deciros es que en lo que esté pensando, no son buenas sus intenciones.- afirmó Nati

-Sea lo que sea… – no nos separemos. – dijo Silvana.

Todas asintieron y miraron a Silvana que parecía muy segura de sí misma tras el don adquirido. Su pelo rojizo producía un efecto en ella atrevido y decidido, mientras miraba a la lejanía con sus ojos grises, como si estuviera viendo a alguien.

Nati para sus adentros empezó a escuchar los susurros de los ciudadanos que no paraban de mirarlas y de hablar entre ellos en voz baja.

Al entrar por el portal de la Iglesia un dolor breve pero intenso sintió Silvana en el pecho. Sus hermanas se dieron cuenta y en silencio entraron para evitar más sospechas. Silvana, recuperada, asintió con la cabeza, expresando que ya se encontraba bien.

Se sentaran en un banco sin hacer ruido y con la mirada se hablaban en silencio. Cuando el párroco apareció para dar la bienvenida a todos los presentes por un domingo más en el Iglesia, miró a las hermanas Mandy’s con una severa mirada que intuyeron negativa.

-En la misa de hoy hablaremos del bien y del mal, como eje central. – prosiguió el párroco – aclarándose la garganta.

-La misma historia de Adán y Eva nos cuesta cómo Dios creó al hombre y a la mujer y cómo estos se vieron envueltos por el llamado Pecado; la maldad en forma de serpiente, Al consumir del árbol del conocimiento del bien y del mal la fruta prohibida.

Hizo una pausa – y mirando de nuevo a las hermanas Mandy’s – prosiguió. – Como párroco de esta pequeña ciudad, considero que debo advertirles que una maldad abunda en nuestra amada y querida ciudad. – miró por segunda vez a ambas hermanas. Señor ten piedad de nosotros. Libramos de cualquier mal que abunde en nosotros. Amen.

Ruego un momento de silencio. – Se oían rumorear a las mujeres, hablando en voz baja. Nati empezó a escuchar los pensamientos del párroco y demás fieles. Algo iba mal, lo intuía, lo percibía al igual que sus hermanas. Se miraron y asintieron como modo de señal que algo ocurría y que en ellas se procesaba esa información sobre la maldad.

-Estoy segura que alguien nos pudo ver en el bosque – pensó Nati.

-Es lo más probable – asintió Agatha… dudosa

-Si es así estamos en un buen problema – afirmó Ursula

-¿Te encuentras bien? – preguntó Dina a Silvana – quien se hallaba cómo en trance tras los rumores que se oían en la Iglesia y que retumbaban en el silencio.

-Sí, lo estoy. – dijo pensativa. Preocupada, como vosotras.

Sus hermanas la vieron algo distante y dudaron de sus palabras; no muy convencidas.

-No os alarméis mis fieles ciudadanos, pero tengo que admitir que mi confesar un hecho. – Todos aguardaron en silencio y expectantes ante las palabras del párroco. – Prosiguió – Así cómo Adán y Eva se inclinaron hacia el pecado, yendo a caer por su voluntad al mal y desobedeciendo a su Creador. Aquí presentes, se hayan unas personas que no solo han traicionado la Fe en Dios y en nuestra comunidad, sino que nos han traicionado a nosotros.

-¡Las hermanas Mandy’s,! – señalándolas con un dedo. Sí, nuestras llamadas curanderas son ni mas ni menos unas brujas. – añadió eufórico. – Las vi en el bosque en una ocasión, creando pócimas extrañas de las que vi cómo creaban fuego y ver objetos moverse solos. y demás hechizos…

-Ohhh, pero cómo es posible! – todos exclamaron.

-Es cierto fieles míos, lo es. – repitió. Han incumplido ciertas reglas de la casa del Señor….

-Enfurecida, Dina – apretó los puños y las puertas de la Iglesia se abrieron con un soplo de aire que trajo consigo una tormenta que nunca olvidarían. Rayos y centellas se oyeron detrás de sus espaldas. La tormenta provocada por Dina asustó al párroco, quien no dejaba de mirar, asustado.

A continuación Agatha como hermana mayor de todas, levantó objetos de la Iglesia, incluido el cáliz – hemos sido curanderas toda nuestra vida y hemos curado a muchos de vosotros. – y mirando a todos los presentes – ¿ahora somos, nosotras las malvadas? – Negó con la cabeza. No me parece justo.

Las hermanas Mandy’s se levantaron y dirigiéndose hacia las puertas abiertas abandonaron la Iglesia.

-¡Os destruiré! – dijo alterado el párroco.

-No estés tan seguro – dijo Silvana, volviéndose para mirar el al párroco con una extraña y perturbadora mirada.

Silvana permaneció en silencio durante todo el camino a casa. Ursula se percató del extraño silencio y de las palabras que había dirigido al párroco. Sabía que su hermana tramaba algo, no podía saber el qué…pero Ursula sabía que esa noche el sueño no debía vencerla.

-Tuvimos que ser más prudentes – dijo Agatha

-Lo fuimos. Era inevitable. De todas formas el párroco debía sospechar de nosotras – por eso nos siguió – aclaró Dina

-¿Y ahora qué? – preguntó Ursula… – que será de nosotras, dijo dubitativa

-Una lucha a empezado y solo nos queda sobrevivir en ella. – respondió Silvana. – mirando a sus hermanas. Y en silencio abandonó la estancia y se fue a se fue a su habitación.

-Algo trama nuestra hermana – lo extraño es que no puedo escuchar sus pensamientos, así como pude hacerlo con el párroco… – dijo Nati, frunciendo el ceño.

Silvana en su habitación a oscuras, empezó a recitar unas palabras mientras miraba a la lejanía.

-¡0h!, Dios de la oscuridad, que proviene de las Tinieblas. Deseo comunicarme contigo. Necesito de tu Poderosa ayuda. Yo, Silvana, muéstrate ante mí. Una luz brillante empezó a brillar, dando lugar al Dios de las Tinieblas.

-Me has hecho llamar, Silvana – ¿Que es lo que deseas? – preguntó con su voz grave y aspecto tenebroso, enseñando sus colmillos afilados.

-Me encuentro en peligro. Mi vida y la de mis hermanas. La ciudad nos persigue, habiendo descubierto nuestros poderes…

-Yo te puedo ayudar, a cambio de tu alma y la de tus hermanas.

-¡Espera! – Salva nuestras almas. Yo a cambio te daré una nueva.

-Engendrar un hijo contigo, Dios de las Tinieblas para que destruya a todo aquel que este a su paso… – dijo decidida

-¿Estás decidida a hacerlo? – preguntó.

-Asintió –

-¡Oh!, Silvana. Me vas a ofrecer un alma. Lo que durante siglos he deseado.

Silvana y el Dios de las Tinieblas, se fusionaron, uniendo ambos cuerpos. Creando lo que parecía imposible en real. Mientras, el Dios de las Tinieblas adentraba en el cuerpo de Silvana, en su vientre iba creciendo una criatura. Ahora llevaba dentro de sus entrañas al propio Diablo en forma de un niño que iría creciendo a un ritmo más deprisa de lo normal.

Mientras en la sala comedor, Ursula vio como antorchas se acercaban para luchar contra ellas, pero Ursula se adelantó y quemó la Iglesia para vengarse y hacerles retroceder…

Silvana salió de su habitación, silenciosa y sus hermanas asombradas sin comprender, temían preguntar…

-Nadie nos hará más daño – afirmó muy segura. Me he aliado con el Dios de las Tinieblas. Juntos hemos engendrado a un hijo que va creciendo rápido. Él es niño que llevo dentro.

He salvado nuestras almas a cambio de dar a Luz al mismo Dios de las oscuridad.

Silvana vio a su hijo nacer fruto del pacto con el Diablo. Sus ojos eran grandes y azules y el color de su pelo rojizo como el de su madre y unos colmillos asomaban en su diminuta y hambrienta boca.

El niño empezó a alimentarse del poblado, empezando especialmente por el párroco y luego de los demás que le siguieron.

En Cinco Pasos abundan las almas de las cinco brujas y los ojos del niño permanecen abiertos, vigilando el lugar. Nadie ha vuelto a pasar por allí.

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