La Dama del piso de abajo, by Neus Sintes

Luis vivía en unos bloques donde uno de ellos, el de abajo no había estado habitado desde hacía muchos años. El vivía encima y en ocasiones, por la noche había parecido oír pisadas y voces…Muchas veces había pensado en bajar, tocar al timbre y apretarlo, pero el miedo había hecho retroceder. Aunque la curiosidad albergaba dentro de él.

Miró el reloj y se encaminó a la reunión de vecinos convocada para esa tarde. Después de hablar de los asuntos pendientes…

-Bueno, al parecer todo esta hablado. – dijo el Presidente – frotándose las manos

-¿por qué el bloque de abajo nunca se ha alquilado? – preguntó repentinamente Luis.

-Eh…bueno – siempre ha permanecido cerrado. – respondió este mirando de reojo a Luis. – ¿por qué lo pregunta?

-Curiosidad – solo era curiosidad…- frunciendo el ceño.

El Presidente se tocó la barbilla, pensando en la pregunta de Luis. Arrugó los labios y al llegar a su casa el aroma de la cena que había preparado su mujer le hizo olvidarse del asunto.

Armándose de valor Luis se enfrentó a sus miedos y decidió esa misma noche bajar al piso de abajo. Tragó saliva y despacio fue bajando las escaleras que conducían a él…peldaño a peldaño.

La puerta se encontraba cerrada, aunque intentó apoyarse en ella para intentar poder oír si algún sonido percibía dentro de la casa. No oyó nada.

Las pisadas y el sonido de unas llaves oyó que se acercaban…

-¡Alguien baja! – se dijo alarmado. Escondiéndose detrás de una columna para no ser visto.

Luis contenía la respiración cuando sus ojos se agrandaron al comprobar que las pisadas se acercaban más. Era el Presidente, en sus manos llevaba las llaves que abrían la puerta a la vivienda de abajo.

-¿Qué hace el Presidente aquí abajo? – se preguntó Luis dubitativo y sorprendido a la vez.

Abrió el pomo de la puerta con cautela, mientras Luis mantenía la respiración., queriendo saber que era lo que ocultaba el Presidente….Creyó oír un suspiro, aunque no estaba seguro del todo. Pero de algo sí estaba convencido. De que allí abajo vivía algo o alguien y el Presidente ocultaba…

En silencio subió los peldaños que conducían a su piso y pasó la noche en vela pensando. El Presidente considerado por todos un hombre formal y trabajador. Fiel a su esposa y a sus obligaciones. Nunca imaginó que fuera lo que fuese lo que ocultaba, traicionase y mintiera a sus vecinos y a su mujer. Se prometió a sí mismo que volvería a bajar y hallar la verdad.

Desde su habitación, Luis se encontraba pensativo. Pensando en lo sucedido la noche anterior. Antes de volver a bajar intentó agudizar el oído para intentar oír de nuevo algún sonido, pisada…no le gustaría reencontrarse con el Presidente, de nuevo.

Noche tras noche, oía voces y pisadas, de nuevo retumbar en su cabeza. No podía conciliar el sueño. Bajó de nuevo los peldaños y se armó de valor para bajar al piso de abajo y poder tener la suerte de hallar una pista, algo, que le llevará a saber qué era lo que ocultaba el Presidente…

Miró a su alrededor. Con los nudillos llamó suavemente a la puerta.

-Toc, Toc.. – llamó. Mientras unas pisadas empezó a oír.

El pulso se le aceleró cuando la puerta empezó a entreabrirse poco a poco. Una bella dama recién salida de la ducha le miró por el rabillo del ojo. Sus ojos negros, grandes y de intensa mirada, miró a Luis; extrañada.

-¿Quién eres?, ¿te envía el Presidente? – preguntó dubitativa.

-No me envía nadie. – Soy Luis el vecino de arriba.

-Aquí solo sabe que estoy el Presidente… – tapándose la boca como si algo no debiera haber dicho..

-¿Puedo pasar? – preguntó Luis… – o interrumpo

-No debería. Aunque no creo que baje hoy a visitarme… – dijo indecisa.

Le habría varios candados, y una bella dama apareció ante la mirada de Luis. Era una muchacha de cabellos castaños, recién salida de la ducha. Pequeñas gotas de agua caían del pelo. Asió una toalla y se envolvió con ella sus cabellos descubriendo a la vista un esbelto y largo cuello. Iba descalza, con el cuerpo cubierto con tan solo una toalla.

-Lo siento – se disculpó. Te cogí en un mal momento.

-No lo sientas – dedicándole una sonrisa. En verano siempre sienta bien una ducha. -se excusó. Por cierto, mi nombre es Dalila.

-Luis se presentó.

-Eres el primer vecino que ha entrado, a parte del Presidente….

-¿Te puedo preguntar algo?, No contestes, si no lo deseas. – le dijo Luis

-¿Porque vives aquí sola y encerrada?. La vivienda parece abandonada y de ella el letrero roído por el tiempo de “Se alquila” se ve desde afuera. Muchas noches he oído pasos y voces creyendo que estaba abandonada y encantada. – soltó una media sonrisa. Ahora por lo menos sé que no hay fantasmas.

Dalila suspiró – ahora ya sabes que no soy un fantasma. – dedicándole una dulce sonrisa.

-Te importa si te dejo un segundo. Iré a ponerme algo de ropa…- mirando aún la toalla envuelta en su cuerpo. El de un cuerpo de curvas perfectas que Luis no dejaba de observar. Caminó hacia la habitación con una soltura como si de una danza se tratase. Veía sus diminutos pies descalzos andar , como los de una bailarina.

Minutos después Dalila apareció con un vestido veraniego y sus cabellos sueltos que le caían sobre los hombros. Se sentó junto a Luis, respondiendo a su pregunta.

-Vengo de un pasado oscuro donde el Presidente, cuyo nombre desconozco, me ofreció un piso estable en el cual poder vivir, en secreto. A cambio de ofrecerle lo que su esposa no le da como mujer. – silencio –

Tras un largo silencio, Luis detectaba un miedo desconocido en la mirada de Dalila…

-Espero poder confiar en ti. Que este secreto quede entre nosotros. No sabes nada de mí, no me has visto ni entrado aquí. Ni mucho menos hemos mantenido esta conversación.

-De acuerdo- afirmó. De todos modos – añadió – no deberías sentirte atrapada en estas cuatro paredes, por mejor lugar que sea, del que hayas venido. Ni mucho menos ser algo que no desees ser con o para el Presidente.

Dalila quedó pensativa con las palabras que Luis había dicho. Entreabrió los labios para decir algo, pero se detuvo en seco. Miró fijamente a Luis mientras cerraba la puerta lentamente, sin dejar de mirarlo.

Había transcurrido una semana y Luis no podía olvidar a Dalila. Soñaba con esa delicada belleza, atrapada en el interior de una vivienda; sola. Presa del Presidente de la comunidad. En su interior pensaba en rescatarla de allí. Llevaba toda la semana pensando en cómo volver a verla, en cómo poder rescatarla de las manos del Presidente.

-Te noto distinta Dalila – le respondió el Presidente. Mientras no dejaba de acariciar su piel suave y cremosa.

-Oh, no es nada. – le contestó con una sonrisa. Sera cansancio, mientras se incorporaba en el sofá-cama acariciando al Presidente, eliminando cualquier duda de preocupación en el rostro varonil de éste.

-Conozco una forma de quitar el cansancio, Dalila – le respondió acariciando el nacimiento de sus pechos.

Con ambas manos acariciaba sus grandes pechos, sorbiendo de ellos, ansioso de sed ofreciéndole a Dalila una nueva sesión de placer carnal con su cuerpo casi desnudo, a sabiendas que no podía hacer nada. Se había acostumbrado a las rutinarias noches en las que la venia a visitar en busca de placer.

Luis intentaba no pensar, ya que cuando lo hacía, a su mente le venían aquellos ojos intensos de Dalila…Solo pensar que El Presidente era quien cada noche poseía a Dalila le entraban arcadas y ganas de pelear con él. Evitaba reencontrarse con el Presidente por el mismo motivo., a sabiendas ahora de la verdad.

Una verdad de la que quisiera o no, el estaba involucrado…aunque prometió a Dalila guardar el secreto, en su interior deseaba rescatar a aquella dama cuyo nombre era Dalila. Quedó impregnado en su piel el recuerdo de sus pies descalzos y diminutos. Y ese cuerpo cuyas curvas de mujer dejaban a uno sin aliento…

-¡Maldita sea! – dando un golpe seco en la mesa – maldiciendo el no poder hacer nada por ayudar… ¿O si?…

Mirando a la lejanía, apretó los dientes con fuerza sin dejar de tener los puños cerrados. Pensó en el Presidente, y en cómo debía gozar cada noche y saborear cada poro de su piel, como si de un valioso tesoro se tratase…

Dalila sucumbía a los deseos del Presidente cuando oía los cerrojos abrirse. La figura de un hombre alto y robusto de grandes manos reaparecía en el piso para recibir su postre de cada noche. Empezaba a desprenderse de las prendas de Dalila. Ésta obedecía sin rechistar, sumisa a sus peticiones. A sabiendas de que si le fallaba, se vería en la calle.

-Dalila, ábrete más.! – Para que pueda entrar en cada orificio de tu cuerpo que me pertenece, que es únicamente mío – ordenó

-Si, mi Presidente – respondió – jadeando. Mientras pensaba en Luis y en las palabras que quedaron grabadas en su mente.

-Esta noche, Dalila te he encontrado, de nuevo pensativa…. – le dijo el Presidente, con el ceño fruncido. – ¿Me estás ocultando algo? – esta vez con tono más severo.

-Oh, no. En absoluto. Me encontraba cansada – excusándose

El Presidente se tocó la perilla, – ¡No me defraudes!. – dijo cuando se disponía a marchar.

-¡Espera! – Presidente, ¿Porqué tengo que permanecer encerrada? – preguntó mientras cubría su cuerpo con un fino blusón color marfil.

-Ay Dalila, Dalila… – Creía que ya habíamos hablado de ello y que había quedado claro. Hace unos meses que te saqué de ese turbia y oscura vida para ofrecerte una mejor – mientras alzaba las manos, enseñando lo que le rodeaba.

-Cierto. Y le doy las gracias por ello… – pero, me siento encerrada., presa y sola.

-Me tienes a mí – le susurro. Placer a cambio de una vivienda. Muchas hubieran deseado lo mismo. Pero no, tú Dalila fuiste la afortunada. Te alejé de ese turbio y apestoso local de Streptess.

Dalila bajó la mirada, pensando en que tenía por un lado razón. Por otro lado decidió no decir nada más esa noche. EL Presidente la miró, le levantó la barbilla para que sus ojos se clavaron en los suyos.

-Me perteneces, tú lo sabes – mientras acariciaba el perfil de su rostro, observando su cuerpo desnudo bajo el blusón color marfil.

-Asintió-

-Así me gusta. Buena chica. Todo irá bien si cumples con tu deber – terminó por afirmar, dándole una palmada en el trasero, mientras éste salía por la puerta.

Luis había escuchado partes de la conversación entrecortadas, que intentó captar sin mucho éxito. Pero el portazo de la puerta de abajo le confirmó de que algo había ocurrido y que Dalila podría estar en peligro….Solo el mero hecho de pensar en Dalila le atormentaba.

-Voy a bajar – se dijo a sí mismo – decidido.

Intuía que algo iba mal, su instinto se lo decía. También sabía que rompería la promesa que le prometió a Dalila. Se encaminó escaleras abajo, y encontró los candados cerrados. Al tocarlos detectó que alguien había estado antes. Los candados se encontraban resbaladizos, como quien los toca con las manos bañadas en sudor.

-Toc, Toc – llamó con los nudillos, esperando alguna respuesta.

Unos ojos asomaron por la mirilla de la puerta, abriéndolos de asombro al ver a Luis tras la puerta. Dalila le dejó entrar y se aferró a el con un temblor en el cuerpo;

-¿Te encuentras bien?, – preguntó Luis. He oído la puerta cerrarse con bruquedad.

-Luis, le he dicho lo que sentía y se ha enfurecido. – mirando —-a los ojos

-Shist! – no digas nada. – la tranquilizó mientras de pie en la estancia Dalila sollozaba abrazada a Luis.

-No tenemos tiempo que perder, Dalila – sujetándola de ambas manos.

-¿Que quieres decir? – dijo confundida.

-Nos iremos. si tú lo deseas…

-Asintió – No hay nada más que desee que salir de aquí.

Lejos de aquí, de esta comunidad y del ambiente que lo envuelve… – Mientras Dalila se vestía con una camiseta y unos pantalones cortos

Cogidos de la mano se embarcaron en la noche oscura a emprender una aventura que ni ellos mismos sabían donde les llevaría. Luis se detuvo por breves instantes, observando la lejanía sonriendo. Dalila lo observaba, agradecida de que Luis ese día la hubiera encontrado. Lo que nunca llegó a pensar es que la rescataría. Alzó las puntas de los pies y un tímido beso le ofreció en su mejilla.

El se quedó mirándola y la levantó al vuelo haciendo una vuelta a su alrededor. Las piernas de Dalila enredadas en la cintura de él se miraron sin decir nada. Entonces fue Luis quien la beso; esta vez en los labios.

Un gran camino todavía les faltaba por recorrer. Gozaban de esa libertad, privada sobre todo para Dalila. A donde dirigirse….ni ellos lo sabían, lo que sí sabían que muy lejos de allí, de esa ciudad. Perderse en alguna isla tranquila, tal vez. Donde el mar estuviera cerca y la brisa rozara su piel…Dos siluetas caminaban solitarias dando la espalda a la civilización. Eran dos fuerzas unidas en una.

Por otro lado el Presidente enloqueció tras huir Dalila y Luis. Y fue sometido a disputas que todos los vecinos incluida su mujer. Todos habían recibido la misma carta que antes de rescatar a Dalila, Luis les había entregado por debajo de sus puertas:

“Estimados vecinos y a mi mujer,

Tengo que comunicarles que les he defraudado como Presidente durante este año y a tí mi mujer, como marido. soy consciente de que en el piso de abajo tengo prisionera para mis placeres carnales a una mujer a cambio de tener una vivienda…Y como sé que debíamos alquilarla, me he dignado a hacerlo por el bien de la comunidad y por otro lado, conveniencia mía.”

Ruego me perdonen algún día, si es que lo hacen. Y a ti mi querida mujer.

El Presidente.

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