El último día de vacaciones llegó. Una tristeza invadía mi alma en pensar en abandonar esa isla de la cual me traje conmigo un millar de recuerdos que en mi mente y mi corazón residían. Posé la mano en la ventanilla del avión y con mirada melancólica, prometí regresar, para volver a saber de ti.

Meses más tarde decidí emprender el vuelo del que había partido. No te había olvidado, no podía olvidarte. A tu lado necesitaba estar. Mi vida era un vacío sin tu existencia. Sin mirar atrás subí las escaleras que me conducían a una nueva vida junto a ti.