Esas alas de plástico servían para volar. Eran muchas las ocasiones en las que Silvia se lo decía a su madre. Pero su madre nunca le hacía caso. Veía a su hija corretear por la casa disfrazada con aquellas alas de plástico detrás de su espalda, como si de una hada u ángel se tratase.

Un día probó a volar. Se deslizó sobre la repisa y emprendió el vuelo. Las alas de plástico la condujeron a un lugar donde se encontró con personas cuyas alas de plástico reposaban en su espalda.