Una parte de mi ser te conoció, by Neus Sintes

En una época, la vida hizo que conociera a un hombre con grandes cualidades pero también con un pasado oscuro que una parte de su ser le convirtió en una persona con rasgos de misántropo. E aquí su historia.

Su niñez no fue fácil y aunque apenas hablaba de ello, conmigo supo desahogar parte de su vida, gracias a esa pequeña confianza que había adquirido conmigo. De cómo se crió en la Bella Italia, rodeado de mujeres; su madre y sus dos hermanas. Él era el único varón de la casa. Desconocí lo que sucedió con su padre o de lo que fue de el. Pero de una cosa sí estoy segura. Su niñez no fue fácil, por no decir que el no tuvo la niñez de cualquier otro niño. En vez de niñez, vivió en un constante sufrimiento.

El amor que le proporcionaron las mujeres de la casa fue lo que le aliviaba su atormentada vida.

Con el tiempo y ya siendo mayor de edad emprendió el camino a la libertad, en solitario. Viajó a diferentes lugares y aprendió de cada uno de ellos diferentes culturas que le proporcionaron el saber de cuánto sabe.

Con el tiempo confesó que se consideraba un tanto misántropo. Había viajado y navegado por tantos lados sin encontrar un rumbo fijo en su vida. Considerado por las mujer un amante empedernido, de caminares seguros y mente equilibrada con una labia que hacia embelesar a cuánta dama se le acercase. De complexión delgada y ojos pardos grises cuyos rizos dorados hacían de él un hombre verdaderamente atractivo.

Sus tatuajes, significaban cada uno de ellos un símbolo que le hacía recordar…a qué o a quién; no se sabe. Llevaba prácticamente por todo su cuerpo.

Pero aunque se crió con mujeres a su lado y amó a muchas de ellas con fervor, nunca llegó a mantener una relación estable. Su debilidad de desconfianza y rechazo que le había atormentado durante su niñez, ahora salía a la luz. Vivía en un constante estado de guerra contra otra.

“El hombre es el lobo del propio hombre”.

El mundo le enfermaba y no veía ninguna razón para creer que mirando las cosas con mejor perspectiva pudieran parecer diferentes”. Al mantener alguna relación duradera, le venía el miedo de nuevo. El miedo de la convivencia de vivir con su pareja de forma definitiva. Por eso se aislaba, silencioso como el viento, encerrándose en su casa sin querer estar ligado a ninguna otra persona, aunque éste la amará.

Podía llegar a amar muchísimo a una persona como de la nada ir desapareciendo con sumo dolor de su vida, por temor a continuar en una relación que podría llegar a ser seria. A raíz de eso momento un pánico se apoderaba de el, sin más. La sociabilidad no era digamos lo que mejor se le había dado…

Centrado en su soledad y en el miedo de volver a fracasar en alguna relación, le embargaba una ansiedad que le hacia adelgazar en exceso. Alimentandose del amor de su soledad y del amor que le podian proporcionar sus amantes. Había vivido una vida intensa, llena de locuras incesantes. Pero cuando llegaba a la cumbre de continuar una relación para convertirse en una relación seria, entonces se venía abajo. No había nadie sobre la faz de la tierra que pudiera hacer nada por el. Solo el podía luchar contra ello. Era su lucha.

Desde una lejana distancia solo puedo aconsejar “Lucha, La batalla nunca está perdida”. Aprende a confiar, aprende a amar, aprende a convivir, a dar ese paso más y a superarlo.

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