Saborear la fruta prohibida, by Neus Sintes

Minerva conocida como la buena chica de la familia, la que siempre esta dispuesta a ayudar cuando se la necesita. Comprometida a sus veinte cuatro años con su novio de toda la vida. Fiel a su compromiso y a todo lo que eso significaba renunciar.

Por la televisión, las noticias anunciaban que una ola de calor se aproximaba. Era el mes de agosto, hacía un calor sofocante. Su piel pálida contrastaba con su pelo oscuro, de ojos color esmeralda.

Su vida se había convertida en una rutina diaria. Su prometido de vocación abogado, era de carácter firme y refinado. Aunque era atento y cariñoso, la chispa del amor del primer día, parecía haberse esfumado. Dando paso a una rutina diaria.

Una llamada telefónica la hizo despertar de sus pensamientos, mientras se miraba el anillo de compromiso que en su dedo anular reposaba.

-¿Diga? – preguntó

-Soy yo, Selene – respondió la voz de una chica.

-Hola Selene, cuánto tiempo! – respondió Minerva con un tono de sorpresa y jovialidad al mismo tiempo.

-Chica, ayer mirando el álbum de la escuela pensaba en todas aquellas amigas a las que había perdido la pista – y tú eres una de ellas.

-Lo sé. Desde que Alejandro me pidió compromiso, no he podido quedar como hacíamos antes… – dijo disculpándose. Ya sabes, todo lo que conlleva y en fin. Os he tenido algo abandonas.

-Bah, mujer!. no te preocupes. Es normal. Cuando llevas ya seis años con una relación tan estable como la vuestra… – dejó soltar un suspiro. Es complicado a veces quedar, como antes.

-Minerva este fin de semana he reunido a un par de amigas  y demás chicos de la escuela en mi casa. Celebraré una fiesta de antifaces. Me gustaría que pudieras venir. Hace mucho de tu ausencia. – Prométeme que lo pensaras, ¿de acuerdo? – recordaremos viejos tiempos.

-De acuerdo. – asistiré. Me apetece veros, concluyó. – su mente recordó que las fiestas de Selene siempre estaban abarrotadas de gente.

Minerva hacía tiempo que no salía sino era en compañía de su prometido. Mientras preparaba la cena, miró el reloj de cocina. Pronto Alejandro regresaría. Habitualmente, cansado de todo el día y sin ganas de más.

-Cariño, ya he regresado – dijo una voz masculina.

-Minerva fue a recibirle en la puerta, con un beso en los labios

Durante la cena un silencio largo e inquietante se había prolongado de más. Los pensamientos de Minerva en cómo decirle que la habían invitado sus viejas amigas de la escuela a una fiesta y que el no estaba invitado.

-Alejandro – rompiendo el silencio en la mesa.

-¿Sí? – preguntó éste mientras se limpiaba los labios con la servilleta.

-Este fin de semana una vieja amiga del colegio me ha invitado a su casa. Van a celebrar una fiesta – le dijo, mirándole directamente a los ojos

-Oh! – bien. – tocándose la perilla, pensativo. Si te apetece ir… – respondió con desdén.

-Si, Alejandro. Me apetece ir. Y no necesito tu consentimiento. – Minerva se levantó enfadada. – también yo tengo una vida. Y no tengo que pasarla aquí, encerrada en la casa.

-Espera – levantándose de la silla. No era mi intención..

Pasaron la noche durmiendo en lados opuestos de la misma cama. Minerva pensando en si en verdad se había perdido tantas cosas estando con Alejandro, o al contrario, debía sentirse afortunada de convertirse en la futura mujer de un abogado.

Por otro lado, Alejandro sin comprender el comportamiento de su prometida, prefirió no darle más vueltas y entender que solo se trataba de algo pasajero. Mujeres… – pensó. Y cerró los ojos.

Se aproximaba el fin de semana, acompañado de una ola de calor. Las gotas de sudor empezaron a surgir por la frente de Minerva. Se levantó de la cama y a medida que se iba quitando el blusón de noche, su cuerpo desnudo se adentraba en la ducha. Cerró los ojos, mientras el agua refrescaba su cuerpo y su mente.

Su amiga Selene vivía en una casa grande heredada de sus familiares, por eso se podía permitir el lujo de celebrar un montón de fiestas. Convertía su casa en una discoteca. Minerva empezó a arreglarse. Se sentó en su tocador mientras cepillaba su lacia melena con delicadeza. Empezó a arreglarse eligiendo un conjunto veraniego e informal. Un top negro y una minifalda ceñida a la cintura. De su estuche de maquillaje escogió un rojo intenso pintalabios que resaltaba con su piel blanca. Se miró en el espejo y poniéndose el antifaz para la fiesta salió por la puerta.

-Alejandro, me he ido a la fiesta. – escribió. La cena la tienes en la nevera. Minerva.

Minerva llegó a la fiesta. Estaba lleno de gente, todos con sus antifaces de diversos colores. Gente bailando, bebiendo, podía percibir las risas desde el fondo de la habitación. Entró despacio, mirando a su alrededor, para ver si encontraba a su amiga Selene. Miradas se cruzaban con las suya, invadiéndola. Hasta que una voz conocida, la de Selene le saludaba con la mano.

-Hola guapa! – me alegro de verte. Estas preciosa.

-Hola Selene! – Has montado una gran fiesta – le contestó mirando a su alrededor.

-Anda, ven! – ambas amigas se cogieron de la mano, llegando a la barra. Donde tomaron una bebida que Minerva desconocía, pero que sabía genial.

-Dicen- que esta bebida es pura dinamita. – contestó Selene –  mirando a los ojos a Minerva

-¿A que te refieres? – respondió Minerva, dubitativa.

-A que cuando la pruebas no tienes vuelta atrás…

Al cabo de un rato Minerva se vio envuelta en una especie de nube. Aunque su amiga ya había empezado a sentir los síntomas, Minerva sentía dentro de sí un calor poco habitual en ella.

Se fueron balanceando, hasta llegar a la pista donde al son de la música bailaron rodeadas, sobre todo de miradas masculinas que las observaban. Todavía animadas por la bebida, seguían notando una calor que les ardía muy fuertemente dentro de sí. Llegaron al sofá más cercano, riendo sin parar.

-Qué fuerte, tía! – cuánto tiempo sin reírme de esta forma – mirando a Selene

-Pues mira a esos dos. Están mas buenos…humm – relamió la lengua Selene hacia uno de ellos, insinuándoles.

-Estoy ardiendo! – mordiéndose el labio superior

-Hola preciosas! – dijo uno de los chicos, mientras hacían hueco para sentarse junto a ellas.

-¿Nos conocemos, guapetón? – le contestó Selene, atrevida.

El otro chico no paraba de observar a Minerva, quien tenía  a su lado. A través del antifaz podía ver esos ojos color esmeralda que de algún modo le atraían. El efecto de la bebida también ayudaba. Todos iban algo subidos de tono.

-¿Quién es tu amiga? – preguntó el chico que Minerva tenía a su lado.

-Soy Minerva, ¿y tú? – le pregunto, con el calor en su cuerpo.

-¿Quieres conocerme? – le pregunto, recorriendo suavemente con un dedo el escote de Minerva con suma delicadeza y sensualidad.

Como una felina ansiosa de sexo, le respondió a su pregunta y se inclinó hacia sus labios, besándolos ardientemente.

-Sí, me apetece conocerte – le contestó, susurrándole en el oído.

Mientras, su amiga Selene en torno al cuello de su acompañante empezaron a juguetear con pequeños mordiscos en el cuello, dejándose llevar. Un frenesí incontrolable ardía en los cuerpos de ambos.

Por otro lado Minerva empezó a sentir una nueva sensación  en su cuerpo. Se sentía deseada y poderosa. Sentía que cada caricia redondeaba y daba forma a cada una de las curvas de su cuerpo.

La música seguía resonando en su cabeza, mientras otros bailaban sin darles importancia. Minerva empezó a sentir como sus pechos iban quedando al descubierto, hasta que sus pezones, estaban cada vez más erectos. Comenzó a sentir manos y bocas por todo su cuerpo; se estremecía con las caricias en el cuello, al tiempo que notaba como unas manos subían por sus piernas, deshaciéndose de la falda que llevaba sujeta a un lado, con suma facilidad.

Únicamente cubrían su rostro el antifaz que aún llevaba puesto y su tanga color marfil. Pronto los cuatro se quitaron los antifaces dejando al descubierto sus rostros.

-Eres tan hermosa, Minerva – le susurró al oído mientras seguía acariciando su cuerpo

-Vayámonos arriba…dijo Selene, sin dejar de gemir.

Subieron los peldaños, sujetando a las chicas en brazos. Conducidos por una pasión incontrolable fueron a la primera habitación que encontraron. Dejándose llevar.

Minerva echada sobre la cama se encontró cara a cara con la de Selene. De repente, algo extraño en sus mentes empezó a a surgir. Su grado de excitación era absoluto. Empezó a besar los labios de Selene, mientras sus manos jugaban suavemente con sus pechos. Sus labios eran grandes, carnosos. Sus besos tiernos, húmedos, con la cadencia exacta de alguien que ha besado muchas bocas. Sus lenguas jugaban y se entrelazaban. Mientras los chicos se ponían más excitados al verlas juntas.

El chico que tenía detrás separó las piernas de Minerva mientras le quitaba con agilidad el tanga que llevaba, dejando a la vista un pubis empapado, deseando ser saboreado. Poco a poco el chico fue introduciendo su miembro erecto dentro de Minerva. A medida que empujaba sentía como iba llenando de su sexo. Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando notó su glande, caliente y duro, contra su vagina.

Varios fluidos se mezclaron en aquella habitación. Donde Selene y Minerva gozaban sin parar y sin reparo alguno de ser observadas.

El compañero de Selene empezó a observar a Minerva, mientras su amigo seguía empujando su sexo dentro de ella. No paraba de mirar. Era una mirada que aumentaba su morbo y que le incitaba aún más. Podía sentir como crecía su excitación con cada gemido que salía de su boca mientras era penetrada una y otra vez.

A partir de ahí, una nueva cascada de sensaciones inundó su cuerpo y su mente. Los orgasmos se sucedieron uno tras otro hasta perder la cuenta. Aquella noche vivió el presente como antes no lo había hecho.

La bebida parecía que les daba más energía. Una energía que no podía controlar pero sí ansiar.

-Tengo sed – mi garganta esta seca – dijo Selene

-Quieres un poco de mas de mi leche – se ofreció uno de ellos, sonriendo.

-Necesito más energía. Necesito de la bebida de antes.

-Humm… – yo también, chicos – contestó Minerva. ¿vosotros no?

-Muñeca, si te tienes que portarte como lo has hecho hasta ahora – levantando un poco la barbilla y mirando a Minerva a los ojos, te la traigo encantado.

Ahora regreso. Traeré un par de bebidas para que no falten – soltando un beso a ambas chicas y guiñando un ojo a su amigo que estaba con ellas. A las chicas les entró la risa contagiosa.

-Selene, basta! – que me contagias la risa

-Lo siento. Que no puedo parar

-Queréis que os haga parar.. – intervino el chico con una sonrisa pícara.

Las chicas se miraron, respiraron hondo y mirando al chico que tenían delante. Pararon de reír.

-Sed buenas, anda! – indicándoles con un dedo a que se pusieran de rodillas.

-Chupármela! – ordeno. Las dos a la vez. Así tendréis para sorber hasta que mi amigo venga.

Todavía con el éxtasis en el cuerpo, Selene y Minerva se cruzaron una mirada atrevida y empezaron a chupar una a una el gran miembro erecto del chico que poco a poco iba aumentando. Los gemidos fueron resonando de nuevo en la habitación.

Cuando su compañero entro con las bebidas, se sorprendió al ver la escena.

-No me habéis esperado! – respondió, sorprendido. Yo que os traigo vuestra bebida preferida… Se tocó la perilla, mirando a su compañero cómo gozaba.

-Vaya, vaya. – te has quedado anonadado, eh!.

-Parad, chicas!. Mira quien ha venido – contestó sonriendo

-Oh! – exclamó Selene. Gracias, cariño.

-Veo que no habéis perdido el tiempo. Así que si queréis la bebida – levantando las copas. Tendréis que hacerme un pequeño favor, las dos.

-Por favor, venga – no te enfades.

-Es verdad, no te enfades. El nos ha obligado.

-Saboread el mío también. Creo que me lo debéis. Yo os he traído la bebida – guiñándoles un ojo a cada una.

Minerva y Selene empezaron de nuevo a lamer y chupar el miembro erecto  de quien les había traído la bebida que les haría estallar de nuevo, en un mundo transportado por la sensación de dejarse llevar.

-Buenas chicas, sí señor – Así se hace.

Al cabo de un rato, se sentaron los cuatro exhaustos en la habitación, y empezaron a sorber de aquélla bebida que sabía a gloría que les daría un empujón enérgico y ardiente en sus cuerpos. Cada sorbo era mágico, profundo. Minerva empezaba a notar los síntomas, el calor volvía a subir por su cuerpo, ardiendo en llamas.

-Por cierto…¿queda alguien abajo? – pregunto Selene. – Me he olvidado de la gente.

-Muñeca, se han ido todos. Solo estamos nosotros. – afirmó

-No solo nosotros…observó Minerva. ¿Hay alguien en las otras habitaciones?

-Algunas veces algunos suben y se encierran a a pasar la noche…- pero no molestan, van a lo suyo, como nosotros. – contestó Selene.

-¿os queréis marchar, ya? – preguntó

-Oh, no! – tenemos toda la noche. – dijeron a la vez, Luis y Guillermo.

-Además, como querría marchar, teniendo a dos preciosidades como vosotras a mi lado – contestó, Luis, guiñando un ojo a Guillermo.

-Bien es cierto – afirmo, Luis. Olvidémonos del tiempo, aunque sea una vez en la vida.

En uno de los armarios encontraron vendas y demás instrumentos de placer. El placer fue en aumento y los cuatro formaron ideas picantes en sus mentes que querrían llevar a cabo, aunque no lo dijeran en voz alta.

Se volvieron a dejar llevar por el fuego ardiendo en su vientre. Los cuatro querían más. Minerva y Selene volvieron a moverse seduciendo a los chicos. Ambas volvieron a toquetearse, pero esta vez más a fondo. Los chicos siempre siempre habían deseado estar con dos chicas y que fueran cómo ellas. Ya fuera por el efecto de la bebida o no. Las deseaban. Y ellas se dejaban desear.

Empezaron a estimularse tocándose, acariciándose. Descontroladas por un frenesí y una renovada energía que les había proporcionado la suculenta bebida, por otro lado también refrescante.

Sus bocas volvieron a besarse, proporcionando pequeños mordiscos mientras sus manos bajaban lentamente de la cintura hasta sus pubis. Fueron estimulando su vulva mientras ofrecían a los chicos una visión de cómo dos mujeres podían darse placer.

-¿Os apetece darnos placer entre los cuatro juntos?…- propuso uno de los chicos – alzando una ceja

-Te refieres los cuatro juntos a la vez – Selene miro divertida a Minerva.

-Humm…suena bien. – respondió Minerva mordiéndose el labio inferior, todavía más excitada.

La cama estaba a un lado de la habitación. La habitación era bastante grande. Según les contó Selene eran dos habitaciones. Cuando entró a vivir ya estaba convertida en una sola habitación.

-Mirád una colchoneta en pequeño! – encontró curioseando Minerva en el armario.

-Anda, déjala en el suelo.!. – le rogó Selene

De pronto, dejaron de hablar y los efectos en los cuatro empezaron a surgir. Los pezones de Minerva se endurecieron como también el miembro masculino y erecto de los chicos.

-Chicas malas y curiosas – dijo Luis, que parecía el más pícaro.

-Vamos a divertirnos – dijo Guillermo, pero ahora nosotros también queremos estimularnos.

Selene volvió a soltar una risita traviesa y mirando a Luis que tenía delante fue bajando hacia su miembro, erecto, poniéndose de rodillas. Empezó a estimular al chico que tenía delante. Guillermo sin poder resistirse a sus encantos penetró poco a poco analmente a Selene, quien en ese momento le pilló desprevenida, soltando un gemido de dolor que se convirtió luego en placentero. Mientras sus caderas se movían a un ritmo parsimonioso. Hacia adelanta y hacía atrás. Minerva no quería quedarse fuera de juego así que sólo le faltaba un orificio por donde todavía podía dar placer a su mejor amiga. Se tumbó en la colchoneta, donde colocó su cuerpo en dirección a la vagina de su amiga. Fue introduciendo sus finos dedos en ella, convirtiendo todas las partes de su cuerpo atrapadas por cada uno de ellos. Su cuerpo empezó a temblar de placer. Se revolvía como una gata, hasta que estalló en un poderoso orgasmo, mientras notaba que los chicos también se corrían dentro de ella. La lujuria que se percibía en el ambiente era más poderosa que cualquier droga. Todo mezcla de fluidos se combinaban entre sí, dando lugar a una orgía que había empezado a cobrar vida entre los cuatro. El lado salvaje de Minerva había despertado.

Minerva fue a dar un sorbo de la copa , mientras Selene se echaba en la cama, retorciéndose de placer, humedecida, exhausta pero con ganas de seguir jugando.

-Mirad una venda! – encontró de entre los cajones Minerva

-Serás curiosa- rió Luis.

Déjamela ver – insistió Guillermo. – quien se la puso a Minerva en los ojos, sin que ésta pudiera ver nada.

-No veo nada! – exclamó

-De eso se trata,- afirmó Guillermo.

-¿Te apetece jugar? – le dijo, mordisqueándole el lóbulo de la oreja con suavidad

-Hummm – gimió, empezando a excitarse como nunca.

-No veo nada.

-No importa, cariño – lo pasaremos bien, ya verás.

Guillermo la sujeto llevándola a la cama, donde Selene antes había estado. La nueva sensación de no poder ver nada, la impacientaba, aunque a la vez le atraía. Acostumbrarse a las nuevas sensaciones. Entreabrió los labios resecos por la ansia. Fue Luis, entonces quien se los besó. Se quedó pensando si serían los labios de Guillermo o del Luis. Empezó a notar cómo su piel se erizaba al notar cómo alguien le recorría su cuerpo con una pluma. Sabía que era una pluma, por su tacto y suavidad, mientras a la vez notaba cómo lamían y mordisqueaban su cuello suavemente, suaves caricias recorrían su cuerpo, estimulándola, Sus pezones erguidos por la pasión, proclamaban sexo. Mientras, por otro lado, alguien le extendió los brazos y se los cruzo y ató en los barrotes de la cama.

-No te escaparas, muñeca – le dijo Luis, besando en los labios

-Pero… – exclamó, suplicando.

-Shiist – un dedo le silenció los labios.

-Relájate, no habrá momento igual como éste – eres afortunada.

-Ohh! – me gustaría estar en tu lugar, Minerva – exclamó Selene.

Minerva se relajó al oír la voz de su amiga. Selene se inclinó a su oreja y muy suavemente y con voz excitante le dijo – estoy mojada, gracias a ti…Déjate llevar.

-Vamos a a jugar a saborear tu cuerpo los tres! – exclamo, soltando una risita Selene.

Minerva fue relajando los músculos sabiendo que Selene también participaba. Atada de manos y sin poder ver nada. El placer empezó a surgir efecto en los besos y caricias que los tres le proporcionaban. Mientras le besaban los labios, otro le mordisqueaba el lóbulo de la oreja, llevándola a excitarse. De nuevo notó la pluma recorriendo todas la partes de su cuerpo. Sus pechos, llegando hasta el ombligo y las inglés. Pequeños gemidos empezaron a salir de sus labios. Sus piernas se abrían dando paso a un pubis humedecido, cuyos labios uno de ellos empezó  a devorar con ansia. Empezó a sentir  como introducían la lengua dentro de su pubis. Gemidos de placer, empezó a retorcerse.

-¿Tienes sed? – preguntó, Guillermo.

-Ajá… – asintió humedeciéndose los labios con la punta de la lengua.

-Ahora venimos…

-Soy yo Selene… Se han ido a buscar algo para beber – dijo con una voz pícara.

-Minerva, antes has estado genial.

-¿Te ha gustado? – con una sonrisa en los labios

-Mucho, chica! – me estas excitando viéndote así.

-Humm, Selene, chica mala…No te apresures. Déjanos para nosotros también.

-Chicos os quiero mucho – les dijo Selene.

-Me tenéis los tres atada – explicó Minerva. Debería ser yo la inquieta por saber que tramáis.

-Nada de lo que tengas que preocuparte, preciosa – Y le besó en los labios, sellándolos.

Minerva seguía excitada y deseaba ser deseada como lo estaba siendo en esos momentos. El que le cubrieran los ojos le inquietaba pero aumentaba su placer.

-Abre la boca – le ordenó. Era la voz de Luis

Minerva la abrió sin rechistar.

Luis empezó a introducir un trozo de cubito que pasaba de boca en boca. Luego el trozo de cubito empezó a hacer giros en torno a su silueta, erizándose la piel.

Entreabrió de nuevo la boca y se encontró con un miembro varonil erecto, grande.

-Chupamela, como tu sabes, cielo – le ordeno uno Luis.

Minerva se inclino apenas un poco, y se entregó a saborear mientras Guillermo le penetraba en su vagina húmeda y deseada. Se hallaba en otro mundo, transportada por la sed y el poder del sexo. Su mente daba vueltas. Se sentía amada y deseada. Ansiaba el poder, el poder del sexo. Empezó a tener orgasmos. Mientras los tres se corrían juntos.

Le desataron las muñecas y le quitaron la venda de los ojos. Respiro profundamente, exhausta y con los pezones erguidos por los acontecimientos. Se giró, miró a su amiga y ésta se acerca lentamente, colocándose a su lado.

Los chicos se quedaron mirándolas con deseos. Ellas jadeaban todavía por el cansancio. Sentados en el borde de cada esquina de la cama las miraban con un ardor todavía en sus cuerpos.

-¿puedo haceros una pregunta? – dijo Guillermo tocándose la perilla

-¿Cual? – pregunto Selene.

-¿Queréis probar el chocolate? – señalando un bote lleno de chocolate

Mi intención es echaros a las dos chocolate por todo el cuerpo y estimularnos los dos mientras lo hacéis.

-Venga, Selene, Minerva… – por nosotros y os doy mas energía de la bebida prohibida.

Vale.. – pero antes danos bebida, por favor. Y yendo al encuentro de Guillermo, le beso ardientemente. Luego haz conmigo lo que te plazca. Todo tuya.

-Te arriesgas mucho – observó.

-Me atreve a todo, soy tu putita esta noche. Y mirando a su alrededor; la de todos.

-Tenemos sed. En serio. Un sorbo. Minerva fue a por la copa, pero Luis fue más rápido.

-Os haremos luego lo que queráis. – afirmó

-¿Lo que queramos? – se tocó la barbilla, pensativo.

-De acuerdo. Trato hecho.

Sorbieron de la bebida prohibida como si de una droga se tratara. Necesitaban de ella para tener las fuerzas suficientes y entrar en calor. Ya no sentían el mareo, sino una ola de calor inmenso les subía desde el interior hasta volverse locas de placer.

Se echaron en el jacuzzi del baño y los chicos las rociaron de chocolate por todo su cuerpo, incluido dentro de sus partes más intimas. Colocaron una cámara para filmarlas y tener de recuerdo.

-Pensad que estáis rodando una peli porno – dijo riendo uno de ellos, estimulando su ego.

Las chicas empezaron a relamer todo su cuerpo. Una de ellas echada sobre el jacuzzi se dejaba hacer por su compañera que iba acariciando cada parte de su cuerpo con su lengua. Cuando llegó a la parte de las caderas, cerca a la ingle. Selene entreabrió las piernas y dejó que su amiga introdujera su lengua dentro de ella, saboreando cada parte de su pubis lleno de chocolate e humedecido por su sexo. Luego cambiaron de postura y fue Selene quien relamió todo el cuerpo de Minerva.

Los chicos no aguantaban más. deseaban gozar de nuevo. Las chicas se ducharon juntas y volvieron a sentir el deseo. Hicieron el amor. Los chicos entraron en el jacuzzi y cada uno detrás de ellas empezaron a penetrar a cada una. Las tenían sujetas por las caderas de manera que no pudieran moverse, sólo para ser penetradas.

Salieron del jacuzzi jadeando. Sus mentes solo pensaban en una cosa; sexo. La bebida prohibida era la causante, la que les ayudaba a pensar en pensamientos oscuros.

Hemos dicho que si deseabais mas bebida – les hizo recordar Guillermo. Haréis lo que digamos, ¿verdad?

-Ajá! – dijo removiéndose de placer, Selene.

-A cuatro patas, perritas mías – guiñándoles un ojo.

Selene se cubrió la boca ya que le entraba de nuevo la risa contagiosa.

Los chicos pusieron sus miembros erectos delante sus bocas y cada una fue haciendo una mamada a uno de ellos, combinando fluidos. Luego un sorbo de la copa les ofrecieron.

-Por ser chicas malas, os vamos a azotar – señalando un látigo que encontraron en la habitación.

-Ah, no! – exclamo Selene. Eso no.

-Es un látigo placentero, ya veras.

A cuatro patas, fueron recibiendo pequeños azotes que al principio dolieron, al rato empezó por gustarles. Se oían gemidos de dolor y placer combinados. Luego las penetraron analmente. Terminando por repartirse las dos chicas.

Guillermo esperaba en la cama, deseando que viniera una de ellas para penetrar en su vagina mientras su compañero le introducía su miembro erecto a la vez por detrás. Así se fueron turnando las dos amigas. Empezaron a sentir orgasmos múltiples y su cuerpo empezó a temblar. El éxtasis recorría todas las parte de sus cuerpos, envenenados por el placer de la bebida prohibida. Se sentían otras personas, llenas de energía y ganas de gozar sin parar.

Terminó el fin de semana y al despertar se hallaban desnudas, en la cama. Exhaustas y sin fuerzas. No había señales de los chicos que habían estado con ellas. Solo habían dejado sus huellas en sus cuerpos.

Minerva empezó a revivir sensaciones de la noche anterior y preguntándose si todo había sido un sueño. Era extraño, porque no sentía el más mínimo arrepentimiento, era como si hubiese hecho algo que tenía que hacer.

Se levantó lentamente, viendo a su amiga todavía dormida. Le dolía todo el cuerpo del mismo cansancio. Se acercó a la ventana, por donde pequeños rayos de sol se filtraban queriendo entrar en el interior. Se apoyó en la ventana, posando ambas manos en ella. Tenía la mirad fija, en la lejanía. Sus pensamientos iban y venían sin más.

Al rato, los pasos pequeños de Selene se acercaron a ella. En silencio, le retiró un mechón que le cubría la cara. Se prolongó un silencio, aunque no era incómodo. Al contrario. Estar cerca de Selene la tranquilizaba.

-¿Te encuentras bien, cariño? – le preguntó, preocupada Selene.

-Sí, no…No lo sé – le respondió, girándose hacia ella

-Minerva, lo siento – me gustas desde siempre – confesó Selene.

-No lo sientas, Selene – he empezado a amarte yo también. Le afirmó Minerva, mirándola a los ojos.

-Hay una cosa que debo hacer sola, Selene

-¿Cual és? – yo te acompaño

-No puedes. – afirmó, mirándose el dedo anular. Por esto. Tengo que devolver este anillo. No me pertenece ni nunca me pertenecerá. Necesito recuperar mi libertad, deshacerme de él, de Alejandro. He perdido bastantes años, logrando encontrar el amor verdadero con el cual compartir deseos y pasiones innumerables. – dijo besando a Selene.

-Espera! – Como tienes pensado hacer…

Minerva se encogió de hombros – ya veremos.

Minerva se vistió y se encaminó hacia el coche. Selene se empeño en acompañarla aunque mantendría las distancias, esperando dentro del coche.

Minerva entró en la casa de Alejandro, a sabiendas de que a esa hora ya se habría ido a trabajar. Se miró por última vez el anillo y se lo quitó del dedo. Dejándolo sobre la mesita de noche con la siguiente nota:

“Alejandro he pecado para tí. Aunque he encontrado la felicidad que he ido anhelando toda mi vida. Este anillo, no es digno de estar en mi mano, ni mucho menos de poseer. Deseo recuperar mi libertad, sin ataduras. Ser libre. Tal vez encuentres a una mujer que sea digna de ti, pero te aseguro que esa no soy yo. ”

Minerva.

PD: Te devuelvo las llaves. Te deseo lo mejor.

Minerva salió corriendo, con un cosquilleo en el cuerpo.

-Selene, por favor, hazme un favor – conduce por mí.

-Claro mi amor. Por ti, cualquier cosa.

De vuelta a casa Selene y Minerva se abrazaron y soltaron alguna que otra lágrima. Después de los sollozos se consolaron y volvieron abrazar notando de nuevo el contacto físico. Se volvieron a amar, a desear y no hizo falta de la bebida prohibida para saber que se amaban y se gustaban.

 

 

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