La cueva de las gárgolas, by Neus Sintes

Nidos en la oscuridad de una oscura cueva que perduran aún en mi recuerdo. Criaturas nacidas de la nada, criminales empedernidos, que atacan a los humanos, cuya finalidad es eliminar a todos los seres humanos para hacer suya la ciudad.

La melodía del miedo invoca  el regreso ¿Quién los detendrá?.

Sentada en la repisa de la ventana de mi habitación, pienso en aquellos tiempos lejanos cuando la oscuridad se cernió bajo un manto gris y el mundo se hundía bajo las garras de unos seres monstruosos que iban aniquilando por la noche a todo aquel ser humano que se cruzara en su camino.

Mi nombre es Mayka y os voy a relatar la verdadera historia de las criaturas llamadas: Las Gárgolas.

París, no solo es el lugar donde los enamorados van a pasar su luna de miel. También en otros tiempos fue la ciudad donde las gárgolas atacaban por la noche, convirtiéndose de esta forma en una Francia verdaderamente peligrosa.

En una ocasión un famoso y conocido mago, hundido bajo la soledad de otros mejores que el, enloqueció. En su laboratorio empezó a crear una serie de criaturas a las cuales llegó a cobrar vida.

Las creó con un aspecto maléfico, con alas de murciélago y ojos incandescentes. Su piel era muy dura y cubierta por una capa de mineral que les permitía pasar desapercibidas en las fachadas de los edificios.

-Oh sí! – excelente dijo Gorgy – hablando para sí mismo. Y mirando con curiosidad y orgullo a aquellas criaturas que tenía delante de él.

Orgulloso de ser el único creador de esas criaturas, se dijo para sí que nadie volvería  a darle la espalda.

-Divinidades y misteriosas criaturas de la noche, sois a partir de este momento “Gárgolas”. Yo vuestro Creador, os he dado vida para que convirtáis a aquellas malvadas personas que tanto daño me han hecho en vuestras víctimas.

-Gárgolas, de noche despertad y merodead por la ciudad hasta el alba. Luego, con los primeros rayos del sol, volveréis a convertiros en piedra. Encima de los edificios deberéis permanecer, inmóviles y desapercibidos.

Cuando alzaron el vuelo, Gorgy fue recogiendo sus instrumentos cuando un ruido en el laboratorio le hizo reaccionar.

-¿Quien anda allí?, – preguntó, sin recibir respuesta.

-Grr…..

En el nido de donde habían cobrado vida las gárgolas, una pequeña Gárgola empezaba a cobrar vida también…Tenía el mimo aspecto que las demás, pero con la diferencia de que no tenía las facciones de maldad ni fealdad como las demás.

Gorgy no le dio importancia y cogiéndola le ordenó que saliera volando con las demás.

-Anda, vuela con tus compañeros. La noche te espera chiquitín.

Mientras veía volar al último que había nacido, algo en su interior le decía que no era igual que los demás. Se tocó la barbilla y con el ceño fruncido se fue a casa pensando si algo había fallado al no ver los mismos rasgos que las demás.

Esa noche empezó la pesadilla en París.

Mayka se encontraba en la terraza de una cafetería tomando un café tranquilamente, cuando un temblor se produjo en las calles. No se trataba de un temblor cualquiera. De repente, gritos de pánico oyeron sus oídos cuando al girarse, detrás de ella la gente empezó a huir, dejando atrás las sillas esparcidas por el suelo. En aquellos momentos no sabía si era mejor huir o echarse al suelo. Optó por la segunda opción.

Llevándose las manos a la cabeza, intentó ver de reojo que es lo que pasaba. Un cosquilleo de nerviosismo estaba invadiendo su cuerpo. Las imágenes que sus ojos vieron quedaron grabados en su mente, al igual que en los ciudadanos que lograron sobrevivir de un ataque de aves, si es que aquéllas criaturas eran aves o se trataban de otras criaturas que no sabían de su existencia hasta ahora.

Sus ojos vieron cómo mordisqueaban y picoteaban a los humanos. Mayka temía por su vida. Cada segundo que pasaba era una eternidad y una constante pesadilla y rezaba para que se fueran. Veía de reojo como un hombre se quitaba la gorra y comenzaba a intentar a espantarlos, pero cuanto más intentaba quitárselos de encima, peor se ponía.

Arrastrándose por el suelo en un intento de escapar de allí. De repente, frente a ella se posó una criatura como las otras. Se quedó mirándola y en vez de atacarla se acercó sin dejar de mirar a los ojos y alzando las alas se llevó consigo a Mayka a un lugar seguro.

Mientras veía como las demás criaturas alzaban el vuelo en dirección contraria y se posaban en los altos edificios convirtiéndose en piedra. Mayka seguía volando encima de la montura del otro ave, el cual no se había convertido en piedra.

También se dio cuenta de que en ningún momento tuvo motivos para atacar u hacer daño a nadie.

La Gárgola aterrizó en una explanada donde el silencio era lo único que Mayka podía percibir. Aunque sus piernas aún temblorosas por el miedo, no podía pensar con claridad.

Se quedó mirando al ave y vio en él un rostro donde no habitaba maldad. Pero las imágenes de las demás aves le vinieron a a la mente y por fracciones de segundos volvió a temer a aquel ser que tenía delante.

-¿Quién eres? – se atrevió a preguntar, aún sabiendo que tal vez no respondería

-Grr… – fue el único sonido que produjo. La gárgola intentaba pronunciar alguna cosa que se convirtió en un gruñido.

Mayka decidió no decir nada más. No sabía porqué la había conducido hacía ese lugar, ni tampoco que sería de ella. Temía por su vida y el no saber la asustaba aún más.

-¿Quién eres? – le preguntó a aquélla criatura, sin esperar respuesta

-Grr…Grym – dijo al fin – mirando a Mayka

Mayka, sorprendida se quedó sin poder articular palabra. No podía creer que le contestará. Ni mucho menos que la pudiera entender. Perpleja, vio como alzaba las alas y la dejaba allí, en lo alto de la cúspide de aquella montaña.

-Espera! – dijo alzando la mano, sin resultado.

Vio como el ave alzaba el vuelo a la espera de que regresará..Se hallaba en lo alto de una montaña a la que no tenía  acceso cómo salir. Un acantilado asomaba bajo sus pies. Retrocedió.  Detrás del acantilado, una pequeño agujero asomaba. Se trataba de una pequeña cueva. Se metió dentro. Se encontraba en la penumbra, pero al menos a salvo. Por el momento.

A su mente le vinieron las imágenes de la gente herida, de las aves picoteando y arrastrando todo a su paso. Podría haber sido una de los heridos. No sabía si llamarlo suerte o incertidumbre. Aislada y sola. Vencida por el cansancio, sus parpados fueron cerrándose, entrando en un profundo sueño.

Al despertar, entreabrió los ojos muy despacio. Los primeros rayos de sol se filtraban en el interior de la cueva. A su lado, la gárgola la contemplaba en silencio. Mayka se dio cuenta de que tenia la mirada triste, se hallaba ausente, pensando.

-¿Grym…? – le preguntó, mirándole de reojo. ¿te encuentras bien?

-No. No lo estoy – respondió mirando a Mayka

Poco a poco las conversaciones se hicieron más fluidas. Mayka se incorporó y se quedó pensativa y no quiso preguntar más. Aunque tenía sus dudas y sus preguntas, decidió quedar absorta en sus pensamientos, al igual que Grym en los suyos.

-He traído comida – dijo Grym, extrayendo de una bolsa un poco de pan y fruta

-Gracias. – respondió Mayka.

Comieron en silencio. Cuando terminaron, el silencio se rompió entre los dos.

-¿Porque yo? – le preguntó, mirándole a los ojos

-No entiendo – inclinó la gárgola la cabeza.

-Porque a mí me salvaste…es decir, no puedo evitar quitarme las imágenes de aquella noche…¿porqué a mí me salvaste?

-Tuve que hacerlo – Uno de ellos iban a por ti. No me lo pensé. Actué por instinto…Sabía en ese preciso momento que si no te salvaba, serías su victima – las últimas palabras que pronunció Grym se le notaban con tono triste.

-¿Porqué los otros se convirtieron en piedra?. – dijo mirándole desconcertada.

-No lo sé… – contestó, soltando un suspiro. Tal vez no sea como ellos. El porque aún no lo entiendo.

Impulsivamente, Mayka se abrazó a Grym. Le había salvado la vida. Por otro lado Grym empezó a notar en su interior un sentimiento un tanto extraño y misterioso. Un cosquilleo, un sentimiento que no sabía interpretar.

-Soy un monstruo – se dijo mirando las manos, repentinamente. El mago Gorgy nos creó y nos llamó Gárgolas.

-No, no lo eres! – Tu no eres como ellos. Tus garras y forma de gárgola no te hace ser igual que ellos.

El silencio y la unión se hizo entre ambos.

Gorgy regresó a su laboratorio después de cuatro días ausente. Se colocó su bata blanca por encima, mientras colocaba los ingrediente que había utilizado para su Creación de las Gárgolas en su lugar correspondiente. Al coger el último de ellos, se percató que el frasco contenía una etiqueta que no estaba en la lista.

-Pero…¿De dónde ha salido este frasco? – se frotó la barba, pensativo.

Entonces, recordó a la última de las Gárgolas. No recordaba haber vuelto a verla…Se extrañó. Intentó recordar. Intuía que algo había salido mal. Al verla, ya le pareció distinta, sin saber porqué. Miró el frasco de nuevo, cayendo éste al suelo y una oleada de calor empezó arder en su interior, enfurecido.

-Noo! – exclamó exaltado, dando vueltas a a su alrededor.

-Maldición, que error más grave! – mirando el frasco derramado, con trozos de cristal esparcidos por el suelo.

Agarrándose de los pelos, sin saber que hacer se había dado cuenta del error.

-Este ingrediente mezclado con el que he empleado…- dijo temblando – complementados forman sabiduría y bondad.

-Gárgolas, venid a mí.! – Ordenó.

Todas las Gárgolas se presentaron ante él. Se las quedó mirando una a una y se percató que faltaba una. Ahora no sabía si París era el que estaba en peligro por las noches o también el lo estaba al tener una Gárgola con el poder de la sabiduría y de la bondad.

-Encontrad a vuestro compañero y traédmelo! – les dijo a las Gárgolas

Las Gárgolas alzaron el vuelo y se pusieron en marcha, antes de que se convirtieran en piedra.

Mayka saboreaba unas sabrosas manzanas que Grym le traía. Llevaban cuatro días en la cueva. Grym tuvo el tiempo suficiente para poder reflexionar y saber de su existencia. Éste le contó a Mayka que sabía el lenguaje de los humanos, porque cuando se encontraba dentro del huevo, una fuente de alimentación empezó a crecer en él. La alimentación del saber. Por eso era distinto a los demás.

Repentinamente Grym se alarmó. Percibió que pronto no estarían solos.

-¿Qué ocurre, Grym? – preguntó preocupada

-Vienen hacia aquí – respondió, frunciendo el ceño.

Sus músculos se tensaron y con rapidez, Mayka se adentró en la cueva. Afuera Grym esperaba la llegada de quienes supuestamente eran sus hermanos y compañeros…de los cuales no tenía nada en común.

De lejos se las veía venir, de entre el cielo nublado reaparecieron unas alas dirigiéndose hacia donde se encontraba Grym. Aterrizaron en la explanada. Se miraron fijamente. Una de ellas, la que parecía el líder le hizo una señal con el ala para que se fuera con ellos.

Hablaron en un lenguaje desconocido. Grym no cedía. Las otras gárgolas se pusieron tensas. Mirándose sin comprender. Mientras, las dos gárgolas empezaron a mover las alas y empezaron a atacar. Una pelea se forma en la explanada. Ambas gárgolas peleándose sin parar. Una de ellas avisó a las demás para mirar al cielo y ver que pronto el alba se pondría.

La pelea cesó. Y las gárgolas echaron a volar antes de que de que saliera el alba.

Mayka salió de la cueva, asustada. Se quedó junto a Grym, herido de un ala. Tenían pocos recursos, pero debía limpiarle bien la herida.

Mayka se quedó al lado de Grym hasta que su herida estuvo sanada. Por suerte, las otras gárgolas no volvieron a a reaparecer.

-Solo hay una manera de terminar con ellas… – dijo Grym una vez recuperado.

-¿Cómo? – preguntó Mayka.

-Provocando un fuego, cuando éstas estén convertidas en piedra… – respondió mirando fríamente a Mayka.

-Pero… – dijo sin poder continuar – Grym ¿que será de tí?

-No lo sé. Una vez que ellos estén eliminados, no se que sera de mi. Tal vez desaparezca también o me extinga… – no lo sé. Lo único que sé, Mayka es que es la única manera.

-París sigue atormentada por ellos. Apenas nadie sale de sus casas. Los niños han dejado de ir a los colegios. Los comercios han cerrado y nosotros aquí arriba, no estamos haciendo nada.

-No quiero perderte, Grym – una lágrima surcó la mejilla de Mayka

-Yo tampoco – le contestó – secando la lágrima con una de sus alas.

-Grym…¿Tú desaparecerás con ellos o que ocurrirá? – Tú no te conviertes en piedra, tal vez haya una pequeña posibilidad que no te ocurra nada.

Grym se encogió de hombros, – Ojala lo supiera. Pero – dijo mirando a Mayka – Miráme!, mi aspecto…me confundirán como uno de ellos. Porque en realidad soy una Gárgola.

-No!. – yo te cubriré las espaldas. – Echándose a los brazos de su mejor amigo Gárgola.

-Mayka, esta noche hemos de actuar. Nunca se está preparado para algo así. Vale la pena si juntos salvamos a París – le dijo besándola en la frente.

Cuando el alba apareció, las otras gárgolas en piedra se convirtieron. Se encontraban en un alto edificio. Mayka iba montada encima de su lomo, y cuando vieron las demás gárgolas convertidas en estatuas, tantas cosas pasaron por sus mentes…Con una antorcha fueron prendiendo fuego a cada una de ellas, provocando un incendio en lo alto del edificio.

Los bomberos fueron avisados y la gente alarmada, abrieron las ventanas de sus casas para ver lo que estaba sucediendo. Mientras Mayka y Grym se refugiaron en un bosque cercano, apartados del edificio. Refugiados para no ser vistos, pasando desapercibidos.

Los bomberos cesaron el fuego y las estatuas de las gárgolas se convirtieron en cenizas. Mayka no quería mirar, sollozando, creyendo que Grym se había ido para siempre. Cuando alzó la mirada notó que alguien la tocaba con una mano. Era él. Grym.

-¿Como te encuentras, Mayka? – contestó Grym

-Grym! echándose a sus brazos – Te encuentras bien. Estas conmigo, verdad?

-Así es. Lo logramos. – Juntos.

Mayka abrió los ojos cuando Grym empezó a cambiar de forma. Grym se miró también a medida que iba cambiando. Ambos se quedaron sin poder articular palabra. Solo podían tener el valor de mirarse.

Grym empezó a cambiar de forma y a reducir su tamaño al de un pájaro.

-Grym! – Eres un pájaro. Pero sigues conmigo.

Grym se convirtió en un pájaro y Mayka pudo llevárselo consigo. Gorgy tras las rejas de la prisión observaba su derrota, de nuevo.

Mayka y Grym no se volvieron a separar nunca. Grym, una gárgola convertida ahora en un pájaro convive junto a la muchacha. Quienes salvaron París de las malvadas gárgolas que se querían apiadar de París. La Paz vuelve a reinar.

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