Cuerpo contra cuerpo, by Neus Sintes

Roberto finalizaba una larga y cansada jornada laboral. Regresaba a casa como casi todos los días, cansado por las ultimas semanas en las que el trabajo se había vuelto estresante. Extrajo de su bolsillo las llaves y se echo al sofá.

Encendió el televisor y lo que apareció en pantalla fue un documental que hablaba del cuerpo.

“El cuerpo no es un laberinto donde se pierde otro cuerpo tanteando a ciegas; es, por el contrario, sendero que el tacto recorre con parsimonia gozosa como quien deja correr entre los dedos uno a uno los granos de arena”.

Cerró los ojos por un momento y pensó que a sus treinta años, aún seguía soltero. Dejo fluir las palabras que escuchaba proveniente del televisor. Escuchando una voz femenina, hablando sobre los placeres del cuerpo que los humanos experimentamos, a través del contacto físico.

Al día siguiente sus amigos le querían gastar una broma. Habían visto a Roberto muy estresado por el volumen de trabajo que habían tenido.

-Eh, chicos! –  Estoy viendo a Roberto llegar – dijo Guille, uno de sus compañeros de trabajo.

-Hola Guille! – saludó con una mano, Roberto.

-Oye, Roberto – Aún es temprano. Estamos yo y los chicos en el bar tomando café. Vente – le animó.

-De acuerdo! – se animó Roberto.

Quedaban diez minutos para entrar a trabajar. Normalmente era habitual quedar en el bar y juntarse para hablar de sus cosas, pero esa semana había sido tan ajetreada que no habían tenido tiempo.

-¿Tenéis planes para este fin de semana? – pregunto Guille. – guiñando un ojo

Todos tenían cosas que hacer, o quedar con sus respectivas novias o alguna que otra comida familiar. Cuando se levantaron, Guille le ofreció una tarjeta a Roberto.

-Venga, tío – necesitas relajarte un poco; estas muy tenso – le contestó ofreciendo una tarjeta.

-¿Qué es? – respondió Roberto, dubitativo

-Un sitio de masajes. Lo necesitas. De vez en cuando está bien ir. – le aseguró Guille.

-Gracias.

Roberto se quedó mirando la tarjeta con curiosidad. Leyó el título “Cuerpo contra Cuerpo”. Guardó la tarjeta en el bolsillo de su pantalón, frunciendo el ceño. Durante el día se quedó reflexionando sobre llamar al centro. Tal vez su amigo Guille, estuviera en lo cierto. Necesitaba un masaje para relajar sus músculos, tensos por la presión acumulada.

Decidió llamar, no perdía nada. Una voz femenina le atendió al otro lado del teléfono. Era suave y sensual, con un ligero acento francés.

-Buenos tardes, ha llamado a “Cuerpo contra cuerpo” ¿Qué desea? – contestó con una dulce voz.

-Es la primera vez que llamo. Mi nombre es Roberto y quería pedir cita para un masaje. – dijo con tono algo nervioso.

-Claro, por supuesto! – para mañana, sábado a las once de la mañana, ¿le va bien?.

-Sí, me va perfecto – respondió Roberto.

-Una última cosa…¿que tipo de masaje desea? – preguntó

-Creo que uno completo – me encuentro muy tenso, respondió.

-De acuerdo. Está anotado para mañana a las once. Perfecto. Muchas gracias por su llamada.

Al despertar del sábado, Roberto se vistió con sus vaqueros y una camiseta recién lavada. Y se preparó para situarse en el mapa y encontrar el local del masaje. A Medida que iba conduciendo su mente divagaba en cómo seria el masaje. Creía haber olvidado lo que era que le dieran un masaje, hacía tanto tiempo que no iba a relajarse un poco.

Un letrero le hizo frenar y comprobar que había llegado a a su destino. Efectivamente. Un letrero color magenta, con unas letras de color negro cursiva y la silueta de un cuerpo  al desnudo de fondo al igual que la tarjeta que tenia en mano, indicaba que estaba enfrente. Tres escalones conducían a la puerta.

Le abrió una chica con un corto vestido negro que le marcaba sus curvas de mujer. Ésta la condujo a una pequeña y discreta recepción. Contorneando las caderas fue al ordenador a mirar la lista de clientes.

-Roberto, ¿verdad? – respondió jovialmente, con ese discreto acento francés

-Sí – afirmó – mientras esperaba sentado en la sala de espera. Roberto era un chico de complexión delgada, de ojos oscuros y una linea fina línea dibujaba una sonrisa en su rostro.

-De acuerdo…voy a ver quien de nuestras masajistas está libre para poderle atender.

De entre los bastidores salió al paso una chica rubia, parecía ser una de las masajistas. Saludó y se giró para mirar a Roberto

-Nika! – le llamó Laia de Recepción

-Dime, Laia. He terminado ahora mismo de un masaje…

-Te explico. Hay un cliente nuevo esperando a ser atendido. Me preguntaba si podrías darle un masaje tu o debería ser Raycha.

-Laia los clientes si son nuevos en el spa. Tiene que ser Raycha.

-He oído mi nombre…- dijo saliendo una chica morena, ¿alguien me llama? dijo con una sonrisa en los labios.

-Hay un cliente nuevo esperando y deberías atenderlo tú. – le dijo Nika

-¿Cómo? y porque no me habéis avisado antes. Al cliente no se le hace esperar.

-¿Roberto? – lo siento por la espera. Vente, pasa conmigo.

-Tranquila. No tenía prisa.

Roberto se había fijado en ella desde el primer momento en que reapareció en la sala. con esa jovialidad y sencillez que las otras carecían tener. Cualidad que le gustaba en las mujeres. Mientras la seguía por un estrecho y largo pasillo podía ver contorneando sus caderas, mientras deslizaba su lacia melena hacia un lado, dejando entrever un esbelto cuello, el cual besaría si fuera su novia. Pensaba que había tenido suerte el que Raycha fuera su masajista.

-Es la puerta del final – le dijo Raycha. – señalando una sala con cristales insonorizados.

Ambos se adentraron en una sala. Raycha le indicó que podía quitarse la ropa mientras ella se cambiaba detrás de un kimono.

-Lo pediste completo, ¿verdad? – insistió.

-Así es. – afirmo Roberto. – poniéndose de espaldas

Mientras, en la camilla, Roberto se quedó contemplando a través del kimono la silueta de Raycha desvistiéndose. Veía su sombra, la sombra de sus movimientos al desprenderse del vestido para luego salir con una bata blanca, atada hasta la cintura.

-Bueno. Ponte boca abajo, por favor – mientras las luces se apagaban dando luz únicamente unas velas que fue encendiendo junto al aroma del incienso que Roberto pudo percibir. Una música relajante se extendió por la habitación.

-Estas muy tenso, Roberto… – le dijo con un tono mas suave en su voz.

Raycha fue aplicando un aceite rociando sus manos y muñecas, para tomar su primer contacto con Roberto. Posó sus manos sobre la región lumbar de la espalda a medida que el aceite se vertía entre el pulgar y el resto de los dedos. Poco a poco se deslizaba un recorrido ascendente.

Roberto poco a poco empezaba a relajar los músculos. Cuando Raycha se acercaba sentía su respiración. Ella la de él.

-¿Todo bien, Roberto? – le preguntó con voz baja, acercándose a su oído

-Si.. – estupendo. – respondió, casi sin voz

Raycha continuó por hacer amasamientos en los brazos y manos, manteniendo el contacto con Roberto. Luego bajó sobre los glúteos e hizo lo mismo. Amasamientos en ellos, en sus piernas y pies.

-Roberto… -poco a poco gírate boca arriba – no hay prisa.

Roberto obedeció – Se encontraba relajado.

Raycha hizo lo mismo insistiendo en el pecho, hasta finalizar con un suave masaje en la cabeza.

Raycha cambió de tono a mas suave y sensual. Ahora Roberto estaba más relajada y todas sus contracturas estaban mucho mejor.

-Raycha, tus manos son poderosas – dijo sonriéndole

-Pues no hemos terminado. Ésta era la primera parte. – le contestó ofreciéndole un vaso de agua.

-¿Cual es la segunda fase? – preguntó Roberto, viendo que llevaba un cinta en el pelo, dubitativo

-Relájate y no preguntes, deja tu mente fluir, tu cuerpo reaccionar. – Observa.

Raycha tiró del lazo de la bata blanca, dejando que cayera al suelo, suave y lentamente, como una hoja cae de los árboles. Quedando al descubierto unos suculentos pechos semidescubiertos por un sostén blanco, atados con un fino hilo rojo. Apenas llevaba ropa. Lencería de enfermera. Un ligero tanga del mismo color junto con unas medias blancas hasta las rodillas.

Fue deslizando su dedo con las yemas de sus dedos notando su respiración acelerada. Raycha se inclinó hacia Roberto, dejando al alcance de su vista unos pechos deseosos.

-Roberto, me parece que no sabías que un masaje completo se refería a un masaje erotizante tántrico – le advirtió ella.

Explícate, Raycha – le dijo interesado

Si el Tantra significa expansión de la consciencia y uno de sus principios es la aceptación de todo lo que acontece, por lo tanto también de la faceta erótica, quién soy yo para decir que un masaje es o no es tántrico, es o no es erótico. – le explicó Raycha.

Y silenciando un dedo en los labios de él le pidió que escuchará su cuerpo. La sala estaba impregnada de un aroma que hipnotizaba a cualquiera que estuviera tumbado en la camilla. Roberto era una presa de esa diosa del placer.

Raycha se colocó encima de la camilla, abriéndose de piernas sobre el. Poco a poco fue inclinándose con movimientos felinos hasta que ambos pudieron verse a los ojos. Cuerpo contra cuerpo, conectándose mutuamente. Con los dientes Roberto desató el sostén de Raycha, liberando sus deseados pechos que tanto deseaban ser acariciados. Mientras el placer iba aumentando, el ambiente se caldeaba aún más. La energía empezaba a fluir por las venas de los dos, sincronizándose.

Roberto tumbado en la camilla tenía acceso aquellos erguidos pezones que iba lamiendo y mordisqueando, mientras ella iba lamiendo los lóbulos de sus orejas, una zona muy sensible donde las terminaciones nerviosas hacen que el placer aumente.

Raycha, se echo hacia atrás, con ambas manos tiró de los hilos de su fino tanga y las telas quedaron esparcidas por el suelo, dejando a la vista un pubis mojado y ansioso para el contacto físico y espiritual.

Por momentos que parecían no terminar nunca, Roberto y Raycha, llegaron a fusionarse. Para el Tantra, el único tiempo que existe es el presente.

Raycha había realizado durante el año en que trabajaba varios masajes tántricos, pero sin nunca llegar a más. Nunca había llegado a conseguir el completo masaje tántrico como lo estaba experimentando con Roberto.

Estaba entendiendo la dualidad como el roce que genera la vida: positivo- negativo, luz- oscuridad, hombre-mujer, energía-materia, sexo-espíritu. Había conseguido con Roberto que era posible vivir en una danza gozosa, en una celebración.

Se encontraban ambos en un estado en el que se amaban su cuerpo, su mente, su corazón y su espíritu.

-Me prometí una cosa antes de entrar a trabajar en este spa – dijo mirándole a los ojos.

-¿El que..? – dijo exhausto Roberto

-Una vez fusionados todos los Chacras me iría del spa con el hombre que haya conseguido hallar la fusión. Ese hombre eres tú.

Ambos se abrazaron, comprendiendo que estaban unidos por un lazo invisible. Al rato, salieron de la sala, recorriendo el largo pasillo y sin decir nada a nadie, salieron de la mano sin soltarse. Dejando atrás las energías negativas.

 

 

 

 

 

 

 

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