Coraje, by Neus Sintes

Después de una sesión de acupuntura, me encontraba menos tenso y más aliviado en cuanto a mente y cuerpo se refería. Después de haber pasado por una mala época de mi vida, ahora me sentía más preparado.

De camino a casa pasé por la pista de hielo que tantos recuerdos mi mente empezó a recordar. Era un triunfador caído en desgracia, desde aquel nefasto día en que todo se desmoronó. Lo tenía todo bajo control, hasta que aquella caída me impidió ganar y ser un triunfador en el campeonato de patinaje. Por eso siempre me gustaba pasar por la pista y recordar.

No sé si para bien o para mal. Pero aquella niebla o especie de sal que me cubría los ojos como si de una venda se tratara, me impedía ver la realidad de las cosas.

Me disponía a irme cuando algo me detuvo. Mis ojos quedaron cegados por la hermosura y brillante Aurora Boreal. Era una hermosura celestial, parecía tener alas, al verla moverse, parecía flotar a cada paso de sus movimientos, ligera, segura. de piel pálida y hermosos cabellos dorados.

Llevaba puestos unas patines, parecía nuevos. Entonces algo la detuvo a seguir patinando. Se había dado cuenta de que la estaba observando. Desvió la mirada hacía mí y por fracciones de segundos nuestras miradas quedaron impregnadas el uno al otro.

Había llegado el momento clave de tomar una decisión cuando ella me ofreció unos patines. El momento en que por primera vez en mucho tiempo debería escoger en si ponerme o no los patines, de nuevo. Hasta ese momento no había tenido el coraje de hacerlo. Gracias a esa muchacha de lindos cabellos y tierna mirada pude emprender una nueva vida. Muchas veces pienso en que hubiera sido de mí, sino la hubiese encontrado.

Ha pasado un año desde entonces que me encontré en aquella pequeña pista de patinaje y ella, Stellla me ofreció unos patines. Superé mis miedos gracias a ella y mi amor desde entonces ha ido en aumento. Stella y yo formamos una bonita pareja tanto en lo personal como en las pistas.

No he llegado a ser patinador profesional de campeonato de carreras, pero junto a ella hemos cobrado vida a una nueva existencia. Nos hemos convertido en pareja de baile con patines. La gente nos ve y puedo oír sus aplausos que poco a poco van en aumento. Soy feliz de nuevo gracias a su amor y a su gran corazón de ayudarme en lo que ahora nos hemos convertido. Somos un dúo patinando juntos.

Me siento feliz y afortunado. Oigo su risa y es como un cántico para mis orejas, su mirada dulce como ella misma, fue lo que me hizo enamorarme. Y gracias a ella estoy de nuevo encima de unos patines.

Dos años más tarde la suerte dejó de estar de nuestro lado. Una caída de Stella cambió el rumbo de nuestra vida profesional juntos, mientras participábamos en un campeonato.

-Noo! – Stella resbaló, gimiendo de dolor mientras se sujetaba con ambas manos el tobillo.

-Stella, te encuentras bien! – le respondió David sin comprender qué había pasado. Todo iba bien, ella estaba junto a él…

-Mi tobillo – siguió gimiendo. – Me duele mucho.

-Tiene la rueda rota – observó un enfermero que acudió a su encuentro. – Por eso se ha caído

-Pero, pero – no le salían las palabras a David

-David, me duele el tobillo – insistió Stella.

Vi cómo se la llevaban de la pista en una camilla. Me quité los patines y me encaminé con ella hacia el hospital. Por el camino iba tranquilizándola.

-Stella, cariño. Todo saldrá bien. Confía en mí. – le hablaba en  voz baja en la ambulancia mientras le acariciaba el cabello, intentando tranquilizarla.

-No! – no irá bien. – dijo negativamente, con lágrimas en los ojos.

Una vez en el hospital, me hicieron esperar en la sala de espera. Mientras, el tiempo transcurría lentamente el tic ta del reloj iba poniéndome nervioso e impaciente por saber de Stella.

Al cabo de un largo rato, vi reaparecer a un médico que la había atendido y caminando hacía mí lentamente y con los brazos cruzados, me confirmó el resultado.

-¿Usted es David? – preguntó

-Qué ha ocurrido, Doctor! – dije ya desesperado por la espera

-Mire… – dijo mesurando sus palabras. – Se ha roto el tobillo.

-¿Podrá volver a patinar? – pregunté nervioso

-Bueno, vamos por partes – aclaró el doctor, mirándome con el ceño fruncido. Podrá tal vez a patinar, aunque no es seguro. Y si hubiera esa posibilidad de volver a patinar sería dentro de no se sabe cuando…. – dijo suspirando.

-Me esta diciendo, doctor. Que no es seguro…-titubeó David

-Exactamente – afirmó el doctor.

A continuación tuvimos que pasar dolorosos momentos. Por un lado a Stella la noticia le cayó como una bofetada de aire, que la derrumbó.

-Cariño, yo seguiré estando a tu lado – no lo olvides.

-Lo sé pero – sollozó de nuevo.

A Stella empezaron por enyesarle el pie durante 6 o 8 semanas, para evitar que pudiera tener movilidad.

Stella entró en una profunda ansiedad cuando el médico le anunció que debería dejar el patinaje, sin saber si podría volver o no patinar algún día.

Tuvimos que pasar largos momentos duros los dos juntos. Tras el tratamiento quirúrgicos, le pusieron una bota de yeso.

Tras un mes de baja me volví a las pistas. Allí en medio veía a las parejas bailar sobre el hielo, una extraña sensación me hizo tragar saliva y me dije a mi mismo que no podría volver a bailar sobre las pistas con nadie más que no fuera Stella.

-Stella, tenemos que hablar – le dije seriamente.

-No me abandones, no! – dijo angustiada

-Nunca lo haría – dijo firmemente David.

-Entonces…

-Tú me devolviste el valor y el coraje de poder patinar de nuevo. Pero ahora no puedo hacerlo sin ti.

-¿Que quieres decir?

-Voy a ser patinador pero no de baile de parejas. No. No puedo si tú no puedes estar a mi lado.

-Y, de que vamos a vivir…es nuestro oficio, nuestra vida…o eso creía -dijo pesimista

-Es nuestra vida. Sí y la tuya también. Recuerda hace años, quién me abrió los ojos, quien me ofreció esos patines que tras una caída, yo perdí toda esperanza. No quiero que pierdas la tuya.

-Pero… – protestó

-No, Stella – dijo mirándole a los ojos. Volverás a patinar. Lo sé y lo sabes tú.

-Y ahora…

-Voy a dedicar este tiempo mientras tu no puedas, a ser patinador independiente. Seguiré bailando pero solo. No podría bailar sin tí. Pondré todas aquellas baladas con las que juntos hemos bailado y con ellas triunfado. Bailare para ti, pensando en que estás a mi lado y así lograr seguir nuestro sueño y digo nuestro sueño, por que en él estás tu.

-David…lágrimas de amor cayeron sobre los pómulos de Stella.

-Stella – con un beso en los labios la calmó.

David luchó para emprender un camino difícil junto a Stella. Aprender a patinar sin ella también le fue duro y difícil. Rezaba para cuando ella pudiera seguir patinando con él. En la misma pista. Tiempos difíciles llegaron pero se dice que el tiempo todo lo cura. Y así fue..

Años más tarde veíamos a un David que sujetando a una bella chica de cabellos dorados. Le volvía a enseñar a patinar. El coraje que ella en su día le enseñó, ahora le tocaba a él enseñárselo.

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