La aparición de un Kelpie, by Neus Sintes

En los lagos de Escocia se habla de un Kelpie solitario llamado Cobal. Es un caballo acuático, una criatura fantástica perteneciente a la mitología celta. Es un ser espiritual, que vive en los lagos.

Aparece ante los seres humanos tomando forma de caballo, aunque también puede tomar forma humana. Es de carácter eminentemente maligno, suele aparecer en los lagos escoceses.

Su forma humana, su aspecto es el de un varón empapado y de revuelta cabellera que intenta ganarse la confianza hipnotizando a los viajeros para atraer al lago y lanzar al agua para ser  ahogados o devorados.

Cuando toma forma equina, aparece como un magnífico ejemplar de cuerpo verde y pelaje negro como la noche o en ocasiones de color blanco, de salvajes ojos pero comportamiento dócil.

A pesar de ser extremadamente maligno y tener que alimentarse de humanos, que se cruzan en su camino. Dentro de ese ser peligroso, alberga una parte de él que contiene bondad. Lo único que Cobal no ha sabido sacar a la luz.

Encerrado en en la maldad de su especie, sigue siendo un solitario. En ocasiones ha deseado la compañía de un humano y tener el valor de contenerse, en vano.

Un cartel cercano al lago cuyas letras roídas por el tiempo se lee “Prohibido pasar”. Los escoceses saben de su existencia, de la existencia de Cobal. Por eso, ante las numerosos cadáveres que iban encontrando a raíz de ese ser sin piedad, decidieron poner un cartel para que los viandantes no pasaran por ese lugar.

Un poco más lejos había una hípica donde Noe, una niña de unos doce años de edad, montaba con su yegua Reyben. Algunas niñas como Noe vivían en la hípica. De esta forma, podían convivir y cuidar de los caballos y prepararse para ser grandes amazonas y veterinarias.

Era una noche oscura y silenciosa y Noe no podía conciliar el sueño. Bajó de su litera para salir afuera y ver a su yegua. Reyben al verla se sorprendió. Noe tenía un contacto muy cercano a su yegua, se comunicaba con ella de forma natural. Como si un lazo las uniera.
Decidió ir a dar una vuelta, aunque sabía que estaba prohibido salir de noche, aún así necesitaba respirar el aire fresco de la noche para poder conciliar el sueño. Mientras cabalgaba, una luna llena, hermosa y reluciente asomaba en el cielo.

-Qué hermosa! – verdad, Reyben… – acariciándole el lomo.

Sin darse cuenta, Noe se había ido más lejos de lo que imaginaba y ahora no sabía regresar.

-Me he perdido! – dijo casi en sollozos.

Acurrucada con Reyben, desorientada, intentó dar un par de vueltas alrededor, en vano. Estaba perdida, intentando averiguar un camino que condujera a la hípica pero todo estaba a oscuras y solo se veía en el cielo nocturno la luna llena.

Debido a la oscuridad de la noche, no vieron el letrero y cruzaron el lugar. Noe divisó un lago en el que su yegua podía ir a beber. Lo que no sabía era el peligro que podrían correr…
Mientras Reyben bebía a sorbos de las aguas del lago donde Cobal estaba sumergido, Noe intentaba acostumbrar sus ojos a la oscuridad para poder acampar cerca de donde estaban. Por otro lado, Cobal había detectado la presencia de la yegua.
Reyben detectó un peligro y se alejó del lago y relinchando irguió las patas delanteras hacia arriba.
-¿Que te ocurre, Reyben? – le dijo Noe, acariciando el lomo de su yegua, para intentar tranquilizarla.
Noe frunció el ceño, sin saber qué podría haber alterado así a su yegua.
 El cansancio se aproximó en Noe y Reyben, cuyos párpados fueron cerrándose lentamente sin apenas darse cuenta. Cuando estuvieron profundamente dormidas, fue cuando Cobal decidió salir a la superficie.
Sigilosamente salió del lago y poco a poco su cuerpo fue transformándose en un chico de cabellos del color azabache cuyos ojos brillaban mientras miraba a aquella niña dormida junta con su yegua. Su cuerpo aún no se había transformado y su larga cola de color verde iba de lado a lado.

Noe se despertó o mejor dicho, Reyben fue quien le avisó del peligro en el que se encontraban.

-¿Que sucede, Reyben?  – le contestó esbozando.

El miedo se apoderó de Noe quien no podía creer lo que estaban viendo sus ojos.

-Pero…pero – sin comprender
-No quiero hacerte daño – contesto Cobal.
-¿Quién eres? – preguntó Noe, intentando mantener la calma. E intentó hacer lo mismo como cuando trataba con caballos salvajes.
-Cobal. Ese es mi nombre. Un caballo acuático que abunda en estos lagos…

Sus ojos empezaron a brillar intensamente. Su intención era hipnotizar a la niña para poder atraer al lago. Después de un largo rato, incapaz de hipnotizarla, se sentía inseguro de sus poderes…o tal vez, era la niña, la única a la que no podía hipnotizar.

Noe seguía manteniendo la calma. A fin de cuentas era un caballo. Había aprendido mucho en la hípica sobre cómo tratar a aquellos salvajes caballos que en ocasiones se acercaban. Una de ellas era mantener la calma, no tener miedo y esperar a que el caballo se cansara. Cobal, empezaba a sentirse cansado y sus poderes se debilitaban.

-¿Cómo te llamas, niña? – preguntó inquietante
-Me llamo Noe – le contestó pausadamente

Se la quedó mirando, sin decir nada más. Pensando en el porqué no podía hipnotizarla, qué era lo que estaba sucediendo. Su cabeza no dejaba de de dar vueltas, mientras Noe sentada en el suelo junto a Reyben empezó a cantar una melodía:

A caballo comienza el delirio de esta carrera 
A caballo de mi beso a caballo de la primavera 
A caballo caemos al río 
A caballo apagamos el frío 
A caballo se saltan los broches 
A caballo se alumbra la noche 
A caballo el amor 
A caballo bañado en sudor 
A caballo llegamos al vicio 
y juro que no es sacrificio

Mientras, en la hípica al no hallar a Noe, llamaron a un detective para que la encontrara. Todos estaban muy preocupados, sin saber a donde podría haber ido junto con Reyben.

Robert Western, detective de profesión, era especialista sobre todo en lugares como los montes, montañas o lagos, aunque también escondía sus propios secretos.

-¿Podrá encontrarla, Robert? – le dijo la encargada.
-La encontraré – le respondió mirándole con firmeza. – No lo dude.

Robert se encaminó hacía el camino hacía donde se había dirigido la niña con su caballo. Para Robert sería fácil encontrarla. Poseía un don, que desde su infancia obtuvo sin más. Sin saber porqué. Pero Robert, también conocido como “Whanimal”, podía convertirse en cualquier animal y volver a su forma humana en cualquier momento. Un secreto que nadie sabía, excepto él. Por eso era tan bueno en su profesión.

Alejado de las demás casas, se adentró en la espesura del bosque donde se transformó en un perro de caza y se puso a humear y encontró huellas de caballo que le indicaron el camino a recorrer.

Tras una larga caminata, no encontró mas huellas. Volvió a su forma humana, se puso la mano a modo de visera e intentó localizar algo que pudiera darle alguna pista. Al dar la vuelta se encontró con un cartel roído de “Prohibido pasar”.

Se acercó un poco más y entonces la vio. Una niña junto a su yegua y una especie que no lograba distinguir bien….

-Noe! – le llamo Robert, acercándose.

La niña giró la cabeza y vio a Robert. Intentó levantarse pero el Kelpie la detuvo.

-Vengo de parte de la hípica, respondió para tranquilizar el ambiente.

Robert entonces vio perfectamente al Kelpie y se dijo que nunca había visto ninguno igual. De hecho, el primero. Había escuchado muchas historias acerca de ellos pero no las creía; hasta ahora.

-Suelta a Noe – le ordenó Robert. Mirando al Kelpie con rabia
-Yo la he encontrado antes – repuso el Kelpie. Estoy furioso, no consigo hipnotizarla.
-Déjala – contestó Robert
-Este es mi territorio. Tú no podrás conmigo jajjaja. Insecto de humano.

Furioso Robert, empezó a transformarse en un Kelpie para poder luchar contra el. Los ojos de Noe se abrieron de par en par, no podía creerlo. El kelpie soltó a la niña y sorprendido ante la sorpresa inesperada, quedó paralizado. Sus ojos no podían creer lo que había terminado de hacer Robert.

-¿Sorprendido?- le contestó retándole, convertido en un Kelpie como el.-¿Qué?…¿Como? – Cobal se estaba mareando.

-Soy humano, el cómo no sé es porque tengo este don de convertirme en un cualquier animal. Llamame Whanimal.

-Basta de hablar! – Cobal le sorprendió con una fuerza descomunal y lo arrastró hasta un árbol cercano al lago

-¿Quién es el que está ahora sorprendido? – le contestó Cobal.

Noe podía ver como dos caballos acuáticos se peleaban entre sí. Incapaz de poder hacer nada para detenerlos por su gran fuerza. Sus pulmones se agrandaron y les ordenó que pararan de luchar

-Basta! – chilló Noe – sus ojos brillaban con intensidad.

Robert volvió a recuperar su forma humana, cansado de la lucha. Mientras Cobal retrocedía y miraba a la niña con curiosidad.

-Ahora me toca a mí hablar – dijo Noe, mirando a ambos.

 -Cobal, sé que en tu interior hay una parte de ti que tiene bondad, pero que no has sabido sacar a la luz – empezó a decir con voz suave y serena. Eres una criatura hermosa, llena de luz, donde tú sólo ves oscuridad. He vivido prácticamente desde niña con los caballos, sé cómo son. Eres un Kelpie, muy parecido a los caballos de tierra, con la diferencia que eres acuático.

El que seas un caballo de mar, no te hace ser diferente a los demás.

Whanimal y Cobal la escuchaban con atención. Cómo una niña de doce años podía manejar y controlar tan bien el control sobre un Kelpie.

Mientras le hablaba de las cosas bellas de las que poseía y de las que no no era consciente, Noe iba acercándose más hacia Cobal, lentamente. No tenía miedo. De sus labios Cobal volvió a escuchar la misma  melodía que antes la niña había cantado. Antes de la llegada de Robert o Whanimal, que ahora se decía llamar.

A caballo comienza el delirio de esta carrera 
A caballo de mi beso a caballo de la primavera 
A caballo caemos al río 
A caballo apagamos el frío 
A caballo se saltan los broches 
A caballo se alumbra la noche 
A caballo el amor 
A caballo bañado en sudor 
A caballo llegamos al vicio 
y juro que no es sacrificio

Noe, estaba muy cerca de Cobal. Ahora era Cobal el que se sentía hipnotizada por la voz suave y melodiosa de la niña. La niña le acarició en medio de su frente, seguidamente le frotó debajo de las orejas y del cuello. El Kelpie empezó a liberar toda la tensión acumulada, relajando los músculos.

-Cobal, quiero decirte una cosa muy importante – le susurró Noe – entreabriendo los ojos.

-Te escucho  – le respondió – escuchándola.

-Te voy a decir una cosa que quiero que te tomes en serio – mírame, por favor.

-Dime, Noe…

-Tres palabras quiero que te queden grabadas a partir de este momento. Son importantes. – “No Estás Solo”.

Robert miraba estupecfacto a aquella niña, cómo se había enfrentado sin miedo alguno al Kelpie. Por otro lado Noe avanzó un paso hacia atrás porque no sabría la reacción de Cobal.

Reyben se levantó y lentamente fue caminando junto a Noe y cuando Cobal la vio, relinchó, levantó las patas hacia arriba dejando ver un cuerpo espléndido y con una hermosa cabellera.

Reyben se acercó y se colocó frente a el, mirándolo con dulzura y con su cabeza se inclinó y asentió.

Noe no podía creer lo que estaban viendo sus ojos! – su Reyben se estaba enamorando. Cobal y Reyben juntos. La soledad ya no existiría jamas en la vida de Cobal. Nunca mas estaría solo.

-Es increíble, Noe!. – te admiro lo que has conseguido lograr.

-No lo hubiera conseguido si no hubieras aparecido – le contestó ella.

-Hazme un último favor – le dijo Robert mirando a la niña

-Dime, cual…

-Guardarme el secreto – nadie sabe, excepto tú sabe que me puedo convertir en cualquier animal.

-Tranquilo. – tu secreto está a salvo con nosotros. Y mirando a su yegua y a Cobal sus labios sonrieron de felicidad. A Cobal se le veía feliz. Y Reyben enamorada.

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4 comments

    1. Sin la fantasía y esa pizca de locura creativa…la vida solo sería lo que nuestros ojos ven. Crear un mundo paralelo al nuestro a mi me sienta bien. Gracias por leerme.

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