Sombras en la Noche, by Neus Sintes

En un barrio marginal de Madrid, vivía en unos bloques de edificios una chica llamada Ingrid. Era misteriosa, siempre vestía de negro llevando consigo su cazadora de cuero negra, colgando de ella varias hebillas y cremalleras. Tenía un aíre muy misterioso. Iba siempre por solitario, pero en cambio ella sabía de casi todos, o eso creía…

Vivía en el tercero y con quien de vez en cuando se cruzaba era con su vecino. Siempre lo veía borracho por las noches llegando a su casa e intentando poner la llave en la cerradura. Era con el único que se saludaban.

Durante las noches Ingrid salía al balcón donde podía respirar el aire fresco de la noche y con sus anteojos observar. Era una gran observadora. Atenta a cualquier detalle o movimiento, aprendió a saber de sus vecinos, de sus vidas, pasando ella desapercibida.

Pero un día vio que cerca de su casa había un local, un bar entre las sombras de la noche.  Lo que hace unos dos años había sido un viejo y abandonado desván, ahora se encontraba un bar.

La curiosidad la atrajo a lo desconocido y bajó por las escaleras adentrándose en el callejón a oscurad y sin apenas luz en las farolas,  fue caminando hacia la oscuridad de la noche.

El crujir de la puerta roída por el tiempo fue el único sonido que se oyó. El bar estaba en silencio. La puerta a sus espaldas se cerró por completo hasta que el hombre que permanecía de espaldas detrás de la barra se dio la vuelta. Un hombre de complexión delgada pero fuerte se quedó mirando a Ingrid con ojos fríos.

-Buenas noches… – ¿deseas algo?, preguntó sin dejar de mirarla

-Estaba de paso, pero puedes ponerme una copa, contestó Ingrid sentándose en la barra del bar. Mientras saboreaba la copa, su mirada no dejaba de mirar aquel local, en cómo se le había podido escapar de sus manos, en cómo no se había dado cuenta de que estaba allí…

-Oye…¿como te llamas? –  le pregunta Ingrid, con naturalidad

-¿Porque lo preguntas?, le respondió algo incómodo. Mi nombre es Ryan y la verdad no soy muy hablador, así que…

-Ya. me he dado cuenta. Tan solo quería saber tu nombre. Yo me llamo Ingrid.

Entonces Ryan la miró muy atento. Como si una alarma se hubiera encendido en su cerebro.

-¿Se puede saber que hace una chica como tú, a estas horas de la noche, sola, en un bar como este?… – le dijo Ryan mirándola a los ojos. Acaso no tienes miedo.

-El miedo no existe, tan solo está en nuestra mente. Es fruto de nuestra imaginación…

Ryan no dijo nada. Siguió observando a Ingrid mientras bebía con tranquilidad de aquella copa.

Pero en su mente su nombre no paraba de resonar. Ingrid, Ingrid, Ingrid….Su mente le estaba intentando decir algo, algo para lo que él no tenía ni idea. No paraba de observarla, con una elegancia y un aire tan segura de sí misma. Parecía muy misteriosa y a la vez peligrosa.

Cuando hubo terminado su copa, Ingrid se despidió.

-Hasta luego Ryan… – volveré.

-Ten cuidado con las sombras de la noche –  le advirtió el.

Ingrid se detuvo en el pomo de la puerta y lentamente se giró hasta que sus miradas se cruzaron. Se quedaron mirándose por unos momentos y sin decir nada más, Ingrid siguió su camino hacia casa.

Tumbada en la cama pensaba en las últimas palabras de Ryan “las sombras de la noche”…mientras le daba vueltas a la cabeza intentó dormir un poco, si es que lo conseguía. No podía pensar en otra cosa.

Sus párpados empezaron a cerrarse lentamente cayendo en un profundo sueño donde la imagen de una joven mujer se reflejo en él. En la instancia aparecía una hermosa mujer con un bebé en brazos. Había dado a luz, hacía apenas unas horas. Se encontraba sola amamantando a aquélla preciosa niña de ojos verde esmeralda, cuando de sus labios salieron unas palabras:

Ni todas las estrellas se localizan en lo más alto del firmamento ni todos los corazones se ocultan por miedo a mostrarse tal y como son.

Y caminando se alejó dejando a la bebé en la cuna…Una sombra se tiñó de oscuridad e Ingrid despertó.

-“Las sombras de las noche”… – despertó alarmada. Tengo que averiguar que y quienes son – se dijo a sí misma levantándose de la cama e inclinándose hacía la ventana intentó recordar lo que había soñado.

-¿intentaba decirme algo esa visión del sueño?

Ingrid nunca había conocido a sus padres ni había tenido familia. Vivió su infancia en un orfanato, con un carácter bastante complicado de dominar. Intentó escapar mas de una vez y cuando cumplió sus 18 años huyó y nadie más pudo detenerla.

Entonces recordó un fragmento que recordaba de no sé donde y que venía a su mente en los momentos mas oportunos para calmar su interior…. – Noches en las que la luna decide iluminar mis pasos más que cualquier farola. Noches en las que todo, hasta lo inesperado, puede suceder. Noches que se vuelven día. Noches mágicas que despiertan a mi verdadero yo. En definitiva: Noches… noches de luna llena.

Cuando amaneció decidió prepararse para enfrentarse a un nuevo reto; encontrar el sentido a las palabras de Ryan.

Una vez se hubo vestido se coloco por encima su cazadora de cuero y emprendió escaleras abajo en busca de respuestas.

Se dirigió sin pensárselo al bar donde lo más probable que allí encontrara a Ryan y tal vez con algo de suerte conseguir respuestas. Cuando estaba a escasos pasos de entrar, un cartel de “Cerrado hasta la noche“, se interpuso en su camino.

Cerró los puños en un intentó de rabia. No podía hacer nada más que esperar a la noche…Deambuló durante todo el día pensando en lo mismo. En las respuestas a sus incógnitas y en Ryan; quería saber de él, tenía un aire misterioso que le hacía mas intrigante…

Ingrid siempre había vivido entre penumbras, no tenía pasado, ni familia. Por eso le era más fácil detectar a las personas como Ryan que parecían ocultar algo, o simplemente lo parecía. La investigación hubiera sido su campo de estudios de haberse dedicado a ello. Digamos, que lo hacía, pero en su mundo; en el mundo real al que le había tocado vivir.

Se acercaba la noche y con ella una hermosa luna llena reaparecía en lo alto, brillante. Ingrid la observaba desde el balcón de la habitación.

Ingrid se disponía a salir cuando el teléfono comenzó a sonar; era de madrugada. Ingrid se sobresaltó. ¿Quién podría estar llamando a esas horas de la noche?. Descolgó el auricular perezosamente.

-¿Diga? – preguntó

-Silencio-

-Hola, ¿quién es? – dijo frunciendo el ceño

Un profundo y silencioso suspiró se oyó a través de la otra línea. A Ingrid se le erizó la piel, colgó el auricular, esperando a que éste no volviera a llamar…Pero el teléfono volvió a sonar insistente, aunque esta vez Ingrid no lo cogió. Decidió salir e irse de

Ryan seguía en el bar, de hecho no se había movido de allí. El cartel de cerrado tan solo era una excusa para poder pensar con algo mas de claridad…Se acercaba la noche y la impaciencia por saber si la volvería a ver asomar por la puerta roída, oír el crujir de una mano femenina abrir la puerta como la suya, le hacía sonreír y de esta forma su mente salia de la oscuridad.

Ingrid bajo las escaleras para irse a tomar una copa y ver a Ryan. Aunque ahora tenía otra cosa en mente; la misteriosa llamada.

-Buenas noches – le saludo Ryan mientras le servía una copa

-Buenas noches – le respondió Ingrid mientras se sentaba junto a la barra.

Cuando Ryan le sirvió la copa, denotó por la mirada de Ingrid que no llevaba uno de sus mejores días.

-Un mal día – le preguntó éste para entablar conversación.

-Me lo dices o me lo preguntas – le esbozó una sonrisa amigable.

-¿cierras todos los días por la mañana? – preguntó

-Sólo a veces.. – esta vez Ryan le contestó con algo con una mirada que parecía ocultar algo.

Después de un largo silencio cada uno pensando en sus cosas. Ingrid fue la primera en hablar.

-“las sombras de la noche” – dijo mirando a Ryan de reojo.

-Silencio-

-Sabes algo, lo sé y me lo estás ocultando, Ryan – esta vez le miro fijamente

-No es lo que crees – contestó Ryan sin saber muy bien qué decir. Le había cogido desprevenido.

-¿A qué o quienes te referías cuando la noche anterior salí de aquí? – En serio, llevo todo el día pensando en lo mismo, tengo mis dudas y para colmo la llamada de esta noche sin respuesta….

-Espera! – le interrumpió Ryan. – ¿Qué llamada?. – entrecerró los ojos

-Alguien me ha llamado antes de venir y solo he podido oír un suspiro al otro lado del auricular, nada más. – Silencio -.

Ryan se pasó un paño de agua por la cara, sin saber muy bien cómo empezar. Miró a Ingrid intranquilo. Un silencio extraño invadió el bar. Sin decir palabra y sin dejar de observar a Ingrid salió de detrás de la barra y se encaminó a poner el cartel de “Cerrado“.

-Ingrid, vayamos a la mesa del fondo – le indicó con la mano

Ingrid con paso decidido se encaminó hacia la mesa. Una vez frente a frente Ryan e Ingrid esperaban cual de los dos rompería el silencio. La estancia era fría y tensa. Esta vez fue Ryan que aunque sin saber qué decir rompió el hielo.

-Una sombra de la noche te ha seguido. – le miro seriamente.

-Ahora me dirás que debería creerte, si apenas tú me conoces ni yo a tí – dijo soltando una carcajada.

-Es verdad, tú no me conoces. Pero lo cierto es que yo sí a tí. – esta vez su expresión fue mas seria que la anterior.

Ingrid se puso en alerta, detectó que Ryan sabía más de lo que ella creía. Así que también adoptó una postura seria y a la vez preocupante.

-Ryan, de acuerdo – Cuéntame por favor, que esta pasando… – le contestó preocupada

Volvió a frotarse la cara con ambas manos, preocupado. Desvió la mirada y percibió que había luna llena.

-Ingrid, ¿has mirado la luna llena antes de que te llamaran? –  observó

-Ahora que lo dices, sí. Antes de la llamada. Cuando me disponía a venir hacía aquí. – respondió.

Noches en las que la luna decide iluminar mis pasos más que cualquier farola. Noches en las que todo, hasta lo inesperado, puede suceder. Noches que se vuelven día. Noches mágicas que despiertan a mi verdadero yo. En definitiva: Noches… noches de luna llena. – dijo sin más Ryan.

-Qué has dicho!, – haciendo ademán de levantarse. – Esa palabras están en mi mente desde siempre. – Vienen a mi mente cuando estoy intranquila y calman mi interior – le contestó algo más calmada

-Intentaré empezar desde el principio, de acuerdo. – Ahora debes creerme, por favor.

Una tormenta empezaba, se podían escuchar los truenos desde a lo lejos. Pequeñas gotas de lluvia fueron aumentando e Ingrid impaciente y nerviosa se encontraba por saber la verdad de lo que ocurría.

Ryan se concentró por unos instantes, había cerrado los ojos y al abrirlos el verde de su pupila se iba convirtiendo en un tono rojizo.

-No temas, le tranquilizó – me ocurre en las noche de luna llena. – no me preguntes el porqué, todavía.

-Ingrid, asintió – sin decir palabra.

-Las sombras de la oscuridad siempre están al acecho, detrás de nosotros. Nuestra sombra es su sombra. Nuestro pasado oscuro les alimenta, les hace más poderosos y son nuestros enemigos, nuestros miedos, nuestros temores. Algunas de esas sombras oscuras tras alimentarse de nuestros miedos, solo algunas han tomado forma humana. – dijo mirando a Ingrid muy seriamente.

Ingrid escuchaba atenta y sin parpadear las palabras de Ryan mientras iba almacenando en su interior cada palabra que de los labios de Ryan surgían.

Hubo un tiempo, hace años un sombra oscura se enamoró de una humana. Entonces es cuando el sol dio paso a la oscuridad, un reino de terror se había apoderado en nosotros. La sombra  oscura tras enamorarse de la humana, iba percibiendo la existencia del amor y oscuridad y luz se entremezclaron, fusionándose.

Ingrid empezó a ver en su mente recuerdos de la mujer que había aparecido en sus sueños y un extraño sentimiento empezó a sentir

-Sigue, por favor – te escucho le dijo Ingrid.

-De la historia de amor de ambos surgieron tres nacimientos. – Ryan hizo una pausa – Sus manos temblaban ligeramente, se encontraba nervioso.

-¿Te encuentras bien? – se preocupó Ingrid

-Sí, si.. – cuestas relatar la verdad – contestó mirándola a los ojos todavía de color rojizo.

-Mi pasado Ryan también ha sido oscuro, pasé mi infancia en un orfanato y fui y he sido rebelde – le contestó

Ryan la observaba con una extraña sensación de profundo dolor y rabia. Y decidió continuar…

-Me encuentro mejor – Bueno, como te iba contando surgieron tres nacimientos fruto de una historia de amor y después surgió el caos. – afuera la tormenta seguía en aumento.

Su primer hijo Izan al nacer era idéntico al padre. Tenía todos los genes de la sombras oscura, de su madre humana no tenía parecido. Su primogénito, orgullo de su padre por poseer los mismos dones que él.  Izan fue creciendo con rapidez y tenía la misma astucia que su padre y el lado oscuro. Su madre en ocasiones no podía controlarlo, por su fuerza y su poderío.

Al cabo de dos años mas tarde tuvieron otro hijo llamado Ryan…

-Silencio-

-Ryan! – Tú…u es otro – balbuceaba Ingrid, sin comprender.

-Ingrid – mimare a los ojos. Soy yo. – Cálmate, todavía no he terminado.

-Como he dicho nació otro varón, yo. Sí, el Ryan que tienes delante. A diferencia de mi hermano había heredado las dos mitades. Los genes de mi padre y de mi madre.

-Y ¿tu hermano Izan dónde está?, se atrevió a preguntar Ingrid.

-Al crecer se independizo y se convirtió en una sombra oscura malvada y peligrosa. Aun con mas poder que el que tenía mi padre. Creo y digo creo que podría ser el quien te ha llamado, quien te persigue… – dijo dubitativo.

-A mí…¿porqué? – sigo sin entender

-Mis padres tras ver que Izan y yo nunca fuimos compatibles y siempre discutíamos, decidieron  separarse, pero antes de separarse, mi padre se quedó con mi madre ya que en su vientre crecía otro hijo. Pero nació una niña. Una niña que había heredado lo mismo que yo. Entonces mi padre se fue con mi hermano y yo decidí quedarme con mi madre a pesar de llevar en mis venas también  una parte oscura.

-Una hija…-dijo algo mareada – y ¿cómo se llamaba?

-Tú, Ingrid. Eres mi hermana – afirmó

Ingrid quedó paralizada ante la afirmación de Ryan. – No, no puede ser…entonces mi padre es una sombra oscura y mi madre – entonces recordó el sueño que había tenido y que regresaba algunas noches.

-Ingrid, ¿te encuentras bien? – no era mi intención decírtelo tan repentinamente pero debía decirte la verdad. De lo que somos. Tenemos nuestra alma buena; la de nuestra madre pero siempre hay una oscuridad en nuestros ojos y en nuestra alma y no podemos evitar tenerla, – ¿comprendes?

Ingrid asintió – aún algo perdida.

Nuestra madre estuvo con nosotros. Pero una noche enfermó. Un mal de tinieblas negras cubrieron la tierra, al menos la de nuestro mundo. Yo era apenas un niño y tu eras muy pequeña, dos años tal vez, no lo recuerdo cuando el fin se aproximaba a nuestra madre.

-Yo sueño con ella, siempre la veo en mis sueños – contestó Ingrid. – Aparece una mujer dando a luz y  a continuación alimentando a la recién nacida y luego mucha oscuridad. Eso es lo que recuerdo.

-Mi mente, Ingrid estaba vacía entonces. Nada puedo recordar, sólo que estábamos solos y nada podía hacer contra las puertas del mal y tuve que salvarte llevándote a las puertas del primer orfanato que encontré. – Perdóname – Quería salvar, quería que estuvieras a salvo.

Una, la primera e única lágrima se deslizó por la mejilla de Ingrid.

-Ryan, ¿Como podemos derrotar a Izan, nuestro hermano? – Quiero venganza.

-Juntos podemos, hermana. Yo solo no puedo. Juntaremos nuestras fuerzas; es la única manera de ganar esta batalla.

-Toc, Toc… – alguien intentaba entrar.

-Es él, Izan – observó Ryan. – Ingrid tus ojos se te han vuelto rojos. Estas controlando el lado oscuro. Voy a hacerle pasar…estas preparada?

-Sí, lo estoy – asintió con la cabeza

Izan era el reflejo idéntico a su padre, pero más fuerte. Al entrar percibió a Ingrid. Se quedó observándola largo rato y el silencio se apoderó de la estancia.

-Ingrid, únete a mí y serás mas poderosa – le dijo Izan extendiendo los brazos

-No pienso unirme a ti, nunca. – le respondió con ira

-Piérdete en el infierno, Izan – respondió Ryan. – Aquí no te queremos. Ingrid sabe toda la verdad. Toda. – recalcó.

-Que bonito, los tres hermanos juntos, verdad – jajajaj. – rió descaradamente Izan

-Te vamos a eliminar de la faz de la tierra, Izan.

Ryan e Ingrid utilizando sus poderes oscuros y a través de sus ojos rojos empezó una pelea que terminó en un río de sangre. Juntando sus lados oscuros no pudieron vencerlo

-Ryan, le grito Ingrid!

-Dame la mano – juntemos nuestras fuerzas humanas; no las oscuras. Confía en mí, tengo una idea.

Juntaron las manos y al abrir los ojos éstos brillaron aún mas. Habían renovado fuerzas y de los labios de los dos dijeron al unísono dirigiéndose a su hermano…

-Noches en las que la luna decide iluminar mis pasos más que cualquier farola. Noches en las que todo, hasta lo inesperado, puede suceder. Noches que se vuelven día. Noches mágicas que despiertan a mi verdadero yo. En definitiva: Noches… noches de luna llena.

-Noooo!, – mis oídos. No puedo escuchar eso. Cayendo de rodillas, se rindió. La lucha había terminado. La parte buena había podido ser mas fuerte que la parte oscura.

-No vuelvas nunca más. – Vete miserable.!. Ingrid miro a su hermano y le sonrió. Ahora si tenía familia. Su hermano era su familia. Nunca más podría volvería a sentirse sola ni Ryan tampoco.

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