La Princesa y el Dragon, by Neus Sintes

En el castillo de los “Maison Fote de Reinac”, situado a las afueras de Francia, los Reyes junto a toda su corte anunciaban el nacimiento de su primera hija. La princesa Desirée. Todo el mundo gozaba de alegría y daban las felicidades a la Reina y al Rey. En honor al nacimiento de su primera hija Desirée el Reinado ofreció una fiesta a todos sus súbditos.

Vinieron de muchos Reinos cercanos y lejanos para ver a la recién nacida. Una bella niña de mirada despierta  y ojos verdes y de carácter muy alegre. Muchos obsequios hacía la pequeña le fueron dados, especialmente uno de ellos. El mago Domi un personaje curioso en el Reinado ya anciano, besó a la recién nacida Desirée y le ofreció como obsequio un pequeño amuleto: Se trataba de un pequeño dragón, no era una mascota cualquiera, sino que al ser un Dragón Celestial se relaciona fuertemente con lo espiritual y lo divino, simboliza una fuerte creencia en lo que va más allá de la carne. 

Desirée lo cogió en sus pequeñas manos y empezó a sonreír. El dragón empezó a acurrucarse en sus manitas y después de que todos los invitados se fueran, Desirée quedó completamente dormida, con Denis en sus manos; así se llamaba el dragón.

-Domi, espera un segundo – dijo el Rey Dimitri. ¿Es seguro que tenga un dragón a su lado nuestra hija?

-Tranquilo Majestad. Desirée estará bien. Los dragones no hacen daño, así como la gente se cree – le tranquilizó

La Reina Dalila apareció por los pasillos donde el Rey y Domi estaban conversando

-Buenas tardes, mi Reina – indico con una reverencia

-Buenas tardes, Domi – la ofrenda de hoy a Desirée, ¿Es segura, al ser tan pequeña, tener a Denis a su lado?

-Como le he comentado a su Majestad el Rey, sí lo es – afirmó. Es más, hay personas que son mas malvadas que los propios dragones.

El Rey y la Reina tras oír  sus palabras se quedaron mas tranquilos. Seguidamente se fueron a sus aposentos con Desirée en brazos y el pequeño dragón acompañándola.

Pasaron los años y los Reyes no pudieron dar mas hijos al Reinado. Desirée fue creciendo y a sus ya veinte años, se había convertido en todo una mujer. Con su cabello ondulado  rubio y esa alegría que desde el día que nació llevaba dentro era la alegría del Reino. Al ser la única hija de los Reyes y éstos no tener mas descendencias ni hijos varones, le fueron enseñando la disciplina propia de una futura Reina, lo que nadie se imaginaba es que fuera tan pronto…

Denis había crecido pero el amor y la unión que tenían los dos, había permanecido desde el día de su nacimiento.

El Rey Dimitri se hallaba enfermo, ningún especialista sabía detectar la causa. Cierta noche, agonizaba de dolor y de fiebre. La Reina Dalila que no se separaba de el y tuvo que vivir una de las peores noches de su vida. El Rey ya no tenía fuerzas y poco a poco pudo ver como iba abandonando el mundo.

Sollozos se oyeron y gritos de euforia y ansiedad. La Reina había entrado en trance al ver a su marido fallecer. Todos los súbditos acudieron a la habitación y Desirée también con Denis a su lado.

-Nooo!!, ¿Porqué? – sollozaba

-Papá!- lágrimas empezaron a surcar sus mejillas. – Prometo cumplir con mis funciones de Reina. Y dando un último beso en la frente de su padre – se despidió. Triste y desolada fue a su habitación para derramar en silencio sus últimas lágrimas para afrontar un mundo en el que ser Reina todavía no estaba preparada.

Pasados los días de luto, su madre Dalila empezó a recuperar color en las mejillas. Seguía estando triste pero sabía que tenía a su hija a su lado.

-Desirée, cariño – tenemos que hablar le dijo su madre

-¿Que ocurre, madre? – Acaso no estoy cumpliendo como debo…

-De eso precisamente quiero hablarte – podríamos ir a un sitio tranquilo, donde no nos oyeran – propuso

-Sí, por supuesto – avanzó Desirée

-Sé que en poco tiempo has tenido que aprender algunas cosas sobre ser Reina que no tenías por mano, pero – hizo una pausa – debes cumplir con otra función que toda Reina debe realizar.

-¿A cual te refieres madre?- pregunto intrigante

-Al matrimonio. Deberás contraer matrimonio con algún Rey del condado – le miró fijamente – para así dar un heredero.

-Madre, no estoy preparada para ello! – dijo exclamada.

Desirée se fue al bosque, donde allí había creado un lugar para Denis. Se trataba de un bosque privado donde sólo el y ella tenían acceso. Un lugar mágico, donde tenía últimamente por costumbre pasar más tiempo. Denis le miró a los ojos como leyéndole la mente, comprendiéndola.

Desde de niña Desirée empezó a hablarle, manteniendo con Denis una conexión muy especial. A partir de allí sin percatarse, un lazo celestial se unió a la niña, formando parte de ellos dos. Denis se había convertido con los años en su protector, en su amigo fiel y en su compañero.

-Denis, no sabes lo triste que me encuentro – le contaba mientras le acariciaba el lomo – como función de Reina me tengo que casar y yo no quiero. Dime, qué me aconsejas, mi Denis. Se acurrucó al lado de Denis y fue cayendo en un sueño profundo hasta que así transcurrió toda la noche.

Por otro lado, su madre estaba impaciente, ya se habían hecho llamadas y envíos a cartas a diferentes Reinados para que cada príncipe del Condado se presentara al cabo de dos días y entonces Desirée tuviera la opción de escoger.

Al día siguiente, Desirée apareció por el Reinado, sorprendida de cuántos príncipes habían venido a palacio.

-¿Qué es lo que ocurre, madre? – intervino cuando la vió

-Hija, todos estos pretendientes que ves aquí tras las puertas son los que están interesados en contraer matrimonio con la Reina, tú mi hija – le miró a los ojos orgullosa – Eres Reina, del Reino “Maison Fote de Reinac”. Tu padre estaría orgulloso de ti.

-Mi padre, Madre – que en paz descanse – siempre había deseado mi felicidad. – y sentándose empezó a recibir a los recién llegados a Palacio.

Uno a uno fueron presentándose. Todos ellos de familias ricas y numerosos. Galantes y propensos a fardar de sus pertenencias. Valoraban mucho lo material – cosa que a Desirée no le gustó. Y así un sin fin de numerosos pretendientes. Hasta que una vez presentados todos, Desirée les hizo una pregunta muy importante:

-Muy bien, me habéis alagado mucho con vuestra presencia – pero tengo que haceros una pregunta – ¿os gustan los dragones?.

-Oh, no! – dijeron a lo unísono

-De acuerdo, ya sé mi decisión, afirmó. De esta forma concluyo… – y apenas pudo articular palabra alguna cuando un nuevo pretendiente reapareció en la sala. Era alto, de ojos verdes y cabellos ondulados de un color miel – parecido a Denis. Y cuando lo vio mas de cerca pudo verlo de arriba a abajo.

Se levanto de la silla y vio a su Denis convertido en un dracántropo. Mitad hombre, mitad dragón.

Todos se asustaron menos Desirée que con lágrimas en los ojos fue corriendo a su lado. En el centro del salón – anunció – alto y claro para que quedara claro de una vez por todas.

-Solo habrá un pretendiente en mi Reino. Para mí es un honor presentar a Denis, mi futuro marido.

-Besando la mano – encantado de serlo – mi Desirée. He llevado mucho tiempo en mi forma de dragón celestial, hasta que ha llegado el momento de unirme a alguien…a ti. – la persona que ha estado siempre en mi vida.

-Y tu en la mía – afirmó Desirée. Quién quiera abandonar el Reino, ahora es el momento, por el contrario, voy a contraer matrimonio con Denis.

Con el tiempo llegaron a formar juntos un mundo, un Reinado de bellas damiselas como Desirée y fuertes varones misántropos como Denis.

 

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