“Varadero”, by Neus Sintes

Aún recuerdo aquél verano del 2015, cuando te conocí por primera vez. Te recuerdo cómo si fuera ayer. Estabas apoyado en la barra de una pub cuyo nombre siempre recordaré “Varadero“, situado cerca del mar.

Me observabas con una copa en la mano y en la otra sujetabas un cigarrillo mientras tu mirada me observaba mientras bailaba en la pista junto a unas amigas. Cesó la música y la noche solo había empezado y entonces fue cuando nuestras miradas se cruzaron y empezamos a hablar, a conocernos. No percibíamos la música que volvía a sonar, sino que solo era como si tu y yo estuviéramos solos…y así surgió una bonita historia entre nosotros que nunca mi mente podrá olvidar, pero el destino hizo separar ese lazo que tan unido nos mantenía el uno del otro.

Su padre, era un hombre de negocios, por lo que muchas eran las ocasiones en las que tenían que desplazarse de lugar, de ciudad. Por ese motivo tuviste que irte, prometiéndome que volverías y aún aquí suspirando y mirando a través de la ventana de mi habitación pienso en el día en que así como llegaste a mi vida, a mi corazón, tuviste que marchar.

Han pasado los años  y a pesar de que sé que existe esa esperanza en mi corazón, me siento vacía por dentro y mis mejillas, húmedas de tantas lágrimas derramadas, deseo en ocasiones gritar a pulmón abierto todos aquellos sentimientos que sólo yo tengo almacenados en mi interior.

Muchas son las veces en las que he vuelto al mismo lugar. Entrando en el pub con una pequeña esperanza de encontrarte, en vano.

En mis sueños apareces cada noche y en ellos me hablas de tu vida, de tus sensaciones y de tu amor que todavía sientes hacía mi, aunque son sueños y aunque me estés hablando tal vez sea porque quiero recordar el sonido de tu voz. En otras ocasiones me despierto creyendo haber oír el sonido del timbre sonar.

-toc, toc…

Me levanto cautelosamente y despacio cruzo el pasillo que conduce a la puerta y en medio de la fría noche, mi desilusión al comprobar que detrás de ella, no hay nadie, ni nada… y así como tantas otras noches.

Era un día como otro, y después del trabajo me fue directa a casa, me senté en la repisa de la ventana, mi lugar preferido donde dejaba volar mis pensamientos.

A veces me pregunto si volveré a verte, poder tocar tu piel y oler tu fragancia… y así como iba pensando de nuevo, el timbre de la puerta me hizo desviar de mis pensamientos. Me levanté de la repisa de la ventana a la que estaba apoyada y me encaminé a abrir la puerta, a sabiendas de que no abría nadie. Aunque me percaté de que no estaba soñando, de que aún era de día. Era consciente. Habían llamado a la puerta. Podría ser cualquiera.

-¿Pero Quien? – me pregunté, dubitativa

-Hola mi amor. He regresado – como te prometí. Esta vez para no irme nunca más – dijo besándome en los labios.

Mi corazón no podía creerlo, mis ojos parpadearon dos veces para comprobar que a quién tenía delante era a la persona que hasta ahora había estado esperando. Dos largos años de agonía y de tristeza habían terminado. Por fin juntos de nuevo y rogando al destino que no nos volviera a separar nunca más.

 

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