El reencuentro, by Neus Sintes

En uno de los jardines más  bellos de Italia se encontraba Noa. Siempre iba allí. Era el único lugar en el que se encontraba tranquila y donde hallaba la calma. Estaba rodeado de arbustos y las hojas verdes resaltaban el lugar. El silencio era el único sonido que se podía percibir. Llevaba una fina blusa blanca junto con unos leguiss negros. Era mayo, y en ocasiones refrescaba sobre todo por las noches. En su bandolera llevaba siempre un libro. Su acompañante en este viaje. Había decidido viajar a la Bella Italia, hallar un nuevo destino.

Sentada en el banco, sostenía entre su regazo un libro que contaba las historias mas bellas que ella le hubiera gustado vivir. Noa era soñadora, de carácter positivo y alegre. En su mente siempre había una frase que le gustaba recordar y que normalmente le venía a la mente “En el soñador vida y sueño coinciden”.

Izan llevaba una semana observándola. Ansioso de saber más de ella. ¿de qué la conocía?. La observaba con esa mirada intensa y atractiva. Sus ojos eran del color azul-grisáceo cuando se sentía contento y jovial, en otras ocasiones cambiaban de color dependiendo del tiempo o el estado en que se encontrará a verde-grisáceo…algo muy peculiar que nunca sabía porqué le sucedía.

Cuando Noa se dirigía hacia su apartamento, que estaba situado en la Toscana. Cuando pasó por el lado de Izan, un escalofrío recorrió su cuerpo. Sorprendida se giró y sus miradas se cruzaron por unos segundos.

Apoyado en la barandilla del puente se encontraba un chico de mirada profunda y cabellos rubios, mirando cómo se alejaba Noa. Izan hizo ademán de saludarla y Noa hizo lo mismo.

-¿De qué le conozco?, se preguntó Noa – pensativa.

Por la noche, Noa tuvo un extraño sueño. Donde aparecía junto a un chico idéntico al que había visto en el jardín. Se encontraban juntos, en una pequeña y acogedora casita de la Toscana. Amándose en la noche donde el resplandor de la luna era la única testigo de su amor.

Sudorosa, se despertó. Se levantó algo mareada y aturdida y fue desvistiendo poco a poco, dirigiéndose a la ducha. Se quito el blusón y respiró profundamente cuando el agua le iba cayendo poco a poco sobre su cuerpo, relajándola, aliviándola…

El sonido del timbre de la puerta la desvió de sus pensamientos. Alcanzó la toalla y se cubrió dirigiéndose a la puerta, con sus cabellos aún mojados.

-¿Quién es?- preguntó Noa

Noa abrió la puerta despacio y en el umbral de la puerta se encontró con la mirada que la devolvió a la realidad.

-Hola,¿No me reconoces?- dijo tranquilamente Izan, apoyada en el umbral de la puerta.

Entonces Izan se percató de que Noa había salido de la ducha y que su cuerpo apenas la cubría una toalla a su alrededor.

-Perdona por interrumpirte… – Mi nombre es Izan. ¿En serio, no me recuerdas?. Yo sí a ti…

-Hola, ahora no sé quién eres. Recuerdo que te vi ayer en aquel jardín. Pero pasa, por favor. No te quedes afuera, parece que va a llover – ser percató Noa.

-Iba a terminar de vestirme y a prepara café- ¿Te apetece uno?.

-Llevo semanas observándote, Noa… – se apresuró a decir Izan.

-¿Cómo sabes  mi nombre?. Si yo no te lo he dicho – se asustó Noa.

Noa se apoyó en la encimera, asustada. Esta vez su cuerpo temblaba. No podía ser verdad, no podía ser real. Su mente estaba pensando y dando vueltas sin parar y cuanto mas lo miraba más se reflejaba en esa mirada que coincidía en la misma del jardín y en la de sus sueños que habitualmente había tenido. – “En el soñador vida y sueño coinciden”, le venía de nuevo la misma frase en aquellos momentos en los cuales temía que los sueños fueran reales.

Izan se dio cuenta que se iba a desmayar y con una velocidad y rápida agilidad la sostuvo por la cintura. Su piel se había tornado pálida. Le retiró sus cabellos y por primera vez pudo verla en persona a aquella dulce Noa que solo en sueños la había podido ver. Ahora la tenía en sus brazos, por primera vez podía sostenerla, notar su tacto y oler su perfume. Finas gotas de agua iban bajando por su rostro de su cabello aún mojado. Iban bajando acariciando su fino rostro, hasta algunas gotas resbalaban por su cuello terminando en su escote cubierto por la toalla.

La depositó en la cama, con sumo cuidado. A su lado,esperaba que se despertará, sin ser asustada de nuevo. Al rato, vio como empezaba a despertar. Sus párpados empezaban a parpadear, a despertar. Sus ojos marrones se abrieron. Izan le silenció los labios con un dedo para que se calmará y comprendiera que no le quería hacer ningún daño.

Noa empezó a incorporarse e Izan le ofreció un vaso de agua. Ambos se volvieron a mirar. Esta vez sin temor, comprendiendo o intentando comprender que aquellos sueños se volvieran realidad. Ella fue hablar, pero Izan le ofreció de nuevo el vaso de agua. Mientras ella daba pequeños sorbos de agua – le miraba sin comprender.

-Izan…me acuerdo de ti. – Me acuerdo de haberte visto en mis sueños – dijo sin pensar.Y no sólo una vez. Has estado en mis sueños más de una vez.

-Noa, te estado observando estas semanas porque me sucede lo mismo. Te recuerdo, te he visto en ellos y al verte en el jardín leyendo me recordaste a la chica que en mis sueños permanece cada noche al cerrar los ojos.

Izan la miró a los ojos. Sé que puede parecer de locos pero, ¿Tú crees en los sueños?. En sus significados. O tal vez es una ilusión mía..pero me pregunto mil y una vez porque estás en ellos. Por eso mi deseo de conocerte, de poder hablar si compartías conmigo este sentimiento cuando soñabas. No era mi intención asustarte.

Ya más tranquila- empezó a hablar. Había huido a Italia para empezar una nueva vida, un nuevo destino. ¿Porqué Italia y no otro lugar?; instinto tal vez, no lo sé…Huía de un pasado donde la felicidad no se encontraba en su vida. Huía no cobardía, ni por no haber luchado. La vida le había hecho daño. Pero el caso es que había luchado demasiado y buscaba algo de paz. Pero aunque huyera de aquellas personas que en su tiempo le habían dejado heridas en su corazón o en su vida, se había dado cuenta de una cosa que siempre se había negado a creer, por temor.

Y con una mano acarició muy lentamente el rostro varonil de Izan y le dijo con un hilo de voz tan suave que apenas lo oyeron ellos dos: “En el soñador vida y sueño coinciden”. 

Afuera había dejado de llover, apenas se oían pequeñas gotas chispear, que caían del tejado.

-Sabes, eres el amor que salió de mis sueños para volverse realidad, el que tiene el don de cambiar mi mundo con tan solo una sonrisa, esa sonrisa que hace enamorarme e ilusionarme con un perfecto futuro junto a ti.

Las palabras quedaron impregnadas en Noa, quien suspiró. Y Mirándole le dijo: Izan haz que no vuelva a tener miedo de que los sueños se vuelvan realidad.

Y aproximándose a Izan, la toalla de Noa fue cayendo lentamente al suelo, dejando al descubierto el cuerpo desnudo que poco a poco invadida por una mezcla de realidad y sueño se dejó llevar por quién había amainado sus miedos.

Los ojos de Izan se habían vuelto de un tono verde-gris. Su mirada contemplaba el cuerpo desnudo de Noa, que cerrando los ojos fue acercándose a sus labios carnosos, se fusionaron entre ellos. Un calor se apodero de sus cuerpos, el de un fuego y una pasión que ahora se volvía realidad.

Izan no pudo contenerse  y sujeto de las nalgas a Noa, mientras éste se quitaba la camiseta, descubriendo un cuerpo perfecto y fuerte.

Se quedaron tumbados en la cama, mirándose y diciéndose cuanto habían soñado decirse

-Quizá sea magia aunque la verdad, no lo sé. Pero sea lo que tengas, has logrado que viva pensando en ti cada momento y si no te tengo a mi lado me siento incompleto.

Te daré todo lo que necesites, te llenaré de amor hasta saciarte por toda la vida, no dudes. Tengo tanto amor por darte que quizás me quede corto el tiempo que Dios me brinde en la tierra, y todo será tuyo, eres la que Dios eligió para mí y sé que lo hizo bien.

Vivirás conmigo un eterno romance, te amaré por siempre más que una promesa es un juramento

-Oh, Izan. Haces que mi vida tenga sentido, que tenga una razón por la cual luchar, eres mi fortaleza cuando siento decaer, por ti lograré muchas cosas, por ti seré la mejor mujer que pueda existir.

Y silenciándo los labios, se fundió en su cuerpo, mientras ella gemía de placer a cada sorbo, a cada mordisco que le proporcionaba y le daba.

Izan y Noa compartían el gusto por los tatuajes… – pero había uno de los cuales llevaba Izan que hipnotizaba a Noa cada vez que lo veía. Un tribal en su cuello. Le excitaba.

Con el tiempo Noa empezó a no temer a sus sueños, a no tener más miedo al cerrar los ojos. A olvidarse de las cosas negativas de su pasado para centrarse en su vida en Italia. Juntos Noa e Izan recorrieron los mas bellos lugares y compartieron sus vidas, amándose en libertad. Sin esconderse de nada ni de nadie.

Pero en ocasiones el pasado intenta regresar, con un aspecto diferente…Un día el viento empezó a soplar de forma violenta, levantándola un poco el vestido veraniego y sus cabellos se alborotaron. En esos momentos Noa se encontraba a solas. Izan se encontraba en su casa dando de comer a su gata, cuando de lejos oyó los gritos de su amada. Sus ojos se transformaron y en una carrera felina fue hasta donde se encontraba su amada.

-Noaaa!. – gritó Izan, al verla.

-Izan, ayuda!. Quieren devolverme a mi pasado. Me quieren llevar de vuelta…las palabras se ahogaron con el viento, mientras dos hombres intentaban sostener a Noa. En el último intento Izan intentó combatir con ellos gracias a sus enseñanzas que realizó de artes marciales. Les derrotó. Pero lo que sorprendió a ambos es que Noa fue desapareciendo sin más…. – tras una niebla espesa que ni la mirada felina de Izan podía divisar.

Las últimas palabras que pudo oír muy levemente fue: Búscame en tus sueños. Allí me hallarás. Háblame en ellos y nos encontraremos de nuevo, mi amor.

Enfurecido, Izan se arrodilló. Preguntándose mil y una vez porqué no había sido posible derrotar a quien hubiera detrás de esa niebla…Había derrotada a aquéllos que sujetaban a Noa pero…¿Quién había detrás de la niebla? o ¿acaso no se encontraba nadie?. Mil y una preguntas se hacía, pero solo una de ellas sabía y era cierta…encontraría a Noa de la forma que fuera y cuando fuera…una rabia contenida empezó a surgir violentamente de Izan. Su mirada era mas felina, sus movimientos se desarrollaron con una agilidad como nunca había experimentado. ¿En qué se estaba convirtiendo?. Tras la ira, empezó a entender, con los días que transcurrían el significado de porque sus ojos cambiaban de color…llevaba escondido dentro de si la ira y ferocidad de un felino.

“En el soñador vida y sueño coinciden”.  – Desde los sueños encontraría a Noa.

Las noches eran sus únicos momentos en los que se podían hablar, oír y escucha en sus sueños. Intentar averiguar donde se encontraba y hallar la manera de que regresara…Sabía que tal vez llevara un tiempo, mientras, no perdía un segundo en hablarle y susurrarle cuanto la echaba de menos.

-Donde estas amor?  -Quiero saber de ti…

Nada me importa más que volverte a encontrar, porque quiero volverte a amar. Te hablaré de mis noches que en vela suelo pasar mirando tu fotografía y donde mi soledad aparece en las noche frías.

Dime donde estás…Deseo saber que estando lejos piensas en mi, quiero volverte a ver, te encontraré, aunque sea lo último que haga en mi vida.

Cuando Izan intentaba encontrar el lugar en donde podría estar, entonces despertaba o simplemente el sueño desaparecía. Lo peor era cuando se enfurecía y no podía conciliar el sueño, ya que la única manera posible de localizarla era los sueños…

Existía una Isla llamada la Isla D’Elba. Muchas eran las ocasiones en las que pasaba allí, junto a unos caballos, que en libertad estaban; cerca de allí. Los cepillaba y les deba de comer y luego se relajaba montando en ellos. Pensaba en su amada, en como se encontraría. Debía rescatarla. En la Isla había una playa virgen, hermosa, cuya agua era de un azul resplandeciente y de arena blanca y suave. En Muchas ocasiones había pensando en trasladarse allí…

Por la tarde decidió por instinto ir al jardín donde la vio por primera vez. Tan solo para recordar su fragancia, su perfil y esa mirada que te lo decía todo. Una tristeza le invadió. El jardín estaba igual de hermoso pero vacío y silencioso. Decidió pasear por el, adentrándose entre los arbustos y luego se recostó en el banco, donde Noa se sentaba para leer en sus ratos libres.

de nuevo llegaba la noche y con ella los sueños. Podría averiguar donde encontrar a Noa…esta vez no tenía que dejar de soñar, el sueño no debía irse de su mente.

Empezó a adentrarse en el sueño donde su amada apareció. En su sueño un cristal roto vio reflejado pero hizo un intentó por no despertar. Llamó a Noa y está le contesto;

-Izan, he roto con el pasado. Pronto de vuelta voy a estar. Solo me hallarás si me encuentras en el lugar que me viste por primera vez. Allí reaparece….

Izan despertó sobresaltado. El jardín. Cogió un caballo de la Isla D’Elba y apresurado se fue hacía el jardín. Todavía era de noche y una luna llena brillaba allí en lo alto.

Montando sobre un caballo del color negro azabache, Izan no perdió ni un solo segundo y veloz como el viento fue en busca de Noa. Esta vez iba preparado. Nada ni nadie le detendría. Su media melena rubia atrás resaltaba con el sol. Un viento empezó a soplar, muy parecido al que soplaba el día en que Noa desapareció. Atento a cualquier movimiento o sonido sus instintos felinos se activaron de nuevo.

Guardo silencio, mientras aguardaba con el caballo para poder ver si reaparecía Noa o si alguna pista hallaba. El viento seguía soplando y una pequeña niebla parecía removerse entre los arbustos más a lo lejos…Sobresaltado el caballo se encontraba inquieto. Izan lo calmó y bajó de él. Aguardándolo.

En la espesura de la niebla algo se removía. Izan se fue acercando poco a poco con cautela. La niebla se iba esfumando dejando lugar entre los arbustos a una joven con un ligero vestido rasgado y medio deshilachado por los bordes. Izan corrió a su encuentro y se encontró con el rostro de Noa, que iba despertando.

-Noa!, te encuentras bien, le susurro Izan al oído

Izan!,.. unas lágrimas surcaron sus mejillas y se fusionaron en un abrazo que duró una eternidad. No volveré a desaparecer, he roto con el pasado. No tengo otra vida que la que tengo ahora aquí…vuelvo la mirada y no veo nada, un vacío. No tengo nada. Nada.

-Me tienes a mí. Con esto basta para ser feliz.

-Noa, ahora que te he vuelto a encontrar sonrió de nuevo a la luz de la bella ciudad que nos unió.  Y ese amor el que un día se fue lejos, nunca es tarde para empezar, te sigo queriendo Y quiero saber si tu amor no murió. Si en verdad lo llevas adentro

-Izan, quiero tus besos y tus miradas Eres lo mas bonito que hay en mi vida, que hay en mi alma. Tu eres lo que mi vida siempre esperaba. Quiero saber si estando lejos pensaste en mi. Nada me importa porque quiero volverte a amar. Nunca me olvide de tu amor tan puro y tan tierno.

Agarrándola de la cintura, la levantó y besándola en los labios le dijo muy seriamente:

-No te voy a perder nunca más, Noa.

Atrás dejaron el jardín y subiendo en el caballo se fueron a la isla D’Elba, donde al llegar pudo ver por primera vez Noa un lugar mágico y hermoso. Extendió los brazos para pode respirar el aire puro de la brisa del mar.

Se empezaron a besar,  sometidos a una presión incontrolable. Ahí estaban, solos, en aquel lugar, su lugar.

No podían separar sus cuerpos, era como si estuvieran unidos por un imán.

Como dos fieras empezaron a rodar, a rodar hacía la playa hasta ir a parar al agua. Saciados por devorarse mutuamente de pasión, sus cuerpos mojados parecían dos esculturas esculpidas en un baño de fuego, acariciándose, volviéndose a besar… llevándose por la fuerza, por su intensidad de seguir… y no parar. Hubo un punto en que el oleaje del mar, junto con las olas les arrastraron hasta conducirlos a la arena.
Ese día Noa se entregó en alma y cuerpo a Izan. Le ofreció su cuerpo, para que hiciera de ella su alma gemela. El símbolo de unos colgantes sería a partir de hoy la existencia de su amor.
Una vez allí, siguieron, no les importaba dónde ni cuándo… solo querían continuar, se volvieron a mirar a los ojos y comenzaron a desnudarse… lentamente… Izan empezó por quitarle el vestido que llevaba Noa, y Noa a la vez arañando su jersey. Descontrolados fueron más, más, más… siguiendo un orden incontrolable arañando, besándose, lamiendo, gritando de pasión, esa euforia que llevaban dentro hasta que sus pulmones no pudieron más.
Tumbados, mirándose… comprendieron que estaban destinados a estar juntos, para nunca, separarse. Su relación sería un secreto, como también lo era ese lugar. No se habían dado cuenta de la hora. Cuando, más tarde se encontraban durmiendo en la playa.

Y amaneciendo en un lugar nuevo  donde Izan y Noa construyeron una cabaña cerca de la playa, donde vivieron felizmente con un presente y un futuro por delante.

 

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