Tu mirada es tu voz, by Neus Sintes

Hablas con tu mirada porque tus labios están sellados. Desde aquel trágico día en que únicamente escuchas y observas atenta, aunque en silencio. Tu mirada es la que nos habla. Sumergida en una gran soledad decidiste encerrarte, sin saber luchar, sin tener el coraje de enfrentarte a la realidad.

Clara, dulce y distante. Joven y hermosa, encerrada en un asilo por decisión propia. Alejada del mundo exterior. Encerrada para ser entregada a la oración y a la unión con Dios.  Sintiéndose protegida tras unos gruesos barrotes de su celda.

De mirada triste y ausente, rendida ante un mundo demasiado cruel. Como todas las monjas de clausura, Clara también tiene su historia que la llevó a encerrarse para no regresar al exterior, donde un mundo peligroso se haya detrás de los muros que decidió escoger. Su única decisión.

Pertenecía a una familia pobre, donde vivía con sus padres y sus tres hermanos. Ella era la única hija que tuvo el matrimonio. Por ello sus padres decidieron que a sus 17 años de edad debía contraer matrimonio. Sus hermanos varones eran más pequeños y el mas mayor trabajaba ayudando a su padre. Pero Clara, era la más mayor y la única chica de la familia.

Un día, encontró a su padre hablando con su jefe de la fábrica donde trabajaba. Era veinte años mayor que Clara. Muy dedicado a los negocios y que no le faltaba de nada.

Por la noche, durante la cena el padre fue el primero en hablar. Todos permanecían en silencio.

-Esta tarde he estado hablando con mi jefe sobre trabajo y otras cosas. Hemos hablado sobre tí – dijo mirando a Clara…

-¿Sobre mi?, dijo ésta exaltada.-

Sí. La realidad es que somos demasiados en la familia y he tomado una decisión que también lo he consultado con tu madre y creemos que es lo mejor para todos nosotros…dijo en tono suave.

-Clara deberías contraer matrimonio con Charly. Es un hombre rico y podría mantenerte y nosotros seríamos menos bocas a las que alimentar. La decisión, Clara. Está tomada.

Clara empezó a sollozar, pidiendo a su madre que le dijera que no era verdad. Su madre la miró y comprendió que lo que decía su padre era verdad. No podía entender cómo la obligaban a casarse con alguien a quien no amaba ni conocía. Entendía que eran pobres, pero esa no era una solución.

Tras varias lágrimas derramadas, éstas empezaron a cesar. Que sus padres no cambiarían de decisión.

Unos meses más tarde el enlace se llevó a cabo. Lo que para Clara debía ser un feliz enlace, para ella era el comienzo de una tormenta que solo había empezado.

Vestida de blanco se acerca a su futuro marido, quien la miraba con un deseo ardiente. Tras terminar la ceremonia, Clara subió al lujoso y oscuro vehículo y vio alejarse de la que era su familia.

-Eres hermosa, Clara. Conmigo seras feliz -le contestó con una sonrisa pícara; mientras le deslizaba el velo hacia atrás, besándola en los labios y haciendo de ella su mujer.

Una lágrima, de hecho la última, resbaló de la mejilla de Clara…

Se vio impulsado por la belleza de ahora, su mujer. Y digno de tal celebración, y como dicta tal tradición. Condujo en brazos a su preciada esposa a la habitación ceremonial. Donde la hizo suya.

Conducido por el éxtasis, sus manos tocaron con deseo ardiente aquellos pechos que tanto deseaba tocar. Clara en silencio fue despojada de su vestido blanco, dando lugar a un cuerpo desnudo, todavía sin explorar. Charly, se sentía el hombre más afortunado del mundo.

Empezó una larga noche saboreando centímetro a centímetro aquel cuerpo perfecto y puro. Atada de manos, para que no pudiera escapar. Charly empezó a abrir aquellas y esbeltas piernas e hundirse en aquel pubis tan perfecto y solamente suyo. A partir de entonces cada noche Clara recibía a su marido, desprendiéndose de su vestimenta sin protestar y Charly a sabiendas de que todavía no se había enamorada de él. Lo intentaba con regalos y complaciendo con el deseo carnal, noche tras noche.

Durante un año pudo saborear cada parte de su cuerpo, acariciarlo y penetrándola para complacerla, sin resultado. Fue suya hasta que una noche Clara no recibió a su marido. Ella se había marchado.

Un año más tarde una joven de unos 18 años de edad apareció frente al portal del convento, donde suplicando por su salvar su vida, pidió con gran fervor el ingreso en él.

 

 

 

 

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