La Filatelia, by Neus Sintes

Cuando tenía diez años, lo que más me gustaba era ir los sábados a la filatelia donde trabajaba mi abuelo. Vendía sellos a clientes muy importantes, al menos a mi edad, los veía todo tan grande y tan señorial que me parecían enormes. Mi abuelo me enseño a ser ordenada. Me ponía en su despacho y me enseñaba la ordenación de cada rincón donde él guardaba los sellos y todos los papeles.

Y así el me iba encargando trabajos, como contar 50 o 100 sellos, con los cuales tenía que poner en un sobre. O bien ordenar y papeles que tenía encima de su mesa, siempre procurando que ninguno se arrugase y los iba archivando donde el abuelo me decía.

La filatelia era enorme, grandiosa, con pasillos largos y rectos y tenía sus secretos que sólo el abuelo, su secretaria llamada Pilar, atendía al teléfono, y claro yo, sabíamos. En la filatelia había una cocina invisible al ojo humano de todo cliente que entrase. Estaba situada detrás del asiento de Pilar, lo que no se veía porque estaba detrás de una pared, blanca y cuya puerta donde daba a la cocina, era también del mismo color. Cuando se acercaban las once, merendábamos.

También había en el despacho de mi abuelo, algo que era impresionante y a la vez intrigante. Era una puerta pequeña, pero que al abrirla se veía un largo e inmenso pasillo. Bien recto, estrecho y largo, como un ciempiés. O al menos a mi me parecía un ciempiés. Era increíble. Allí estaba como una especie de tesoro, como una caja fuerte, pero no de dinero, sino de documentos.

Documentos que yo desconocía de que se trataban y que valor tenían o mejor dicho, que secretos guardaban…

Un día, mi abuelo me dijo que debía hacer unos recados y por ello se ausentaría un rato. Yo quedé sola en la filatelia. Me entraron ganas de curiosear. Ese día Pilar estaba de vacaciones, así que me encontré frente a frente con el el pasillo que conducía a todos aquellos documentos infinitos que en la solapa de cada uno llevaban escrito el Año y documento del documento a qué pertenecía. Algunos libros solo eran de sellos, libros de colección, otros de escritos y palabras que yo todavía desconocía su significado. Me gustaba observarlos, tocarlos con las yemas de los dedos y comprender toda la sabiduría que había entre esas líneas.

Al darme la vuelta, un tomo de color dorado me llamó la atención. En la solapa no ponía fecha ni nombre. Era totalmente lisa. Sobresalía de la estantería y en vez de colocarlo, me lo lleve a mi regazo para poder ver su contenido.

Me senté y empecé a ojear las páginas.

Querida Pilar. Hemos compartido muchos momentos juntos. Por ello quiero entregarte parte de mi saber para que cuando yo falte mantengas en pie la filatelia. También quiero que enseñes a mi única nieta todo lo que debe saber para que, a medida que vaya creciendo el saber no se pierda.

Mi propósito es enseñarte a tí, Pilar para que tú puedas enseñar luego a mi nieta. Formar un circulo para mantener en pie lo que tantos años me costó levantar. Que este muro no se pierda ni se destruya.

Deseo con fervor que mis últimos deseos sean estos. Si lo escribo ahora es porque nunca se sabe lo que sucederá mañana…no me gusta ser negativo. Pero sí soy realista y quiero estar tranquilo. En este libro dejo algunos datos esenciales para que aprendáis el negocio que mis hijos no quisieron seguir. La filatelia debería haber sido una empresa familiar en la que mis hijos hubieran seguido mi camino, pero al no ser así, os lo cederé a vosotras.

Mi nieta no tiene a nadie mas, por ello sé como una “tía” para ella, ya que te aprecia mucho.

No podía creer lo que estaba leyendo. No había mas notas. Las demás páginas eran datos referentes al negocio. Mi abuelo siempre había sido como un padre para mí después de que mis padres fallecieran. Por ello, después de leer aquel texto, no pensaba defraudarlo. Seguiría sus pasos y prestaría mucho mas atención cuando mi abuelo me enseñara una cosa.

Han pasado los años y aquí estoy de nuevo junto a Pilar, llevando el negocio que nos dejo mi abuelo. La filatelia sigue igual, con los recuerdos de mi abuelo y su aroma de siempre. Pilar y yo llevamos la filatelia, así como quería mi abuelo. La filatelia nunca sera derrumbada ni en su lugar existirá nunca otro negocio. Generación en generación enseñaré a mis hijos lo que mi abuelo me enseñó y de esta forma su alma siempre permanecerá en ella.

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