La ninfa Karey

Al otro lado del pueblo existe un hermoso bosque donde la gente del pueblo más cercano nunca se ha atrevido a cruzar. Han escuchado tantas leyendas misteriosas que se han ido contando de generación en generación acerca de este, que por eso se han vuelto tan prudentes y supersticiosos.

En el silencioso valle, donde únicamente la verdes hojas asoman por encima de los árboles, saben y guardan el secreto de lo que habita al otro lado del puente…

Un día, un viandante venido de muchos otros lugares en busca de un lugar estable donde poder quedarse, entró en la posada del pueblo. A Dani le sirvieron una cena caliente y una pequeña habitación. Al día siguiente se levantó con más energía y con ganas de ver cómo era el pueblo y sus habitantes. Después de andar un buen rato, decidió volver a la posada, cuando un verdoso paraje apareció frente a sus ojos. Un puente conducía a él…

Impregnado de esa belleza, sus pies dieron la vuelta, como si éstos andarán solos y anduvo hacia el puente. Entonces oyó una voz de una mujer que le llamaba, nerviosa, era la mujer de la posada. Pero Dani ya estaba atravesando el puente y apenas pudo oír lo que decía y siguió el camino. Se encontraba al otro lado.

Acostumbrado a ser un hombre de la gran ciudad, no estaba acostumbrado a ver la hermosura de la naturaleza. Caminaba sin rumbo, sus ojos veían los árboles cuyas ramas eran fuertes y grandes y a los pájaros piar para dar de comer a sus crías. Las abejas se posaban sobre las flores y las mariposas revoloteaban a su alrededor. Para él todo era hermoso. Se preguntó como era posible que los aldeanos del pueblo no fueran más a menudo.

Una brisa empezó a soplar, suave, serena y sus oídos oyeron una melodía que venía del bosque. Se oía lejana, pero si sus oído no le fallaban provenía de entre los árboles más lejanos. Avanzó más rápido, guiado por la música que le estaba hipnotizando. Parecía una música celestial.

A medida que se aproximaba, entre los arbustos vislumbró como un ser mágico tocaba la melodía que le había conducido hasta allí. Se quedó mirándola a una distancia donde podía observarla detenidamente. Era hermosa. Estaba sentada en el suelo tocando esa melodía que le había robado el alma. Desnuda bajo un manto de puro encanto. Poseía una larga melena lacia y unas alas casi transparentes. Sus grandes ojos miraron de repente a Dani y sus labios del color carmesí lo observaron por encima de la flauta. Se parecía a una Ninfa.

Apenas sabía de ellas…Únicamente que eran seres mágicos, procedentes de la fuerza de la naturaleza, según escuchó un día en la universidad, donde un compañero hablaba del tema, aunque Dani siempre había dudado de su existencia.

Dani estaba quieto, apenas respiraba. Absorto en su belleza se quedó allí mirándola, anonadado. Una brisa fría acarició su piel, su vello se erizó sin más y un escalofrío recorrió su cuerpo.

Con rasgos felinos la ninfa dejó el instrumento musical y sin dejar de mirarle a los ojos fue acercándose a el sin importarle enseñar su desnudez. Al estar a su lado, ella empezó a observarle, detectaba algo extraño en ese humano pero no sabía el qué…

Sus pensamientos empezaron a recordar años anteriores a la de su época, donde existían humanos diferentes a los demás. Una raza humana que poseía dones que la madre naturaleza les había proporcionado. Unos tenían el don del agua,  otros de la naturaleza, de las hojas o del viento entre otros muchos. Pero dudaba que éste hombre venido de la nada lo fuera. Aquellos humanos se extinguieron hace muchísimos años, antes de que ella se transformara en ninfa, porque los Dioses así lo decidieron.

Mientras, Dani seguía observándola, inquieto y sin saber qué hacer o como reaccionar. Nunca se había encontrado en una situación así, frente a una ninfa que la observaba, desnuda y atenta, sin saber lo que le deparaba era bueno o malo.

Empezó a observarlo de nuevo, volviendo a la realidad. Empezó rozando sus cabellos castaños y unos ojos verdes le penetraron la mirada. Le recordaban a algo, eran de un color muy especial el verde de las hojas al caer la lluvia…Dani se dejaba hacer, no quería resultar herido ante cualquier movimiento que pudiera hacer, así que seguía inmóvil, dejando que ella lo observara de arriba a abajo.

Por un momento ella se quedo frente a frente donde sus ojos se clavaron de nuevo y fue a pasar su mano en su pecho donde alarmada se echo hacía atrás.No podía creer lo que había sucedido, al tocar su pecho había detectado algo imposible, pero real.

  • ¿Quien eres? – preguntó alarmada.

  • Mi nombre es Dani. Soy nuevo en este pueblo hasta que he venido a parar aquí, no tienes nada que temer, yo no voy hacerte daño…¿porque estás asustada?

-Tu no eres un humano cualquiera…Mi nombre es Karey la ninfa de este bosque. Eres la primera persona humana que se ha atrevido a venir aquí. Todos me temen, porque todos temen a este bosque solitario y hermoso. Quien entra no regresa jamás. Tendría que ser yo quien te hubiera atacado, pero en cambio llevas en las venas una sangre diferente a los humanos.

-Pero….shhh. Sellando un dedo sobre los labios de el, le interrumpió. ¿Acaso recuerdas la última vez que enfermaste, el último catarro, alguna caída sin haberte hecho daño?. Y…No te ha dado ceguera ni un solo instante cuando me estabas observando. Por eso sé que eres diferente. 

Karey le miró a los ojos muy fijamente. Demuéstrame que eres un humano de verdad.

Un profundo y largo silencio se hizo. Solo una brisa de vez en cuando lo interrumpía. Dani quedó pensando en las palabras que le ha había dicho Karey.

La noche empezaba a venir, ya era demasiado arriesgado irse tan tarde sin conocer el lugar, la banda sonora de los grillos empezó a oírse, mientras al otro lado, en el otro extremo, de cuclillas sobre la yerba se encontraba Karey tocando de nuevo la melodía que antes había escuchado. Sus alas empezaron a brillar.

Una luna llena apareció entre las nubes. Parecía que los observaba, que quería decir algo, aunque era imposible. Brillaba con la misma intensidad que las alas de Karey. Dani se tocó el pecho, justo donde la ninfa había colocado sus finos dedos aunque el no percibió nada. El cansancio empezó a surgir efecto en Dani y poco a poco fue cerrando los parpados, quedando dormido bajo una luna radiante en la noche oscura.

A la maña siguiente Karey se encontraba acariciando a un hermoso árbol mientras dos hermosas mariposas revoloteaban a su alrededor…Tenía un cuerpo juvenil y hermoso, de tez blanca. Se movía con gracia y agilidad y la sensualidad flotaba en el ambiente.

Dani había despertado con la imagen de Karey en la mente. Y ahora la veía como se iba acercando poco a poco, con pasos pequeños y suaves, llevando consigo una manzana roja en la mano como el color de sus labios.

-Buenos días. Ten, para tí. Pruébala. Ese árbol de allí da manzanas muy buenas y sanas.

-Gracias, Karey- le djo Dani todavía medio dormido.

Mientras engullía la manzana con hambre, Karey se le quedó mirando y preguntando quién sería y de donde venía. Tenía curiosidad de saber  de él. No solo porque sus poderes no habían hecho efecto en el, sino el porqué al verla desnuda, todavía no la había poseído, así como tantos hombres en otros tiempos que pisaron este lugar la vieron y la hicieron suya.

-Dani, ¿te puedo hacer una pregunta?-le dijo mirándole seriamente a los ojos

-Claro, Karey- respondió éste.

-Me preguntaba porque todavía no me habías hecho tuya…muchos hombres al ver mi desnudez me han poseído, hasta que tuve un día que utilizar mis poderes para que quedaran con ceguera al ver mi cuerpo. Y tu, que has sido capaz y todavía no sé como de ser más fuerte que mis poderes, no entiendo como ninfa que soy que no me hayas poseído. Te lo pregunto porque es algo habitual o mejor dicho era algo habitual sobre todo en mi época hace varios años atrás, hasta que decidí encontrar un sitio más tranquilo.

-Karey, yo no soy como los hombres que te has encontrado por el camino. Y sí, me has cautivado con tu belleza y me has atraído tanto que he querido tocar tu cuerpo celestial, pero no lo he hecho por respeto. Besaría tus labios carnosos, quisiera hundirme en tu cuerpo y en tus senos y en todo tu ser. Pero soy incapaz. Voy a serte sincero me has gustado desde la primera vez que te vi. Pero preferí verte de lejos a acercarme a ti. En todos mis viajes sin rumbo fijo nunca me había encontrado con una Ninfa.

-Es lo más bonito que me ha dicho nadie, Dani- y yendo su lado, se abalanzó a él entrelazando sus brazos alrededor de su cuello.

Ella fue a besarle cuando Dani la interrumpió. Quería saber porque sus poderes no habían hecho efecto en él.

-¿Quién soy, Karey?…-preguntó dubitativo

-Un humano con corazón. Pero con un poder que todavía ni yo sé a qué pertenece…lo llevas en tu interior. Sólo tú hallarás la respuesta. Sígueme, te quiero enseñar el bosque.

Anduvieron en silencio, rozándose los dedos de la mano al andar, mirándose de vez en cuando. Sus miradas lo decían todo. Hasta Karey se sentía extrañada ante este sentimiento. Antaño, cuando los Dioses decidieron convertirla en Ninfa fue entonces cuando su belleza, su cuerpo fue perteneciendo a los hombres, porque así lo dictaron las leyes. Y ella tuve que aceptarlas. Aceptar lo que los Dioses habían elegido para ella.

Llegaron a un mirador, donde se podía ver un mar muy lejano. Karey se quedó mirando muy fijamente, su mente pensaba en que ninfas como ella pertenecerían al mar. Ella pertenecía a las ninfas del bosque, las de la naturaleza. Pero allí afuera había otras como ella en distintos lugares y mundos. A veces, le explicó a Dani que se quedaba absorta en sus pensamientos, pensando en quien habría allí afuera que fuera como ella;ninfa.

Mientras Dani la escuchaba no se percató de que estaba pisando en el borde, aproximándose al precipicio. El crujir de unas pequeñas piedras fue el resultado de que Dani se diera cuenta de que estaba a punto de caer. Karey se dio cuenta, pero fue demasiado tarde, ésta intentó que Dani le diera la mano, pero Dani perdió el equilibrio, perdiéndose en el vacío…

Karey gritó, asustada. Unas lágrimas brotaron de sus ojos sin poder impedirlo, mientras se miraba la mano con la que había intentado salvar a Dani, en vano. Un silencio en el mirador se prolongó, hasta que una voz masculina; la de Dani la interrumpió

-Karey, estoy bien!, respondió Dani

Al asomarse al vacío Karey abrió los ojos como platos al comprobar que Dani sí era diferente a los demás mortales. Se encontraba apoyado en un árbol, el cual lo sostenía como si fuera un protector. Karey bajó por el otro lado en busca de Dani.

-No estas herido!, la madre naturaleza te ha salvado-respondió anonadada.

-Karey, ha sido un milagro…

Y ambos se besaron. Mientras se besaban, Dani empezó a notar un cosquilleo en el brazo donde el árbol le había aguantado. Y vieron sorprendidos cómo del brazo de Dani un tatuaje en forma de una verde hoja había aparecido sin más. El árbol le había salvado.

-Sabía que eras diferente, no sé cómo pero la madre naturaleza te ha dado poderes que hasta ahora te eran desconocidos. Eres uno de los nuestros.

-Sólo recuerdo una ocasión en la India que me encontré mal. Me había desmayado sin motivo alguno y me inyectaron un medicamento. A partir de allí nunca más enfermé…Iba en busca de mis padres biológicos que nunca logré encontrar. Entonces fue cuando llegué a la India.

Se miraron durante unos instante y se abrazaron. Nunca estarían más solos. Se habían encontrado. Por primera vez Karey se había enamorado. Y Dani había logrado hallar el lugar donde quería permanecer para siempre.

Tiernamente hicieron el amor, una y otra vez. El fuego que despertaba en ellos; una llama incontrolable. La noche llegó y la luna llena apareció. Se ahogaron en un mar de deseos. En un paraíso como el bosque. Desnudos, unidos por un lazo invisible que solo ellos sabían. Ligados mutuamente. Carne con carne. Cuerpos desnudos abrazando y amándose como si fuera la primera y última vez.

 

 

 

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