La Tormenta, by Neus Sintes

Lenny, una chica de rasgos orientales, vestida de escolar y con su mochila a cuestas. Estaba corriendo para llegar a la parada del bus, en un día de lluvia. Cuando estaba a punto de alcanzarlo, éste se estaba alejando; había llegado tarde y su pelo al igual que su ropa estaba mojada. Se recostó en la parada del autobús con la esperanza de que no tardara mucho el siguiente. Al cabo de un rato, un chico de complexión delgada se puso a su lado con un paraguas. Observaba de reojo a Lenny, quien a su vez se dio cuenta. ¿acaso le conocía?.

Transcurridos cinco minutos se veía como un nuevo autobús se aproximaba. Antes de subir le dirige una mirada al chico sin saber porqué…No le conocía, ni tampoco lo recordaba del instituto, así que se subió al autobús. El chico la siguió con la mirada fija en ella, hasta que no pude ver nada mas que el diluvio que caía. Se sentía muy cansada. Había tenido un día difícil en el instituto. Decidió recostarse en el asiento y poco a poco sus párpados empezaron a cerrarse hasta quedar dormida. Su mochila descansaba en el suelo y Lenny había entrado en uno de sus más profundos sueños.

Al cabo de un rato, despertó. Tenía la frente caliente, había tenido un extraño sueño que ahora no sabría definir, en el que aparecía sin más el rostro del mismo chico que había encontrado minutos antes en la parada del autobús. Bebió un trago de agua que llevaba en la mochila y regresar a la realidad. La realidad…Había perdido la parada!. Se había dormido y ahora no quedaba mas que ella en el autobús, el cual la llevaba a la última parada; cerca de donde estaba la llamada por todos: “La Mansión Temible”.

Recogió su mochila y fue a la cabina a preguntar al conductor si al dar la vuelta podría llevarla en dirección a su casa. Pero de su garganta salió un grito de terror al comprobar que en la cabina no había nadie. Temblaba de pies a cabeza, cuando un chirriar de puertas se abrió a sus espaldas y sin mirar atrás quedó temblando de miedo y de frío bajo el asfalto mojado, mientras veía con sus ojos como las puertas se volvían a cerrar con ese ruido ensordecedor que le ponía la piel de gallina. Vio alejarse el autobús y desaparecer tras una espesa ola de niebla, hasta quedar sola bajo un cielo gris en una noche oscura.

Frente a Lenny estaba “La Mansión Temible”, llamada así desde hacía una eternidad. Se cuentan muchas leyendas de ese lugar pero sólo de una es cierta. Nadie ha vuelto a ir nunca más a la última parada donde por desgracia se encontraba ahora Lenny.

Hace muchos años el sol todavía brillaba en ese lugar, pero la oscuridad se cernió bajo un manto de oscuridad. En la Mansión vivía una familia adinerada, el Señor Greyson y la la Señora Greyson, junto a sus dos hijos Daniel  y Sofía. De lo que pasó apenas se sabe cómo pudo suceder, el caso es que una noche de invierno encontraron los cadáveres de la familia en una habitación, y que Daniel el hijo había sido quien los había matado. De él nunca se le volvió a ver. Se esfumó como una mota de polvo o desapareció ente la niebla. Nunca se supo el motivo ni el porqué. Por eso todos temen ir a esa casa y encontrarse con el espíritu malvado de Daniel Grayson; quien mató a su familia.

A Lenny se le erizó el vello tan solo al recordar la historia. La lluvia parecía no amainar, no había otro lugar donde guarecerse que en el porche de la casa. Temblando de miedo mas que de frío, anduvo hacía el porche con pasos inseguros. Estaba aterrada e incluso algo mareada. Cuando estuvo en el porche, pudo guarecerse de la lluvia y se sentó en un balancín antiguo y lleno de polvo por el tiempo transcurrido. De repente, la puerta crujió a sus espaldas. Lenny quería huir, pero algo o alguien la detuvo.

Una misteriosa voz le susurró su nombre…

– Lenny, Lenny, Lenny…

Al intentar escapar una ráfaga de aire la detuvo con fuerza, adentrándola al interior de la casa. Mientras la puerta se cerraba dejándola dentro de cuatro paredes, asustada en la oscuridad. Permaneció sin moverse durante unos segundos, sin saber hacia adonde dirigirse o qué hacer. El miedo la dominaba. Mientras, afuera la tormenta seguía acechando y con mas violencia.

Al cabo de un rato percibió una fragancia masculina, alguien le había tocado la mano pero no veía  a nadie. Sabía que no estaba sola y que el Espíritu vagaba por la Mansión le hacia temblar.

Decidió subir las escaleras y alejarse de la sala que tan fría le parecía. A medida que subía los peldaños sus ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad y veía que a ambos lados de la pared todavía estaban viejos por el tiempos cuadros pertenecientes a la familia. Eran unas imágenes que parecía que hablaban en silencio, las miradas de los retratos estaban mirándola tan fijamente, parecían tan reales, que en ocasiones Lenny perdía la noción y quedaba mirándolos aturdida.  Un nuevo escalofrío recorrió su cuerpo, al llegar al pasillo.

En la parte superior de la casa había varias habitaciones pero sólo una estaba atascada. Una de ellas era una inmensa biblioteca repleta de libros, muchos roídos y amarillentos y llenos de polvo por los años transcurridos pero que en su tiempo debió de ser una agradable habitación donde poder pasar horas y horas leyendo sin parar y admirando las colecciones que se encontraban.

Y así sucesivamente fue observando cada una de las habitaciones; otra la de invitados, y finalmente la habitación que no se podía abrir.

– Lenny, Lenny, …., escuchó de nuevo repetir su nombre

– ¿Quién eres?, le contestó asustada Lenny.

Tras la puerta percibió un ruido, débil y casi imperceptible y tras unos segundos de espera la puerta se abrió. Lenny la entreabrió un poco más, dejando que la curiosidad se apoderará de ella y al abrir la puerta un grito ahogado salió de su garganta. Sus ojos estaban viendo una habitación muy diferente a las demás. Allí había habido sangre y mucha violencia, todavía se podían percibir las marcas en las paredes y un espejo colgaba todavía de una de las paredes.

Se acercó a él, hipnotizada y unos ojos la miraron. No eran los suyos. Se parecían mucho a….los ojos del chico de la parada!. No, estaba teniendo alucinaciones, no podía ser, demasiadas casualidades. Pero esos ojos seguían mirándola. Esa mirada azul celeste, casi cristalina. De repente notó una presencia, unas manos la aferraban por los hombros, al girarse le vio.

Lenny se había desmayado. Al despertar se encontró de nuevo con él. El chico le silenció los labios, la estaba sujetando por la cintura. Cuando Lenny fue a tocarle no percibió más que un leve roce, su mano le traspasaba todo contacto con él.

– Lenny, siento haberte asustado – pero tuve que retenerte en el autobús. Eres la única persona que hasta hoy me has podido ver. Soy un Espíritu. Tú puedes verme. He vivido aquí solo desde hace muchísimo tiempo. Mi nombre es: Daniel.

– Daniel…veo a a los Espíritus!.., me estoy volviendo loca. Quiero marcharme –  balbuceaba Lenny

– Por favor, escúcha la verdad. No tengo a nadie. Estoy solo y sólo tu puedes verme. Quiero que sepas que la historia que cuentan y me llaman asesino no es cierta. yo no mate a nadie.

Las lágrimas empezaron a aparecer en el rostro de Lenny y Daniel fue consolándola con una melodía que a Lenny le sorprendió. La misma melodía que su madre le cantaba cuando ella era niña…

Lenny fue tranquilizándose y empezó a mirar con otros ojos a Daniel.

– Quiero escucharte, quiero que me cuentes quien eres, Daniel – le rogó Lenny

– Hace muchos años que estoy viviendo aquí. Esta casa ha sido mi hogar desde siempre ya que no he tenido otro lugar a donde ir ni con quien hablar. He estado solo.  Y ahora te veo a ti, que puedes verme y oírme aunque claro…no tocarme. Pero puedo expresarme y decirte que hace unos días te vi y me di cuenta que eras diferente. Todos hablan que yo mate a mi familia. Cuando no es del todo cierto.

Mis padres estaban constantemente discutiendo siempre por lo mismo; por el dinero. Vivían por y para el dinero y se lo gastaban en lo que querían pero no eran un matrimonio feliz. Cada uno vivía su vida a su antojo. Por otro lado mi hermana a medida que fue creciendo y convirtiéndose en la niña mimada de la familia. Todo se lo consentían. Lo que quería se lo daban…Pero un día se enamoró de un chico y cuando mis padres se dieron cuenta de que no era del mismo estatus social obligaron a mi hermana a dejarlo; lo cual no hizo.

Una noche llegó a casa habiendo bebido en exceso y en un estado eufórico llevando consigo un cuchillo. Iba a matar a mis padres. Yo me di cuenta y cuando llegué ya fue tarde. Mató primero a mi madre y luego yo le cogí el cuchillo con lo cual resulté herido y perdí mucha sangre y no pude evitar la muerte de mi padre. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho. Se suicidó.

– Silencio –

La tormenta había cesado y un silencio se había apoderado de todo. Entonces Lenny le miró a los ojos y supo apreciar en su rostro la tristeza que llevaba consigo esa mirada. Ambos ahora se miraban.

– Puedes irte si quieres; solo quería a alguien como tú para poder hablar. No era mi intención asustarte.

– Daniel…No tengo a donde ir; ¿Puedo quedarme?, aunque sea por esta noche – le contesto Lenny

– Todo el tiempo que quieras, Lenny.

– ¿Puedo confesarte algo, Daniel?, tengo un secreto guardado en mi interior desde que era niña. En mis sueños siempre a aparecido una mirada azul cristalina como la tuya, no digo que sea la tuya, pero ¿tu alguna vez has creído que los sueños se hagan realidad o parte de ellos?

Daniel no contestó. Empezó a tocarle la mejilla y a apartarle la larga melena que le cubría una parte del rostro y empezó a acariciarla con ternura.

– No hay nada imposible, Lenny – le contesto suavemente

– Creo que me estoy enamorando – le contesto Lenny

Ambos se miraron y se dijeron con la mirada muchas cosas que tal vez nunca llegamos a saber. El caso es que Lenny y Daniel se enamoraron y siguen en la mansión viviendo juntos. Ella como humana y el como Espíritu o tal vez ambos ya sean dos Espíritus. El caso es que dos almas se encontraron para estar juntas durante toda una eternidad. Juntos. Daniel no se encontró nunca mas solo y Lenny volvió a tener el cariño y el amor que tanto tiempo se le fue robado.

 

 

 

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