Lágrimas derramadas, by Neus Sintes

Suri a sus 45 años de edad todavía no puede olvidar lo ocurrido hace treinta años atrás…cómo su vida y la de los suyos cambió en un abrir y cerrar de ojos. Y todavía las noches que pasa soñando se convierten éstas en sus seguidoras pesadillas y su hija Sakura le es imposible poder curar esas heridas que su madre llevará consigo el resto de su vida.

Suri vivía en un bloque de apartamentos junto a su hermano pequeño y sus padres. Su padre era trabajador en la mina, como casi todos los trabajadores que en la Isla de Hashima vivían. Un trabajo duro y cansado pero que a cambio les ofrecía una pequeña vivienda para poder residir en ella.

Suri iba al colegio y cada mañana esperaba a Kaito su mejor amigo y compañero para ir juntos a la escuela. Esa mañana de principios de Abril se había propuesto que al terminar las clases pedirle a Kaito de quedar en su lugar favorito: bajo el árbol donde se conocieron por primera vez siendo niños. Quería decirlo cuánto lo quería, cogerle de la mano y mirarle a los ojos para decirle lo que sentía su corazón.

Suri estaba enamorada de él y aunque ella no lo supiera Kaito también la amaba.

Al llegar a casa le dijo a su madre que despues de hacer todas sus quehaceres se iriaa ver a su amigo, pero éste llamó a su puerta con ánsias de verla. Saludo formalmente a su familia y después fueron al parque.

Ambos no se atrevían a decirse lo que sentían, tampoco era el lugar idónea para quedar o al menos no era allí donde se lo había propuesto  Suri…pero lo importante era estar a su lado, en el lugar que fuera. Se formó un silencio profundo pero hermoso. Los niños pequeños habían estado abandonando el parque seguidos de la mano de sus madres, los perros hicieron lo mismo y una brisa primaveral habitó el ambiente.

No necesitaron palabras para decirse lo que sentían el uno y el otro.  Suri fue a abrir los labios para decirle una cosa cuando Kaito se giro para mirarla, una mirada profunda y hermosa que cautivaba. Poseía un brillo especial. O para Suri lo era. y alzándole la barbilla le besó sin más.

Fue un beso largo y profundo que les envolvió en una nube. No habia ni parque ni gente, ni ruido alguno. Solo silencio y ellos dos. No importaba palabras en ese momento que ojalá hubiera durado toda la eternidad.

Empezaba a oscurecer y sus la pasión pudo más que ellos. Sus ropas se desprendieron de ambos cuerpos y aferrados el uno al otro se encontraron. Pasaron casi hasta la medianoche…cuando apenas se dieron cuenta los dos tuvieron que irse corriendo de la mano a su casa, prometiendose verse al día siguiente bajo árbol donde se conocieron por primera vez.

Suri aquélla noche soñó con su amado Kaito que le correspondió como un ángel que adora a su estrella. Durmió profundamente sin percibirse de las noticias que iban deambulando de boca en boca de los adultos; El petróleo iba a sutituir el carbón. En sus 19 años no podía percibir lo grave que eso podia resultar y las consecuencias que preocupaban a sus padres.

-No se que haremos…o lo que va a pasar, querida – le dijo preocupada su padre a su madre.

-Tranquilo, todo se va a arreglar – le intento calmar su mujer. Ahora quien me preocupa es Suri…no sé tengo la corazonada de que le gusta ese chico…Kaito y todavia es muy joven para ir detras de chicos. Debería concentrarse mas en estudiar.

Al día siguiente Suri sabía que tenia prohibido cojer el kimono de su madre…no la dejaba ponerselo ni dentro de casa, le decia constantemente que no lo tocara ni se le ocurriera ponérselo, la podrían tratr de “cualquiera”. Pero Suri queria estar guapa para su segundo en cuentro con Kaito y cojío el Kimono y se lo guardo en la mochila para luego ponérselo.

De reojo miraba a Kaito abasorto en sus estudios y escuchando lo qu el profesor estaba diciendo. Y Kaito le devolvió la mirada de un amor que impregnaba que ya no pudo concentrarse, solo deseaba salir para reencontrarse con él. Con su amor.

A la salida Kaito fue a esperarla bajoel árbol donde florecen los cerezos…Mientras Suri, en vez de ir directamente a dónde habían quedado . Fue a cambiare en uno de los baños públicos. Se quito el uniforme del colegio y se puso el kimono rojo con un toque de pintalabios del mismo color. Parecia más adulta, más bella. ¿Porque su madre le peocupaba tanto que se lo pusiera?. Suri tuvo que entretenerse un poco y hacer el camino más largo para llegar a su Destino.

Absorta en sus cosas, no percibio que dos chicos la estaban siguiendo…Fue a atrevesar el bosquecillo que daba al camino donde se encontraria con Kaito.

-A dónde vas con tanta prisa, perciosa? – pregunto un chico alto y corpulento.

Suri se asustó al oir la voz y se giró con rapideza haciendo volar al vuelo su vestido.

-Quién eres?, pregunto asustada

-Alguien que quiere compañía, geisha…

-Yo no soy ninguna Geisha!

-Ah no?, pregunto otro de los dos, quien la sujetó por detrás para impedir que escapara

-Suéltame!, me tengo que ir, exclamó Suri asustada

-Sí, te irás. Pero antes nos complacerás a los dos, preciosa. No es así?

Kaito preocupado se sentó pensando en Suri en el porqué tardaba tanto…no podía imaginarse en que su llegada tal vez no regresaría.

Suri no podía pensar, se sentía mareada. Pensaba en Kayto que la debía esperar y ella no llegaba. Se encontrabas semidesnuda, con el vestido hecho harapos, no podía razonar ni pensar. Solo sentía las manos de unos extraños tocándole y ella danzando con pasos torpes mareada sin saber si pertenecía a este mundo o al otro.

Cuando de repente la Isla estalló. Una explosión se genero por todo haciendo volar a todo habitante .

Kaito impulsado por eldolor llamó a gritos a Suri, quién no recibió respuesta.

Suri inconsciente sobrevivió, fue una de los pocos supervivientes que quedaron y en un convento la curaron de sus heridas, de las que pudieron.

De la tragedia más tarde llegó la calma y el nacimiento de una niña; hija de Kaito; tenía sus mismos y brillantes ojos.

¿Cuando podrán reencontrase de nuevo?

A veces tenemos tantas pesadillas y éstas no desapareran hasta que de alguna manera, no se sabe cómo ni cuando se tienen que afrontarlas. Luchar contra de ellas; superándolas y la única forma de hacerlo es en mi caso ir a la Isla se dijo Suri debatiéndose entre el dolor y la aflicción y la valentía a afrontarse al miedo. Un miedo a como hayará el lugar natal dónde se crío y dónde perdió a sus seres queridos y por supuesto a Kaito…Kaito repetió entre un susurro tan bajo que apenas se la podía escuchar. Ensimismada en sus pensamientos por volver a Hashima, no se dió cuenta que su hija Sakura la observab en silencio intentando averiguar los pensamientos de su madre.

– Mamá…¿puedo entrar?, preguntó Sakura entreabriendo la puerta de la habitación.

– Claro, hija. ¿te preocupa algo?

– Sí. Lo que pasa es que tal vez no quieras…

Suri conocía bien a su hija. Sakura tenia 25 años ya se había convertido en toda una mujer. Era buena estudiante y se parecía mucho a su madre pero su mirada era la de su padre; Kaito. Cada vez que la miraba no podía hacer más que recordarlo. No hay miradas cómo aquella, tan peculiares y tan intensas y brillantes.

– Suéltalo de una vez, anda…tu te traes algo entre manos, ¿no es verdad, Sakura?

– Quiero saber quién era mi padre !, exclamo Sakura, apenas me has hablado de él en toda mi vida o evitas sacar el tema. Ni una foto tengo de mi papá…

Suri se la quedó mirando con expresión melancólica y observándola mejor vió detalles que tal vez le llamaron más la atención…

Suri la invitó a sentarse a su lado sin decir palabra le hizo un sitio para sentarse. Silenciosamente fue al cajón de su cómoda donde siempre guardaba sus cosas más personales y de uso diario. Cojío un pequeño diario personal en la cual en una de entre las hojas había una fotografía. Sostuvo la fotografía con cautela como quien coje un tesoro, con un destello en los ojos se giro despacio hacia su hija que esperaba una respuesta

– Hija mía, a llegado el día en que debes saber cómo era tu padre. Te entregó lo único que pude recuperar de él. Lo he guardado durante todo estos largos años, llevando un sufrimiento muy duro durante toda mi vida. Lo único que me dió fuerzas para sobrevivir en este infierno fue tu nacimiento. Te pareces mucho a el, en su forma de ser y actuar y posees sus mismo ojos. Siento no haberte contado más de tu padre, pero el dolor aún me duele en el pecho. Durante todos estos años he derramado muchas lágrimas, algunas visibles y otras no.

– Mamá no sigas..no quiero causarte dolor. Solo quería saber de él.

– Lo sé. Y aunque para mi me es duro y me ha sido duro tarde o temprano llegaría el momento en que deberías saber de él. Lo he estado meditando y deberíamos irnos tu y yo aunque sea de visita a ver Hashima. Necesito ir, y tú vendrás conmigo. Necesito evaporar mis miedos y entonces me comprenderás mejor.

– Hay otra cosa…Mamá, empezó a decir Sakura con lágrimas en los ojos, agarrando fuertemente contra su pecho la fotografía de su padre.

– No sigas, la interrumpió su madre. Te he visto, has cambiado, puede que me equivoque o no, mi hija. Y mirándola la los ojos Suri le dijo: hija mía si lo que me quieres decir es que estás en cinta, no te preocupes. Las mujeres hemos nacido para ser fuertes porque la vida nos hace sufrir de mil y una maneras diferentes en cada una. No digas nada Sakura. Déjame seguir por favor. Solo asiente con la cabeza si es eso lo que me querías decir…

Sakura asintió. y derramando una lágrima que le resbaló pronunció: sí lo estoy y el padre se ha ido, me ha dejado cuando se enteró..estoy sola completamente sola..

– No, no lo estás.!, exclamó Suri. Sakura no estoy enfadada contigo. Eres toda una mujer y vas a tener un hijo. No malgastes tu vida en alguien que no te quiere ni a aceptado tu hijo. Más motivos me das para irnos

– ¿A Dónde?

– A Hashima.

Ambas se abrazaron. Después de unos días prepararon el equipaje pare emprender un largo viaje en el que para ambos era duro pero debían afrontarlo y juntas unirian esas fuerzas necesarias para soportar el dolor y el sufrimiento que sobre todo Suri ha ido conteniendo durante estos agonizantes años, en silencio.

Llegados a su destino, aterrizaron y con cautela cojidas de la mano madre e hija vieron como el cambio se habia producido. Ahora se habia convertido una parte de la Hashima en parte turística, dedicada a historiadores del Arte que anhelaban saber su triste historia para darla a conocer a sus alumnos.

A Suri no le interesaba seguir el grupo turistico ella no formaba parte de ese grupo sino de una superviviente que haabia vivido esa guerra y aún la llevaba por dentro. Por otor lado había todavía excavadores intentando recopilar lo que pudieran encontrar, ya fueran restos de huesos o bien de objetos que recordardaran a algunas de las familias que habían habitado en ella.

Pasearon en silencio, con la mirada triste. AL ver que en la isla donde ella habia crecido estaba todavía una parte de ella en ruinas y la otra restaurandola para futuos guías turísticos.

Fue por los caminos empedrados reconociendo algunos de los recuerdos que todavia llevaba en al memoria y recordaria siempre. También quería encontrar si es que estaba todavia el lugar donde ella y Kaito se conocieron.

Después de deambular con Kasura se fijo en un hombre de su edad, alto, delgado y excavando un hoyo donde antes había estado…el árbol donde había conocido a Kaito!. Su impaciencia y curiosidad fueron más allá y quería ir a observar que hacia ese hombre allí y que hacia exactamente.

Al acercarse con su hija, el hombre se giró habiendo notado su presencia.

– Hola, ¿se puede sabaer que están haciendo aquí?, pregunto el hombre secandandose el sudor de la frente con un pañuelo

– Yo…, y se detuvo, llevándose las manos a la boca.

Sakura asustada le pregunto a su madre si se encontraba bien…Mamá, mamá vuelve en sí.

Suri se habia desmayado. El hombre le dió agua y luego después de un rato se reanimó.

– ¿Se encuentra bien?, …

– Kaito..eres tú!

– Cómo sabe mi nombre, señora..y al mirarla mejor, el corazón le dió un vuelco. S..Suri?. No puede ser!.

– Creia que estabas ..Oh Señor, Dios del Cielo . He sufrido durante tantos años en busca de tu cuerpo , de ti. Buscaando alguna pista que me conduciera a tí. Las lágrimas asomaron en Kaito y Suri. Se abrazaron , reconociéndose, recordando aquéllos bueno recuerdos entre ellos dos y cuanto habian sufrido en busca de una pista.

– Kaito, se interrumpió Suri. He venido con alguien más. Sakura. Nuestra hija.

Kaito se la quedo mirando. Tenia su mirada. Su hija!, la desesperación, la ansiedad de los tres se apoderaron en un circulo que solo ellos podian entender.

– Papá, Vas a ser abuelo.

Vamonos, insistió Suri. A llegado el momento de partir. La soledad y el dolor de estos años ha dado sus frutos. Ahora quiero alejarme de aquí, para siempre. Hcer una nueva vida, los tres juntos, con nuestro nieto. Tú hijo, Sakura.

Ya basta de sufrir. Hemos sufrido bastante, no creeís?.

Envueltos en lágrimas esta vez lágrimas de felicidad se fueron.

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