Hasta la muerte, by Neus Sintes

Dicen que me parezco a mi abuelo materno; y me alegra que así sea. Falleció luchando y luchó durante toda su vida.
Adoro la valentía de su ego, el de luchar por y para su patria y mantener a su familia de casi siete hijos, de los cuales por circunstancias de la vida, quedaron sólo tres.
Desde muy joven por su propia voluntad decidió irse a luchar con la división azul. A sus catorce años de edad emprendió un gran y peligroso camino en el cual sabía que de él podía o no regresar, pero aún así se fue. Lo pasó mal, pero pudo sobresalir, sobrevivir. Sobrevivir en un mundo lleno de balas, disparos y heridas que volaban sin cesar en un ir y venir.

Llego a ganar varias medallas por sus triunfos; triunfos que quedaron como un recuerdo del que llegó a ser parte. Todos sabemos que tarde o más pronto nos llegará la hora de nuestra muerte, pero lo que no sabemos es de qué manera, de qué forma falleceremos en este camino que es la vida.

“Luchar hasta la muerte”, solía decir siempre. Y en cierto modo de esta manera falleció, luchando. La peor batalla que una persona pueda luchar; la de querer vivir sin aire.

Llegados a sus ochenta y dos años de edad sus pulmones poco a poco se fueron quedando sin oxígeno y aunque los médicos hicieron cuanto estuvo en sus manos, luego cedieron. Mientras tanto cada noche mi abuelo sufría en silencio, en un silencio torturador. Solo, viudo, pero con el apoyo de sus hijos.
Pero las noches eran lo peor ¿cómo poder ganar una lucha sin fuerzas y sin oxígeno? sin poder tener el suficiente aire para poder decir: ¿puedo ganar y sobrevivir? Aún así lo intentó. Puso toda su voluntad, todas sus fuerzas sin éxito.

Mi hija recuerda a su abuelito como alguien valiente y aunque era un hombre fuerte también era cariñoso. Y ese cariño es el que le hacía ser así como era: natural.

Siempre he querido mucho a mi abuelo por ser una persona natural y luchadora.
Desde aquí, desde donde éstes, abuelo; decirte que te recuerdo como lo que fuiste: un luchador y un héroe al que a mi hija, tu bisnieta, te recuerda así como lo hago yo cada día que pasa. Estoy convencida que mi segunda hija te hubiera adorado tanto como lo hizo Noemí. Leyre te hubiera querido muchísimo.

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