Hotel 69, by Neus Sintes

Era un verano de mucha calor, y Wendy había prometido a unos primos que les iría a hacer una visita. Vivían a las afueras de donden ella residia, así que no tenía más más remedio que coger el coche para llegar a su casa, el único inconveniente era que tendría que encontrar alojamiento y ya estaba atardeciendo.  Hacía mucho tiempo que no veía sus primos, prácticamente los consideraba primos lejanos tanto por rango familiar como por el trato. No se comunicaban mucho y la lejanía también dificultaba las cosas. Pero como eran primos maternos no quería ser grotesta y no asistir.

Iba conduciendo mientras la noche se acercaba y no era plan conducir a oscuras. Wendy siempre la habían considerado una chica demasiado precavida así que por prudencia aparcó en el andén donde pudo examinar el mapa que siempre llevaba en el coche y en él quiso hallar algún hotel cercano a la ruta a donde se encontraba…Pero no halló nada u al menos cercano.

Sentada en el coche una sombra apareció asomarse a través del cristal del conductor. Un gran susto se llevó cuando al darse la vuelta y mirar a la ventanilla vió a un gato negro y la miraba con unos ojos verdes…Su instinto le indico que se largara y echara a circular por la carretera en busca del primer hotel que encontrará, no podía perder más tiempo del que había perdido y más ahora el pánico al ver a un gato; ella que les tenía pánico. Verlo le había trastornado y no podía pensar con claridad.

Por suerte una luz parpadeante le indicaba que cerca se hallaba un hotel. La facha de fuera tenía un tono tétrico ya que estaba muy sucia y siendo de noche daba muy mal aspecto. Sin pensárselo entró. Le atendió un recepcionista algo malhumorado con unas ojeras demasiao exageradas, de no haber pegado ojo, llevaba vestimenta de campesino y una gorra que le cubria parte del rostro. Y le tendió las llaves de la habitación número 69.

Wendy entró en el ascensor el cual chirriaba de lo viejo que era. El ascensor iba ascendiendo hasta que en el número 3 el ascensor paró bruscamente, haciendo caer a Wendy quien cayo de espaldas contra el cristal que tenía atras y por fragmentos de segundos creyó ver una silueta. La silueta de alguien o algo que la miraba fugazmente y con unos inmensos ojos de color verde que la miraban intensamente. Apartó esa idea de la cabeza e intentó serenarse, ya que todavía llevaba encima también el susto con el gato. Le dió al botón para que ascendiera al número 6 y allí finalmente el ascensor le llevó a su habitación.

Lo primero que hizo fue dejar la maleta de mano en el armario  y tan sólo sacó de ella el blusón de noche; era lo único que iba a necesitar para pasar la noche. No era de las que se entretenia en hacer las cosas.

El cansancio se fue apoderando de Wendy, al poco escuchó un ruido procedente de la habitación. Algo se había caído u eso creyó.  Fue a ver en el armario donde había colocado la maleta y estaba en su sitio. Seguidamente fue a la ducha donde todo estaba en orden, aunque por unos fragmentos de segundon le pareció ver algo en el espejo, no sabía bien qué, quizás era tan solo una mancha o simplemente imaginaciones suyas. La habitación no era una de las mejores. Así que daba por hecho que cualquier cosa podía haber provocado el ruido, tal vez el vecino de al lado…si es que había más gente hospedada. Eso ella no lo sabía.

Wendy

– Me estoy volviendo vieja! – exclamó a modo de risas. A mis treinta y tres años e imaginándome cosas – me iré a acostar.

Mientras,  se despojó de sus prendas para ponerse el blusón de noche, pareció notar algo, la presencia de alguna cosa, pero sin saber qué e hizo caso omiso. Llevaba puesto su blusón preferido, el que le regaló su novio antes de romper con él. De repente, las ventanas se abrieron, como si de un vendabal se tratara. Una ráfaga de viento le acarició la cara, desenredándole el pelo y elevándole un poco su blusón. A continuación y exhausta fue a cerrar las persianas y la ventana con pestillo, ya estaba cansada de tantas cosas raras que le habían sucedido a lo largo del día. Necesitaba descansar.

Se acostó segura de caer en un profundo sueño y así fue…

Se encontraba en su cama, yaciendo con alguien. Ella se sentía acalorada por la pasión y el deseo. No  se le veía ni la forma del cuerpo, tan solo el ritmo del compás de cuando dos personas hacen el amor freneticamente.

Wendy

No pares, no parés – sigue sigue! – gemía Wendy sin parar. Devórame el alma, así como devoras mi cuerpo.

Pasaron toda la noche yaciendo como dos fieras salvajes, besos flotando por el aire, ojos mirándola, ojos verdes atrapándola y devorando su ser hasta que…el recuerdo de unos Unos Ojos Verdes y un Gato Miauwww!.

Cuando Wendy despertó se encontro desnuda y acalorada, sorprendida se preguntó qué le había pasado. Ella no era sonámbula – Pero que diablos…Sin pensarlo más se metió en la ducha, puso el agua tibia y dejó que fluyera bajo su cuerpo gota a gota. Saboreaba aquel agua que le sabia a gloria. Dada la nochecita que habia pasado llena de pesadillas de que alguien le estaba haciendo el amor sin saber que sentido le daba el que después se despertará contempletamente desnuda y sin saber que había pasado o si era cierto…Bobadas.

Al salir de la ducha intentó alcanzar la toalla sin mucho éxito. Por naturaleza siempre habia sido muy patosa y cayó de rodillas y un roce ligeramente suave y fresco como la brisa le acarició los muslos, hasta que pudo alcanzar la toalla. Se cubrió la cara para secarse bien y cuando abrió los ojos se encontro con la misma mirada.

Aquella mirada que esa noche la había poseído.

VOCES

Eres mía, Wendy – me lo has dicho esta noche

VOCES

Wendy, Wendy – susurros

Wendy

No!! – Quien eres. sollozo asustada. Me estoy volviendo loca!. no pude se real, no puede se real.

VOCES

Soy el que te va a devorar el alma. El que se va unir a tí. Eres mi elegida

Y de entre una neblilla transparente apareció el ser en forma de hombre con áquellos ojos inyectados en sangre, mientras devoraba carnalmente a lo que era de ella. El alma de ese demonio se fusionó con Wendy.

La rabia que contienen algunas almas es no poseer ningún cuerpo. Wendy tuvo la mala suerte de encontrarse con una de ellas…

no volvió a salir de aquella habitación. O bien la mató o bien la hizo suya hasta matarla, eso no se sabrá nunca. Lo cierto es que a casa de sus primos nunca llegó a llegar.

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