El Pasado del Pueblo Wolf, by Neus Sintes

Hace unos años, existió un pueblo llamado Wolf. Estaba situado en una zona lejana a la civilización, más próxima a las montañas. Era un pueblo con pocos habitantes. Casi nadie lo conocía, tan sólo los habitantes que allí vivían…o eso creían ellos.

Pues extrañas muertes empezaron a desarrollarse. En un principio las personas mas ancianas fueron falleciendo, con lo cual parecía una cosa natural, ya eran ancianos y con la edad se hacían más débiles.

Pero no era la edad la causa de sus muertes. Después de los ancianos, fueron falleciendo los hombres, cuando en buena mañana se iban a trabajar al campo, algunos de ellos ya no regresaba a sus hogares…

A medida que las semanas iban pasando, los hombres del pueblo Wolf iban desapareciendo, hasta encontrarlos sin vida. Todo el mundo estaba aterrorizado. Las mujeres fueron las únicas que sobrevivieron vivas en el pueblo, ninguna de ellas murió, quedando así un pueblo sólo de mujeres…¿Quién era o es el causante de todas estas muertes?.

¿Alguien más vivía en el pueblo?, si era así, las mujeres del pueblo lo desconocían…

El caso del pueblo Wolf fue abierta por la policía, quien en un principio se preocupó de porqué existían esas muertes, pero con el paso de los meses, al no haber averiguado nada, cerraron el expediente.

Y de esta forma, no se volvió a mencionar ni ha hablar más de ese lugar, ni de las muertes que sucedieron ni de las mujeres que seguían viviendo allí…

No se volvió a mencionar su nombre hasta pasados varios años, cuando en la civilización de Madrid un matrimonio que ya llevaba dos años de casados, estaban hablando tranquilamente después de un día de trabajo.

-¿Qué tal ha ido el día, cielo?…- te han dado mucho quebraderos de cabeza tus pacientes?, preguntó su marido Alberto a su mujer.

-Hoy ha sido un día más tranquilo. Mis pacientes han estado más o menos tranquilos en su terapia. Y a ti, cariño, ¿que tal has pasado el día en el taller de ingeniería?. Seguro que bien. Además con esos planos tendremos que diseñar nuestra casa, con el tiempo que llevamos casados aun no hemos tenido tiempo de diseñarla.

Bien es cierto, demasiada razón tienes mi vida. Pero ya verás como habrá tiempo de sobra, tenemos toda la vida por delante y muchas cosas por las que poder disfrutar.

Alberto era un hombre moreno, alto y muy cariñoso con su mujer Mónica. Él se dedicaba a la construcción, ere ingeniero y como objetivo era también diseñar su casa, en la cual ya convivían desde hacia unos años, pero debido al trabajo y demás preocupaciones, ambos no habían tenido tiempo para diseñarla. Los objetivos estaban bien estructurados, Alberto la dibujaría en plano y junto con la ayuda de su mujer, acabaría de diseñarla.

Mónica tenia muy buen gusto en la decoración, siempre lo había tenido. Ella no era diseñadora, pero como mujer que es, poseía el gusto y el tacto femenino de toda mujer.

Mónica era psicóloga, de carácter paciente y amable y muy cariñosa con la gente, se considera una mujer muy cuidadosa tanto en el ámbito laboral como en el hogareño.

La ilusión de ambos era tener hijos, y con esa ilusión ambos también sufrían, pues Mónica no podía tener hijos. Era estéril como un árbol sin hojas que poder dar, tristeza que compartían. La ilusión de ser algún día padres, porque en ellos aún habitaba la esperanza.

Existían otras opciones, como era el caso de la adopción. Ambos habían pensado en ello, pero aún no lo tenían asumido; el hecho de que nunca ellos podrán tener a sus propios hijos biológicos. De hecho, Mónica fue adoptada desde muy pequeña. Al cumplir los dieciocho años, cuando le dijeron que fue adoptada, hizo todo lo posible por saber de sus padres biológicos. No encontró nada, ni una pista le llevo hacia ellos. Ni tan solo los padres que la adoptaron sabían de sus padres biológicos. Por eso la esperanza de encontrarlos en vida, eran escasas.

Mónica y Alberto tenían una filosofía que aunque es teórica, ellos la tenían como una cuestión práctica: El amor por delante de todo.

-Mañana por la mañana podríamos ir a visitar alguna agencia de viajes. Haber lo que nos ofrecen, o que sugerencias nos aconsejan, ¿Qué te parece la idea?, –  le sugirió, Alberto.

-Me parece una idea genial. Pensar en que pasaremos un fin de semana fuera de nuestro entorno habitual, me fascina. – afirmó

Ambos se dispusieron a emprender el camino hacia la agencia, dispuestos a pasar el fin de semana que nunca olvidarían y el cual seguramente recordarían con felicidad, o eso es lo que toda pareja pensaría. Después de su último viaje nupcial, no se les había presentado ninguna otra oportunidad para salir.

Entraron en la agencia donde una chica rubia de pelo ondulado les atendió. Educadamente les hizo sentar en ambas sillas que había en la sala y seguidamente empezaron a hablar. La agencia tenía un aire cálido, con sus paredes color crema, junto con unos cuadros paisajistas, dando así una decoración modernista que la envolvía.

-Siéntense y pónganse cómodos, por favor – Les dijo amablemente la joven recepcionista.

-Gracias, contestó Alberto. Desearíamos irnos este fin de semana, si es posible a algún lugar tranquilo, donde mi mujer y yo podamos ir, y claro, necesitamos de algunas recomendaciones, ambos no sabemos a dónde ir en un principio.

-Comprendo, bueno aquí tenemos varias ofertas, e incluso algunas estadísticas de los lugares más visitados por nuestros clientes. Pero ante todo, ¿ustedes que desean más?, un lugar donde habite la montaña o bien que tengan el mar cerca…

-Oh, si puede ser posible que este cerca de la montaña, donde la tranquilidad abunde y se pueda respirar el aire puro. No hay nada más hermoso que sentir esa sensación de bienestar y calma, ¿verdad Alberto?,  – dijo mirando tiernamente a los ojos.

-Cierto, nada como la paz y la tranquilidad como bien dice mi mujer. – afirmó.

-Entonces, tengo el lugar ideal para ustedes, es uno de los lugares más visitados, e históricos que tenemos en la actualidad…La gente se queda tan fascinada con este lugar que algunos de ellos repiten – sugirió la joven.

Se trata del denominado “Pueblo Wolf”, esta situado en la montaña de la Sierra. Y para la información que me han facilitado deduzco que es el sitio ideal para ustedes.

-Estupendo, eso es lo que buscamos, es ideal. Si es tan amable ¿nos podría dar algunos folletos explicativos tanto históricos como climáticos del lugar?… – le pidió Alberto.

-Si por supuesto, ante todo les haré los pasajes y les indicaré todas las indicaciones a seguir. Estamos aquí para todo lo que deseen.

De esta forma salieron de la agencia. Ya tenían pasajes para irse este mismo fin de semana al “Pueblo Wolf”. Mientras iban de camino hacia su casa, en el coche Mónica iba leyendo el folleto de información que la chica de la agencia les había entregado. A medida que Mónica leía, su marido la iba escuchando con detenimiento, sin quitar la vista de la carretera.

Mónica empezó a leer desde donde estaba situado el pueblo, hasta el clima que normalmente hacia. El tiempo a pesar de estar en la alta montaña, solía ser favorable, pues los grandiosos árboles que había eran los que protegían del viento cuando éste aparecía. A medida que iba leyendo, el folleto iba contando la parte histórica del pueblo Wolf. Este lugar estaba destinado no solo para lugar de reposo y descanso, sino también lo abundaban muchos turistas, pues de eso se trataba ese lugar…tenia un contenido histórico.

Se iban narrando historias, leyendas mas bien, porque nadie las creía, pues la gente las consideraba pura distracción, pura fantasía. Todo empezó cuando unos historiadores encontraron el pueblo inhabitable, por no decir desierto, fue entonces cuando decidieron fundar el pueblo Wolf, llevándolo así a un lugar turístico donde las leyendas, ciertas o no, eran una forma de entretener a la gente. Empezaban desde que los habitantes eran unos caníbales, que en una lucha entre ellos acabaron por morir todos, u otras que cuentan que por falta de alimentos y medicaciones necesarias fueron falleciendo. Y así un sin fin de historias que ahora en la actualidad son contadas en el Pueblo Wolf…

Mónica al llegar a casa se quedó pensativa por unos momentos, había algo en el nombre del pueblo Wolf, que le era familiar, pero no sabia bien el qué, así que no le dio importancia, ni tan solo se lo comentó a su marido…Podría haberlo soñado o haberlo oído pronunciar a alguna persona o bien, haberlo leído en alguna revista, por ese motivo no había una gran importancia por la que asombrarse…

Pero en su interior abundaba un gran afán por ir, no sabía como definir ese sentimiento; podía ser muy bien la emoción que llevaba dentro, pero había algo más, y que ella no encontraba lógica a esa felicidad e intriga a la vez.

De todas formas, fuera lo que fuera, lo sabría bien pronto, tan solo quedaban dos días para que ella junto con su marido emprendieran el viaje.

Ambos despertaron invadidos por unos extraordinarios rayos de sol que nada mas abrir la ventana les alumbró, ofreciéndoles los buenos días. En ocasiones primaverales como era el caso, habían recibido con agrado el calor del sol, pero en esta ocasión los rayos que proporcionaba esa mañana eran más poderosos y radiantes que jamás habían presenciado, era como si el sol estuviera más feliz que de costumbre…Pero no podían entretenerse más, un autobús de la agencia les conduciría al Pueblo Wolf, y no tenían que llegar tarde.

-Venga Alberto, date prisa, que nos hemos entretenido. Espero que tengamos el mismo día durante el fin de semana – dijo ansiosa Mónica.

-Si cariño, ya estoy listo. Solo tengo que coger las llaves y nos ponemos ir. Si verdaderamente el tiempo que hace es espléndido. Cruzaremos los dedos para que siga así.

Y emprendieron el camino directamente hacia el autobús, que unas calles más abajo les aguardaba. Una vez en la puerta del autobús, entregaron al conductor ambos pasajes y una vez dentro se acomodaron en los asientos. En el autobús iban por lo menos a ojo de buen cubero unas doce o veinte personas, con ellos incluidos.

Era un autobús colorista, pintado con tonos verdes y papagayos alrededor, dando así un aire de naturaleza. Estaban en marcha hacia la Sierra donde esta el pueblo Wolf. ¿Que nuevas aventuras les esperarán?, ¿la intriga de Mónica continuará o desaparecerá?…

Durante el trayecto, estuvieron contemplando por la ventanilla el maravilloso paisaje que les envolvía. Tomándose fotos el uno al otro, viendo a los pájaros revolotear en pequeños círculos. Estaban envueltos de naturaleza y animales, la civilización había quedado atrás.

A las pocas horas, el conductor del autobús se paró, anunciando a los pasajeros que el trayecto había finalizado, habían llegado al “Pueblo Wolf”. Todos se disponían a bajar de sus asientos, y recoger sus respectivas maletas. Maletas azules, rojas, de todos los colores, mochilas de montaña, de camping, se podían apreciar en el movimiento de ir y venir hacia un lado y a otro.

La Bienvenida

Fueron entrando en su cabaña, tenían la número 6. Una vez dentro contemplaron lo que seria su nueva vivienda durante su fin de semana, en la que compartirían un sin fin de cosas. Por fuera la cabaña parecía muy pequeña, pero una vez dentro era acogedora, cada rincón estaba muy bien aprovechado. Debía tener unos 40 metros cuadrados aproximadamente.

En el centro se encontraba la sala comedor, con un sofá para dos personas y un aparata televisivo. A la derecha se encontraba la cocina. Una cocina con su horno, su nevera, con todo lo imprescindible para cocinar. Más hacia delante se encontraba un aseo y al lado, la habitación.

La habitación estaba formada por una cama doble en medio y a ambos lados dos mesitas de noche con sus respectivas lámparas color marfil. También se encontraba un tocador con un espejo ovalado.

Una vez observada la casita, decidieron colocar todo lo que llevaban en la maleta en su respectivos lugares. Apenas habían llegado y no habían tenido tiempo de ver el lugar. Por eso sabían que una vez colocado todas sus cosas, tendrían todo el tiempo del mundo para recorrerse cada rincón del pueblo Wolf.

Como bienvenida al pueblo Wolf Mónica junto a su esposo, y demás turistas, fueron guiados por los historiadores, cuyo objetivo era enseñarles el pueblo.

-Ante todo, mi equipo y yo os damos la bienvenida por visitar el pueblo Wolf. Por eso nos hemos ofrecido un día como hoy a su primera visita, que nosotros les seremos de guía, al menos esta tarde, con el fin de que se acostumbren y conozcan más a fondo el lugar; fue explicando un historiador de lugar.

-Que maravilla, ¿verdad, Alberto? Una guía turística, es genial.

-Si, mi vida. Seguro que será muy interesante, y todo un detalle.

-Bueno – continuó hablando- Es un pueblo pequeño, no hay mucho que ver, pero como ya habréis leído este pueblo abunda por ser legendario. En los folletos habréis leído las mil y una leyendas que se cuentan sobre este maravilloso pueblo.

Pero el pueblo Wolf no impacta a la gente por sus leyendas, como habréis podido comprobar, sino por su paisaje. Es un paisaje espectacular, que tan solo verlo una vez, queda grabado en la mente de toda persona que lo ve.

-Nos gustaría oír algunas de esas leyendas, dijeron a coro los demás turistas que venían.

-Esta tarde no podrá ser. – Se apresúró a decir el guía. Las leyendas se narran mañana por la tarde, nos hemos puesto un horario, así es mucho más fácil tanto para nosotros como para ustedes.

-Oh!, estupendo, nosotros iremos, dijo el primer grupo de los turitas más adolescentes.

Y así los historiadores fueron haciendo de guía por todo el pueblo, enseñándoles desde cual seria su hogar el fin de semana hasta donde ellos trabajaban. Pasando y describiendo los hermosos parajes que lo rodeaban y saboreando las frutas que crecían en abundancia en los árboles.

La tarde pasó rápidamente, hasta que empezaba a oscurecer, los turistas y nuestros protagonistas se fueron a sus casas, dispuestos a descansar y a pasar la primera noche en el pueblo.

Vagos presentimientos…

Fueron entrando en su cabaña, tenían la número 6. Una vez dentro contemplaron lo que seria su nueva vivienda durante su fin de semana, en la que compartirían un sin fin de cosas. Por fuera la cabaña parecía muy pequeña, pero una vez dentro era acogedora, cada rincón estaba muy bien aprovechado. Debía tener unos 40 metros cuadrados aproximadamente.

En el centro se encontraba la sala comedor, con un sofá para dos personas y un aparata televisivo. A la derecha se encontraba la cocina. Una cocina con su horno, su nevera, con todo lo imprescindible para cocinar. Más hacia delante se encontraba un aseo y al lado, la habitación.

La habitación estaba formada por una cama doble en medio y a ambos lados dos mesitas de noche con sus respectivas lámparas color marfil. También se encontraba un tocador con un espejo ovalado.

Una vez observada la casita, decidieron colocar todo lo que llevaban en la maleta en su respectivos lugares. Apenas habían llegado y no habían tenido tiempo de ver el lugar. Por eso sabían que una vez colocado todas sus cosas, tendrían todo el tiempo del mundo para recorrerse cada rincón del pueblo Wolf.

Como bienvenida al pueblo Wolf Mónica junto a su esposo, y demás turistas, fueron guiados por los historiadores, cuyo objetivo era enseñarles el pueblo.

-Ante todo, mi equipo y yo os damos la bienvenida por visitar el pueblo Wolf. Por eso nos hemos ofrecido un día como hoy a su primera visita, que nosotros les seremos de guía, al menos esta tarde, con el fin de que se acostumbren y conozcan más a fondo el lugar; fue explicando un historiador de lugar.

  • Que maravilla, ¿verdad, Alberto? Una guía turística, es genial.

-Si, mi vida. Seguro que será muy interesante, y todo un detalle.

-Bueno – continuó hablando- Es un pueblo pequeño, no hay mucho que ver, pero como ya habréis leído este pueblo abunda por ser legendario. En los folletos habréis leído las mil y una leyendas que se cuentan sobre este maravilloso pueblo.

Pero el pueblo Wolf no impacta a la gente por sus leyendas, como habréis podido comprobar, sino por su paisaje. Es un paisaje espectacular, que tan solo verlo una vez, queda grabado en la mente de toda persona que lo ve.

-Nos gustaría oír algunas de esas leyendas, dijeron a coro los demás turistas que venían.

-Esta tarde no podrá ser. – Se apresuró a decir el guía. Las leyendas se narran mañana por la tarde, nos hemos puesto un horario, así es mucho más fácil tanto para nosotros como para ustedes.

-Oh!, estupendo, nosotros iremos, dijo el primer grupo de los turitas más adolescentes.

Y así los historiadores fueron haciendo de guía por todo el pueblo, enseñándoles desde cual seria su hogar el fin de semana hasta donde ellos trabajaban. Pasando y describiendo los hermosos parajes que lo rodeaban y saboreando las frutas que crecían en abundancia en los árboles.

La tarde pasó rápidamente, hasta que empezaba a oscurecer, los turistas y nuestros protagonistas se fueron a sus casas, dispuestos a descansar y a pasar la primera noche en el pueblo.

Nuevas sensaciones

Mientras Alberto preparaba las cosas en la habitación, Mónica se encontraba sin fuerzas, y decidió sentarse en el sofá.

Mónica volvió a sentir la sensación de estar observada por alguien, lentamente se fue acercando su mano hasta llevarla hacia su corazón, se sentía de este pueblo, como si toda su vida hubiera vivido en este maravilloso lugar, recordando sus árboles frutales, su agradable olor a aire puro de la montaña. Era tan extraño lo que le vagaba dentro de sí misma, en su mente, en toda su alma…más ella no sabia definirlo con sus palabras.

Ella, una psicóloga y no saberse auto controlar ante esta situación que la llevaba a la duda, a la incertidumbre, de no saber, de no encontrar el motivo de su situación.

¿Qué era lo que le ocurría?, ¿Acaso encontraría aquí la verdad sobre su pasado, de los que eran o fueron sus padres biológicos?, extraños pensamientos vagaban por su mente, no sabía definir si sus intuiciones eran buenas o malas…De que le ocurría algo, de eso, sí estaba segura.

Mientras desde la habitación, Alberto le llamaba diciendo que ya estaba todo en su lugar…pero al ver que no recibía contestación se dirigió al sofá, donde se encontraba su esposa.

-Cariño, ¿no me oyes?…te ocurre algo, ¿te sientes mareada del viaje?, le dijo Alberto en tono de preocupación.

-Estoy bien, no sé lo que me ha sucedido, un vago presentimiento. Eso es todo. Nada más.

-Cariño, si te vuelves a encontrar mal me lo dices, eh?…que llamamos a los guardias forestales de urgencias y te dan alguna medicina.

-¿Sabes qué? Mejor podríamos ir a acostarnos, a dormir, después de todo ha sido un largo viaje y con tanta emoción y esplendido paisaje se me han desvanecido las fuerzas.

Y así fue, ambos cogidos de la mano, se fueron directamente a lo que era el dormitorio. Aproximadamente eran las once y cuarto y aún la medianoche no había llegado. Finalmente acabaron por dormirse los dos.

Era una noche silenciosa, no se oía ningún ruido, ni una gota de viento, nada. Puro silencio reinaba en el Pueblo Wolf…

Pero el silencio desapareció, cuando a la medianoche, Mónica se despertó. Ella no solía despertarse, es más, era una de esas personas que tan solo tocar la cama, se duermen hasta el amanecer del nuevo día. Pero en esta ocasión, sin saber porqué se despertó, habiéndole parecido oír un aullido. Se incorporó en la cama, con el pelo largo que le llegaba hasta los hombros y se lo retiró hacia un lado para comprobar si su esposo seguía dormido. Y así era. Alberto seguía durmiendo en un profundo sueño, a él, nada ni nadie le había hecho despertarse.

Media Noche

La cabaña estaba a oscuras, apenas se podía ver claridad, tan sólo el color de la noche y lo único que pudo ver Mónica fue a través de una de las ventanas a la luna. Una grandiosa y hermosa luna llena, de un color tan intenso, que Mónica tuvo que parpadear varias veces para ver lo hermosa que era. Asombrada, se inclinó, hasta levantarse de la cama, dirigiéndose hacia la ventana para poder ver a la luna más de cerca.

Pasaron unos minutos mientras Mónica atónita la contemplaba, cuando oyó de nuevo el aullido, esta vez ella lo sintió con más potencia, como si el aullido proviniese de su lado…

¿De dónde provenía ese aullido?, ¿Acaso existían lobos en esa zona?..

Invadida por el anhelo a saber más quiso salir de la cabaña, pero dio un paso hacia atrás y retrocedió, tenía miedo salir de noche a un lugar que ni ella conocía. Lentamente se fue andando hacia la habitación, donde su marido seguía durmiendo. Pero en ese instante, en el armario diviso el reflejo de una sombra…Apenas le dio tiempo a Mónica de reaccionar y poder ver de donde provenía ese reflejo, pues…

Un hombre había entrado en la cabaña, agarró a Mónica por la cintura y a éste no le dio tiempo a taparle la boca cuando Mónica asustada por el pánico, chilló, de esta forma despertando a su esposo.

-Ahhhhhhhhhhhhh!!!¿Quién eres? ¿Suéltame? – un grito aterrador salió de Mónica.

-¿Qué ocurre, dijo aún medio dormido, Alberto. Intentando parpadear los ojos cuando éste vio a su esposa…¡Mónica, suelta a mi esposa, maldito!, suéltala o te juro….

-O me juras qué, ¿me vas a matar? Jajajjajjaja. – una sonrisa diabolica salió de ese ser sin escrúpulos, con facciones como las de un hombre lobo Y de su boca una gran carcajada resonó en la habitación. Tú no eres más que un mosquito para mí. Tú no sabes quién soy…No lo sabes. Tu esposa me pertenece. Ella es mía. Y me la voy a llevar. – sentenció.

-¡Alberto, tengo miedo! , no me dejes a manos de este animal.

-¡Oye tú! , sea cual sea tu nombre, la especie de ser humano que seas, si eres valiente y me consideras un mosquito, como tú dices, solo hay una manera de saberlo. Lucha conmigo y sabrás lo que es bueno, pero deja en libertad a mi mujer.

  • Jajajjaja, no sabes con quién te metes, insecto. ¿Quieres saber mi nombre?, bien te lo diré, mi nombre es Wolf. Y si eso es lo que deseas, luchar conmigo, adelante, pero eso sí, te advierto que de esta no sales con vida.

La noche seguía siendo oscura y silenciosa, y el hombre lobo salió de la cabaña desnudo, así como uno viene al mundo, junto con Mónica, que la llevaba agarrada de la cintura. Detrás de ellos Alberto, que tan solo llevaba sus pantalones cortos descubriendo su pecho al aire.

El hombre lobo les condujo hacia un descampado alejado de las demás viviendas…Mónica no paraba de sollozar y de gritar que la dejará.

-Hemos dicho de luchar, así que luchemos, no pienso perder a mi esposa.

-Eso lo veremos, yo puedo ofrecerle algo que tú no le has podido dar.

-Tu que sabrás de nuestra relación, de nuestros sueños, de nuestras alegrías.

-Lo sé todo, todo. Más adelante lo averiguarás. Te lo digo a ti, Alberto y a ti, mí Mónica.

Seguidamente el hombre lobo, diciéndose llamar Wolf, ató a un árbol a Mónica con la finalidad de que no se escapara. La ató alrededor de un gran árbol, atada de manos y pies. Mónica iba con el camisón de color blanco que le transparentaba todo su cuerpo, pudiendo apreciar sus hermosos senos, y demás partes íntimas.

La lucha entre Alberto y el hombre lobo había empezado y Mónica era testigo y observadora de aquel acontecimiento ¿Quién saldría victorioso?

El hombre lobo

El hombre lobo empezó aullando, el mismo aullido que Mónica oyó estando en la ventana. Era el mismo. Entonces le volvieron los breves, pero vagos recuerdos de cuando era ella apenas una niña…no sabía bien porqué al ver la luna y ahora al hombre lobo, llamado Wolf, le venían a la mente esos recuerdos. Recuerdos que ella no vivió, ya que cuando uno es pequeño no es consciente de lo que vive.

Seguidamente Alberto se puso en la defensiva cuando vio acercarse el lobo. El hombre lobo había cambiado su apariencia por la de un animal: la de un Lobo. La pelea era difícil, y más en un territorio al que Alberto desconocía y el Lobo lo conocía a la perfección, como la palma de su mano.

Mónica no paraba de gritar, enloquecida al ver los arañazos y mordeduras que el lobo le daba a Alberto. Alberto estaba indefenso, hasta que llegó al límite. El lobo lo tenía acorralado. Detrás de Alberto estaba un precipicio, que a la vista no se apreciaba debido a las largas hojas verdes que lo cubrían. Y la bravura del lobo lo empujó hacia al vacío, llevando a Alberto a la caída desde ese acantilado invisible a sus ojos.

El hombre lobo volvió a su forma humana. La apariencia humana que poseía el lobo, era de un hombre corpulento, viril, de ojos verde-grises, y pelo castaño. Poseía una mirada tenebrosa e intensa, como si mirase en un punto fijo, con la intención de provocar el pánico y el miedo a las personas que lo miraran.

Entonces se oyó un grito, el grito de una mujer.

-NOOOOOooooooo!!!!!!.- el grito de Mónica.

Un grito de desesperación, de llanto cruel, provocando un gran eco en la montaña, su marido había sido arrojado por el acantilado de forma cruel, un humano luchando contra un lobo.

A los pocos minutos, Mónica se desvaneció y perdió el conocimiento. Entonces el Hombre lobo desató a Mónica y se la llevó entre sus brazos…

¿Hacia dónde se la llevaría?, ¿Qué quería decir cuando dijo que ella era suya?.

¿Alberto, habría sobrevivido a la caída?, o por el contrario ¿Habrá fallecido?…

Días más tarde

Meses más tarde, postrado en una fría cama de hospital, se encontraba amarrado con cuerdas, un hombre, moreno, con el rostro pálido y sobresaltado, en cuyos manos, brazos y cuerpo estaba lleno de marcas, marcas de mordeduras y arañazos. Sus ojos parecían no tener vida, y aún más cuando alguna enfermera le venía a traer el desayuno, éste se sobresaltaba y entonces abría los ojos como quien ve asomarse el diablo. Una mirada de miedo, de huida…pues las cuerdas eran la causa de evitar que se escapara del hospital, a pesar de su mal estado tanto físicamente y psicológico, pues los médicos no entendían el porqué de su estado. Llegando a pensar que él mismo se había producido tales arañazos para el fin de quitarse la vida.

Él apenas podía hablar a duras penas, tartamudeando los médicos pudieron captar algo, pero sin lograr ningún éxito, ya que cuando hablaba, lo que narraba no tenía una lógica coherente para ellos…pues el hombre que estaba en el hospital no era ni mas ni menos que Alberto.

Alberto sobrevivió a la caída, herido, muy mal herido, pero pudo recobrar el conocimiento gracias a la ayuda de unos chicos, aprendices de piloto, que haciendo prácticas por esa zona, pudieron dar con él y auxiliarlo y llevarlo al hospital más próximo. Lo encontraron la verdad muy mal, situado al borde de la pendiente del río y viendo que el agua de las cataratas por el cual él había caído, le golpeaba en la cabeza. Estaba inconsciente, lo dieron por muerto, pero aún así, gracias a Dios, los chicos intentaron bajar lo mas cerca de donde estaba Alberto pudiendo agarrarle, sujetándole con una cuerda y llevándoselo.

De esta forma fue rescatado Alberto. Y el milagro en él se produjo ya que su vida aún existía. Seguía vivo a pesar de su aún crítico estado. Por ese motivo aún no podía salir de la clínica, aunque lo que más quería en el mundo fuese salir de allí para ir en busca de su Mónica, su mujer. Y vengarse de Wolf.

Pero por el momento tiene que esperar a que le dejaran irse, y reza para que no sea muy larga su instancia en la clínica.

Después de los dos días en que permanecieron ambos en el pueblo Wolf, los historiadores detectaron que se habían marchado antes de lo previsto, así que le dieron importancia alguna. Además pudieron comprobar que su equipaje tampoco estaba.

¿Como era eso?, ¿Habría sido el propio hombre lobo quien se llevará las maletas, con el fin de no sospechar?, pues nuestros dos protagonistas dejaron la casa tal y como la habían dejado, con sus cosas, sus pertenencias….Quién sino, podría haberlas cogido…

La verdad

Mientras transcurrido un mes interminable, en lo alto de las altas montañas, donde nadie sube ni siquiera los historiadores se han atrevido a subir por dos cosas, una de ellas porque para llegar hasta ellas hay que subir por diversos obstáculos que un hombre si subiera, saldría herido, y la otra porque ellos solamente están dentro del pueblo Wolf. No se les permite ir ni llevar a ningún turista a esas montañas. Son las normas.

Pues en esas montañas es donde vive Wolf, el hombre lobo y Mónica está con él, junto con las demás mujeres que en su tiempo recogió, al haber asesinado y matado a sus maridos.

Es allí durante todo ese tiempo donde Wolf le explico su verdadero origen. Ella, Mónica era de este pueblo, había nacido aquí junto con sus padres y demás habitantes, pero Wolf se tenia que alimentar, y que mejor manera que alimentándose de los hombres y dejando viudas a las mujeres, al igual que en un tiempo lejano unos hombres mataron a la familia de Wolf, incluida a su única hermana loba. Las madres y esposas fueron muriendo al igual que la madre de Mónica debido a la tristeza. De esta manera Wolf se quedó con las mujeres jóvenes, las hijas del pueblo, que ahora en la actualidad tienen la misma edad que Mónica, edades comprendidas entre los 18 y 25 años.

De ahí la frustración y la rabia hacia los humanos, de allí las muertes que ocasionó a los denominados “hombres”, los seres para el hombre lobo mas malvados que han nacido sobre la faz de la tierra. Los hombres mataron a su familia, de allí la venganza que ocurrió años atrás en el pueblo, por matar a su familia y a su única hermana loba.

Entonces Mónica si en verdad era de aquí, del Pueblo Wolf ¿Porqué no la capturó a ella también?, ¿Era por eso que Wolf sabía todo de su vida?, ¿La había estado espiando desde que se casó? y ¿Porqué nunca huyeron, tanto las demás mujeres como Mónica?

La respuesta a estas preguntas fue que el abuelo de Mónica, al ver lo que estaba sucediendo, echo a Mónica en un cesto río abajo, con el fin de que alguien, una familia la acogiera. Y así ocurrió. Es por eso que sus padres adoptivos nunca conocieron a sus verdaderos padres, ya que éstos la encontraron siendo muy niña, apenas a punto de cumplir un año, dentro del cesto, formando así una familia.

Mónica ahora lo comprendía todo. Comprendía porqué al llegar aquí recordaba breves escenas del paisaje, del olor del campo… Pero Wolf se enfado mucho, al ver que le faltaba Mónica, ella era la pieza que le faltaba en su puzzle. Ella era suya como todas las demás, pero había algo en todas estas mujeres que el hombre lobo aún no había podido averiguar, una de esas mujeres, sólo una de ellas tenía el don de convertirse en loba, y por ello Mónica era la única a la cual no había podido observar, ¿Y si fuera ella?..

-Mónica, Tú eres la única mujer que aún no se ha convertido en loba, así que no me cabe ninguna duda de que tú eres la elegida del pueblo, tú lo creas o no, posees el don de convertirte en una mujer loba.

-Pero…. ¡Esto es de Locos!, Yo soy una mujer normal, de carne y hueso y no puedo convertirme en loba. Lo único que veo es que estas obsesionado con la muerte de tu hermana y crees que alguna de nosotras se va a convertir en loba, solo porque tú crees que alguna poseemos ese don. ¡¡¡No tiene lógica, no es de sentido común!!!

-A mi no me digas lo que tiene o no sentido. Lo único que sé que odio a los hombres, ellos mataron a mi familia, y sé por mi familia que una sola mujer que naciera bajo el poblado Wolf, poseería el don de convertirse en mujer loba. Y esa mujer eres tú, porque ninguna otra lo ha logrado, ni en las noches de luna llena.

Entre Mónica y el hombre lobo chispeaban chispas de ira, los dos querían tener la razón, pero nadie quería comprender.

-Esta bien, mira Mónica la luna. Aun le faltan 28 días para que este llena, allí será cuando comprenderemos y sabremos el verdadero significado. Tomate tu tiempo y luego ya veremos. Saldrá a la luz la parte que llevas dentro de ti.

-Te advierto y sigo pensando que estas equivocado.

-Nunca me equivoco, y nunca me arrepentiré de lo que hice en el pasado

-Ni de la muerte de mi marido, al echarlo tras ese acantilado, ¡¡¡Animal!!!

-Nunca.

Desesperación

Tras la discusión, Mónica se fue con las otras mujeres a derramar sus lágrimas, contenidas hasta el momento en que llegó a la montaña, conducida por Wolf.

Mientras, los ojos verdes-grises del lobo miraban al cielo, pensativo con la llegada de la que podría ser su futura loba, Mónica. El sabía que él era el único que podía ofrecerle hijos. ¿Quién si no podría ser la mujer loba? Solo quedaba ella. Lo tenía demasiado claro. Ahora tan solo a esperar los hechos, dentro de 28 días la luna llena aparecería y ese día se descubriría la verdad.

En la civilización de la ciudad, Alberto llegó a la conclusión de calmarse, con el fin de salir cuanto antes de aquel frío hospital y acudir a la policía, con el objetivo de hallar a su esposa.

Sus heridas fueron curadas y el miedo que llevaba dentro de sí, poco a poco se le fue quitando por el mero hecho de pensar en su esposa y en la manera de lograr rescatarla…ese fue el remedio y su cura para que los médicos al fin le dieran el alta.

Del hospital de Madrid salió Alberto, ayudado por unas muletas que le sostenían en pie, pues las necesitaba, había permanecido inmóvil durante todos esos días, sin apenas caminar y ejercer los músculos de las piernas.

Y así fue como la fuerza de voluntad hizo recuperar a Alberto lo antes posible, con el propósito de ir a la policía para ir en busca de su mujer, capturada por un ser maligno que quién sabe Dios que había sucedido después de esos largos días sin su ausencia, postrado en esa cama sin poder hacer frente a su debilidad.

Se dispuso a coger su coche e ir directamente a la oficina de la policía, donde poder hallar una respuesta y una solución rápida para la captura de su mujer. De camino, pensaba en Mónica, así como también lo había hecho durante todo este tiempo, pero ahora pensaba en ella con más energía que nunca. Iba a por ayuda, y eso le consolaba, repitiéndose a sí mismo que se vengaría de aquel monstruo, de ese ser llamado Wolf, que le intento quitarle su vida y concluyó arrebatándole a su mujer.

Aparcó en el aparcamiento de los policías, entrando lo más rápidamente posible, no quería perder tiempo, ya había perdido suficiente, necesitaba ayuda y ¡YA!

Una vez dentro, diviso a una secretaria que le indico donde podría encontrar a un policía en casos de secuestros.

Sin pensárselo, Alberto hecho a correr por los pasillos sin respetar las normas señalizadas de “prohibido correr”, hasta hallar la puerta que se le había encomendado. Sin pensar, entró sin avisar, ante la desesperación que le consumía por dentro.

El rostro sobresaltado del policía que en esas ocasiones estaba concentrado leyendo un expediente, con las piernas apoyadas en la mesa, de su boca tan solo salieron:

  • ¿Acaso no ha leído el cartel de la puerta?. No se puede pasar así por las buenas sin llamar primero, señor….dijo el policía.

  • Sí lo sé. Me llamo Alberto y estoy en un apuro muy grande. Han secuestrado a mi mujer. Necesito ayuda, inmediatamente

-Bueno, en primer lugar Sr. Alberto, siéntese y haga el favor de contarme su caso, para así nuestro equipo hallar la solución a su problema, dijo el agente pacíficamente cruzándose las manos en posición de escuchar.

-Ni que caso ni que leches, se trata de la vida de mi mujer, tenéis que hacer algo para ir a rescatarla, la han secuestrado. Y ya ha pasado mucho tiempo, meses, sin que yo pudiera venir a por ayuda.

-Si, eso me ha dicho, ¿Pero Quién?, Me facilitaría mucho las cosas Señor Alberto si me pudiera decir como era el presunto secuestrador de su mujer. Nos seria de mucha utilidad, se lo garantizo, dijo entre dientes, cansado de que Alberto no pudiera mas con su alma y de su boca no salieran más que cosas sin sentido. O al menos para el agente.

-Esta bien, Señor agente. A mi mujer le secuestró un hombre lobo. A mi me arrojo a un acantilado llevándome casi a la muerte. ¿Acaso cree que me puedo estar de brazos cruzados como lo esta usted?..

-Perdón… ¿como dice? Ha mencionado que un hombre lobo ha secuestrado a su mujer y que a usted le deseo la muerte.

Hubo un silencio. Tan largo y breve a la vez.

-Sinceramente, Alberto. Puedo apreciar por su aspecto pálido y en sus brazos leves tiritas de enfermo, que hace poco ha debido de salir de un hospital, ¿me equivoco? Vera lo que intento decirle es que usted necesita ayuda.

-¡Pues claro que la necesito!, exclamo exaltado.

-Déjeme terminar, por favor. Creo que no me ha entendido. Usted necesita ayuda, pero ayuda psicológica. Esta usted loco, no puede pensar con claridad y lo que me narra es totalmente ininteligible. No existen hombres lobos. Todo es fruto de su imaginación.

-¡No estoy loco!, puedo llevarle hacia el lugar de los hechos, describir los acontecimientos y llevarle, si lo encuentro hacia al hombre lobo y vera que tiene a mi mujer y comprobara que no estoy loco. Pero de una cosa estoy seguro, y es que en esta sociedad en que vivimos, más que agentes, hay escoria.

En este despacho me están tomando por un loco, que no tendré ayuda alguna por parte de ustedes. No hacéis más que estar quietos en esa silla sin mover el dichoso culo.

El ambiente se había profanado de manera insólita. El agente se disponía a teclear el numero de emergencia en el teléfono cuando Alberto con la rapidez de un rayo pronuncio lo siguiente, acogiéndole el auricular y mirándole con ojos de rabia e impotencia

  • WOLF, es la única pista que les puedo dar. Ahora me voy, no le robare más tiempo. Ni tampoco yo puedo perderlo. Ya he perdido el suficiente

Alberto frustrado se disponía a salir de la puerta cuando antes de cerrarla le pregunto al agente:

-Agente… ¿Tiene esposa?

El agente le miro con el rostro desconcertado, ausente.

-No…no la tengo. El trabajo es mi oficio y mi única familia.

-Me lo suponía… Si la tuviera me entendería. En cuanto a su oficio, puede empezar a dedicarse a otra cosa, pues éste no se le da muy bien.

Le ofreció otra mirada vulnerable y llena de rabia, cerro la puerta de un portazo, y se fue.

28 días

Regresó al aparcamiento donde había dejado el coche, preso de la desesperación, dándose cuenta que a ambos lados de su coche, dos guardias observaban el vehículo con detenimiento, e iban anotando en una libretas los datos como la matricula, color del vehículo, comprobando que no era un coche de la patrulla de policías ni de nadie autorizado para aparcar en esa zona privada.

Tan solo tenía veinte ocho días, sin el saberlo para rescatar a su esposa, antes de que ésta se pudiera ante las palabras afirmativas de Wolf, convertirse en una mujer loba. Pero lo que si sabía es que no tenía tiempo que perder. Su único fin era ir de nuevo al pueblo Wolf y vencer así su única pesadilla, vengándose del que le arrebató a su esposa.

Pero eso era muy fácil de decir, pero el miedo, el terror y el pánico se apoderaron de Alberto. El quería a buscar a su mujer, es lo que más deseaba, pero ¿como hacerlo?, ¿con qué medios iría a buscarla? Y ¿Dónde? Sabia que el hombre lobo, Wolf o cual fuera su nombre, no estaría dentro del poblado. No era tonto. Wolf no se deja ver así por las buenas y menos aún sabiendo que Alberto quiere y va ir a por el, aun sabiendo que quizás Wolf le de por muerto.

Aunque Wolf intuyera que Alberto estaba muerto, los lobos son muy extrovertidos y tienen tanto el olfato y el oído muy fino a cualquier sonido por muy silencioso que sea. Además, ¿Cómo estaría dentro del poblado, sin que le pudieran ver los demás turistas e historiadores que lo abundan?

Alberto estaba seguro que escondido estaba, en algún lugar cercano y a la vez lejos del pueblo. Pero acabaría por encontrarlo. Ahora tan solo tenia que ir a descansar a su casa, un día, no pedía más a su espíritu para poder reflexionar y pensar en su situación.

Perdería un día, sí pero quizás con un poco de ayuda conseguiría algo, información. Mónica, tenía el don de enseñar telepatía a quienes lo desearan. Alberto nunca creyó en esas historias de poder leer la mente a los demás. Las cosas paranormales no eran su fuerte, pero pese a todo lo que le había pasado anteriormente tras la desaparición de su mujer, ver a un hombre convirtiéndose en lobo, le entró en la cabeza que tenia que conseguir de la manera que fuera, poder contactar con Mónica a través de la llamada “telepatía”, para poder comprobar por sí mismo si era capaz de hallar alguna pista, si es que conseguía contactar y dominar su mente.

-Tengo que conseguirlo, tengo que conseguir contactar, es una posibilidad. Si no lo intento, mi Mónica, mi mujer, ¿Dónde estará?, tengo que tranquilizarme, estoy hablando sólo y no estoy loco. Aprenderé en un día, si hace falta dos, en dominar la telepatía.

Ya basta de quejarse, ya basta de lloriquear por no saberlo hacer, Alberto. Seré imbécil. Necesito medios, buscaré en Internet información que pueda facilitarme, al menos en los pasos que tengo que seguir para dominar la telepatía.

En la cómoda de la sala cogió y remiró la fotografía de su mujer diciendo: voy a conseguirlo por ti, mi vida. Contactaré contigo aunque sea lo último que haga en esta vida.

Entre el trance y la paciencia

Y así fue como Alberto se adentró en su habitación, donde estaba su ordenador y tecleando “telepatía” se esperaba hallar el medio para averiguar donde estaba su mujer, donde la tenia el malvado Wolf, el hombre lobo.

Tras buscar entre páginas y páginas encontró datos de gran interés:

A medida que leía esas líneas pensaba en su mujer…decían así

Primero de todo antes de hacer cualquier cosa, tienes que ponerte a pensar si vas a tener tiempo para tratar de desarrollar el control de la energía, muchas veces empezamos, pero al poco nos cansamos o nos da flojera y lo dejamos hacer y eso no es conveniente, puesto a que si ya lo has comenzado a practicar, es cosa de poco tiempo poder dominar el control de la energía. Sé paciente.

Ya que te hayas puesto a pensar detenidamente, si le vas a dedicar el tiempo suficiente puedes empezar por relajarte varios días. No te tenses mucho, trata de no hacer coraje y de relajarte lo más que puedas de la manera que puedas. Es mejor empezar relajado y que tome menos tiempo el desarrollarlo a que lo practiques tenso y sin buenos resultados.

El tercer paso y uno de los más importantes es empezar desde lo más básico que se pueda. Empieza practicando poco a poco con la psi wheel. Mueve tu psi wheel hasta que puedas controlar su movimiento voluntariamente. No pases al siguiente paso hasta que no la controles al cien por cien.(de derecha a izquierda y de izquierda a derecha), pero no intentes a elevarla, porque solo pierdes el tiempo.

Después de una semana aproximadamente, puedes empezar con algo más grande, como un lápiz o bolas de papel. Escoge algo ligero, o bien, si te interesa seguir el camino de la telekinesis, puedes hacerlo y seguir así hasta mover objetos cada vez más grandes.

Todo tiene energía y todo se basa en ella.

Y al final del documento “TEN PACIENCIA”.

-Que tenga paciencia, una semana tendré para conseguirlo, si es que llego a conseguir contactar con Mónica. Por más palabras y frases que lea no me servirá de nada si no la llevo a la práctica.

Inclinándose en su silla, se sujeto la cabeza con ambas manos, viendo que todo aquello era muy difícil y que no veía por donde empezar, tanta frase, tanta palabra, pero hacerlo, eso era otra cosa. Pensaba en Mónica, llegando a repetir varias veces su nombre, hasta no poder aguantar más y detenerse.

-Mónica, Mónica, Mónica, Mónica……….

-Mónica, Mónica, Mónica, Mónica……….

-Mónica, Mónica, Mónica, Mónica……….

-Mónica, Mónica, Mónica, Mónica……….

Alberto había entrado en un estado de trance que le asfixiaba por dentro, con los ojos bizcos, pudiendo así evitar la respiración. Un sudor frío entraba en su cuerpo, tenía, necesitaba respirar aire, y así como pudo, tambaleándose fue dirigiéndose a abrir la ventana, donde pudo al fin de tanto sosiego, respirar aire.

Se quedó un minuto parado frente al paisaje que tantas veces había visto desde su habitación, pero esta vez lo hizo mirándolo como si fuera la primera vez que veía el horizonte, un horizonte donde se reflejaba un cielo azul con edificios, unos mas altos que otros, donde en cuyas viviendas lo envolvían a sus lados sus vecinos y en frente se divisaban las viviendas mas alejadas de la ciudad.

Ya más calmado dentro de lo que alguien se puede encontrar, encontrándose en tan difícil situación, decidió ir a por todas, sabía que esa frase: “ir a por todas” es lo que tenía que haber hecho ya. Pero viendo que no tenía otra salida, más que poder de la forma que fuera, contactar con su esposa con la telepatía, se dispuso a hacerlo.

Estaba calmado, podía conseguirlo, pues la calma era la base para poder emprender el viaje al lugar donde se esperaba hallar a su mujer.

Se volvió de nuevo a sentar, ahora cogiendo la foto de su mujer. La miro un par de veces, desde su ondulado pelo hasta su intensa mirada, y en ella en esa mirada sus ojos se clavaron.

-Mónica, dime, ¿dónde puedo hallarte? Dame una pista, un lugar.

Un silencio invadió la habitación, no se oía nada, ni la brisa siquiera de la ventana que Alberto había dejado abierta…

Seguía mirándole a los ojos, adentrándose en la fotografía como si la estuviera a punto de besar. Y en los labios de Alberto salieron dos palabras:

-“Te Quiero, Mónica”.

Al pronunciar esas dos palabras la foto empezó a cobrar vida telepáticamente. Alberto no podía desgarrarse de la foto, era como si su mano estuviera pegada a ella. Los ojos de Mónica empezaron a transmitirle el lugar donde estaba y cuales eran los propósitos del hombre lobo:

-“Cariño, soy yo, Mónica. Lo has conseguido, has podido contactar conmigo.

-¿Mónica, eres tu? Te escucho pero cómo…Dime, te escucho: Dame un mensaje, no sé cuanto me durara aguantar…titubeaba Alberto.
Estoy en las montañas del poblado Wolf. El hombre lobo esta empeñado en que me puedo convertir en una mujer loba….dentro de unos días, cuando la…luna este llena…faltan……..

La comunicación telepáticamente se había cortado. ¿Qué es lo que faltaba…?

-¡¡Mónica!! Mierda. Voy a por ti, Mónica, aunque sea lo último que haga en esta vida.

Decisión

Analizando lo que le había dicho, se tenía que dirigir a las montañas, las recordaba, no había duda. Lo de convertirse en una mujer loba….le había sobresaltado, ¿Qué es lo que quería decirme?, ¿faltan qué?… ¿días? Sea lo que fuera, miro a la luna y efectivamente, días debían de ser…no, eran.

-¡Eso es, que idiota!, claro lo que intentaba decirme es que dentro de unos días puede convertirse en una mujer loba, pero ¿como?, esto es de locos. Pero ya he visto demasiado para no poder creer en ver otra cosa tan irreal como la que ya estoy viviendo, se dijo así mismo.

Ahora sí, sin más miramientos, cogió las llaves del coche y apresurado salio de su casa. Se encaminaba a las tan tenebrosas montañas, a las que era y son sus pesadillas cada noche. Y ante todo a vengarse del rostro de Wolf, desterrándolo de una vez por todas de este mundo. Una vez así salvaría a Mónica…pero ¿sería tan fácil como se lo imaginaba? Estaba seguro de que no. Pero tenía que pensar en positivo, no podía hundirse en el pesimismo.

Tras un largo y silencioso camino, el cual parecía no tener fin. Al fin Alberto dominado por el cansancio y las gotas de sudor que se desprendían de su frente, había llegado, se había acordado del camino.

Frente a él estaban aquellas montañas, ese paisaje que días atrás le parecía hermoso, ahora la rabia le comía por dentro. Veía en aquellas montañas, intuía en ellas que la maldición de aquel ser inhumano llamado Wolf, estaba allí. No podía olerlo, pero lo podía percibir. El silencio era un símbolo.

Ahora le tocaba ir solo, sin su coche. No había camino para circular. Tan solo sus dos piernas y el valor suficiente para subir haciendo escalada por esas tenebrosas montañas, que podía percibir que no eran nada finas. Cada piedra, cada rincón había una punta que sobresalía. Sabía que era muy peligroso subir, pero era la única manera para llegar a la explanada, donde allí se hallaría la verdad, la búsqueda y la definitiva venganza.

¿Lo conseguiría?… Conseguiría llegar hasta arriba. Hace un par de semanas pudo estar muerto, y logro sobrevivir gracias a la ayuda de esos practicantes de vuelo.

¿La suerte le acompañaría en este trayecto? Quien sabe. Ni el mismo Alberto lo sabía. Ver a su mujer era la esperanza que le hacia seguir adelante. Pero ahora necesitaba reposar un poco, así que del coche cogió ante todo, una cantimplora y de ella bebió algunos sorbos, pues necesitaría el agua para más adelante, cuando el cansancio volviera a él.

Fue empezando por poner un pie bien seguro y colocar el otro en posición de avanzar y así lo haría hasta subir hacia lo alto de la cumbre. Aunque no quisiera reconocerlo, Alberto estaba aún le dolía uno de sus brazos, pero como hombre que era no podía demostrar que se sentía débil, aunque solo la estuviera observando la montaña, aquella tenebrosa montaña.

Luna llena

Pero a parte de su autoestima, sabía que de la montaña no se debía de fiar, ni perder ni un solo minuto en despistarse, pues el sol se iba escondiendo y la noche se presentaba.

Ahora su situación se complicaba por momentos, a oscuras y sin linterna, tan solo con una cantimplora que su única función era la de darle de beber, pero no la de alumbrarle.

Por unos momentos se detuvo y aguantándose como podía entre los huecos de las piedras puntiagudas, se quedó en silencio, pensativo pensando en la luna y en si era en verdad lo que a través de la telepatía le había podido contar su mujer.

Estaba tan pensativo, que por unos momentos se dejó llevar sin darse cuenta que estaba subido a medio camino de la montaña y como si de un rayo se tratase, le invadió el miedo. Iba resbalándose, estuvo a punto de caerse y hacerse añicos, sus ojos sólo buscaban un soporte una punta donde cogerse y evitar que en esta segunda acción su vida se perdiera para siempre.

En la segunda vertiente de la caída pudo hallar una punta a la cual se agarro con fuerza, con la máxima para no caer y con la que no pudiera romperse tampoco ésta. Su pulso estaba acelerado, intentaba calmarse, seguía vivo se decía mentalmente. Un suspiro salió de su boca, evitando mirar hacia abajo, reflejo su mirada hacia arriba, donde por sorpresa la suya, algo le hizo quitar el sueño y el cansancio.

-¡Oh Dios mío! No puede ser que….la luna ya este llena pero como es posible si faltaba un día…pensaba.

-¡Hoy!. Le recordó su mente.

Le faltaba media montaña, aún tenía tiempo, aún no era medianoche. Y mientras, iba subiendo con mas energía que antes, se bebió un sorbo de agua y echo la cantimplora al vacío.

-Mónica, hoy es tu día, supongo que lo sabes

-No te hagas ilusiones. Yo no soy esa mujer loba, que dices ser

-Si, hoy es el día y sí lo eres.

-Porqué, ¿Por qué de todas mis compañeras, que no se han convertido en loba, lo tengo que ser yo?

-Pronto lo sabrás y yo lo afirmaré. Ah, por cierto: Felicidades.

-A qué viene eso, ¡estoy harta de tus juegos, hombre lobo, wolf o como quieras que te llamen!

-Esta bien, ya que tu marido no te va a poder felicitar, yo te felicito por ser hoy tu cumpleaños…déjame terminar y quizás así sepas el porqué, que tanto me has repetido.

En tal día como hoy naciste bajo este poblado, el poblado Wolf, precisamente en un día que había luna llena. Es por eso que estas destinada a convertirte en mujer loba cuando veas a la luna hoy.

Hubo un silencio, a Mónica sólo le preocupaba su marido, a quién ya sabía vivía y estaba seguro o al menos tenía la esperanza de que pudiera llegar a tiempo si en verdad era cierto lo que Wolf decía. Pues adivino su fecha de nacimiento, su vida, toda su vida, estaba envuelta por wolf, por su pueblo, por el amo del lugar.

Se hizo a la idea que había mucha historia que ella no sabía, como quienes fueron sus padres y un sin fin de cosas que sin motivo alguno parecían reales, e irreales a la vez. ¿Cómo podía convertirse en loba?

Mujer Loba

Miro a la luna, para saber si en verdad era cierto, la miro fijamente, sin saber que el lobo, Wolf la observaba distante desde la otra punta.

No produjo ningún efecto, aún así, Mónica decidió quedarse, no para averiguar si se podía convertir en una mujer loba, sino para dejarle claro a Wolf que lo que decía era imposible.

Las demás mujeres también la miraban, ¿Qué podían hacer ellas, no eran nada, solo mujeres que habían pasado por lo mismo que Mónica y que en ellas no habitó el hecho que durante tantos años Wolf llevaba consigo, conseguir que alguien se convirtiera en la mujer loba.

Mientras Alberto, con más cuidad y con mas recelo que nunca, seguía subiendo, y escalando esa montaña que cada vez que se asomaba hacia arriba, más tenebrosa le parecía. Se encontraba fatigado, ya no tenia agua, no tenia nada. Tan solo su cuerpo, su alma quebrada y una voluntad para seguir subiendo hasta llegar a la cumbre. Le faltaba poco, ya muy poco para llegar a la explanada.

Pero de pronto, mientras Mónica no dejaba de mirar a la esplendida y brillante luna, radiante esa noche, mas que ninguna otra ocasión en que se había parado a contemplarla, un efecto en su cuerpo, en su interior empezó a producirse.

Mónica estaba paralizada, paralizada de miedo, miedo a que lo que hubiera dicho tantas veces ese ser llamado Wolf fuera verdad.

-¿Pero que me sucede?, grito asustada.

Más que un grito de mujer asustadiza, parecía un grito de guerra entre bandos animales. Su cuerpo empezó a cubrirse de pelo en abundancia. Empezó a surgir entre sus manos, brazos y piernas una gran mata de pelo grisáceo.

Mientras todo esto surgía en Mónica, la luna con más energía brillaba allá en lo alto, como si la estuviera envolviendo con su manto, arropándola como si de su hija se tratara. Mientras el cuchicheo de las demás mujeres, aterradas y enloquecidas del pánico no podían evitar oírse algún que otro grito de voz femenina, con lo cual hizo eco en la montaña, haciendo llegar a los oídos de Alberto.

-¿Qué ha sido eso?, parecía un grito de…mujer. Grito el nombre de su esposa, Mónica.
-¡Mónica, Mónica!, estoy llegando, no te preocupes.

Desde la otra punta, Wolf divisaba el espectáculo, su madre, la madre de todos los lobos había hecho efecto en Mónica. Tenía razón, ella era la única, la tenía, ya era suya. La mujer que tantos años había buscado, la había encontrado. Mónica…susurro entre sus pensamientos.

Mónica intentaba luchar e evitar la mirada de la luna, que parecía que era ella la que le hacía convertirse, de hecho sin la luna no se hubiera convertido, pensaba Mónica, mientras a la vez se acurrucaba para no transformarse en lo que ya sabía de antemano.

Un camino en el que seguir

Alberto, estaba a punto de llegar y de ver algo que le volcaría el corazón de lugar. Solo le faltaba poner otro pie y estaría en la explanada. Antes de ver el escenario, sus pulmones tenían ganas de gritar el nombre de su mujer, asomo sus vivaces ojos y vio a su mujer, Mónica convirtiéndose en loba.

  • Mónica, ¿Quién te ha hecho esto?, grito, pero el grito no hizo ademán de nada, y Alberto contemplo el escenario, viendo a un lado a unas mujeres desconocidas por el y al otro extremo a su enemigo, Wolf.

Wolf, no se atrevió a hacer movimiento alguno, ni a pronunciar ninguna palabra. Tan solo dejaría que el transcurso del tiempo y de la transformación decidiera su curso. Ambos hombres se habían mirado una vez más. Pero volvieron a la visión de Mónica.

Mónica se estremecía, Alberto quería ir hacia ella pero sabía de antemano que si lo hacia algo malo pasaría, así que prefirió imitar a los demás, por el momento.

Mónica vio a su marido, y como de una especie de aullido salió de su boca. Su vestimenta, blanca y transparente fue arrebatada, destrozada y echo añicos, convirtiéndose así, al fin en la mujer lobo que Wolf tanto había deseado.

El aullido que produjo en su hilo de voz fue tan profundo que un gran eco se produjo en la montaña.

Todo el mundo parecía paralizado ante tal evento, Alberto no tenía palabras, las mujeres parecían nerviosas y el que parecía más tranquilo era Wolf.

Con paso ligero fue en dirección a donde estaba Mónica, frente a la mirada atónita de Alberto.

-¿Ves, Mónica, mi dulce Mónica, que yo tenía razón?

-No toques a mi mujer, maldito.

La risa odiosa de Wolf, volvió a producirse en él, diciendo:

-Ay pobre de ti, no ves que tu mujer es loba, no ves ante tus ojos, que ella me pertenece, ahora tengo y tú tienes pruebas de ello, ¿o no? Por cierto, creía que estabas muerto.

-No me rendiré tan fácilmente.

-Ya lo veremos. De todas formas, Mónica siempre ha sido la elegida desde el día de su nacimiento,

-Ella es humana.

-Dejaré que descanses un poco, no tengo ganas de pelea esta noche, ya ha habido demasiada diversión y alegría por parte mía ver a Mónica transformarse en loba.

  • Es y era su destino, Alberto. Asúmelo.

Alberto no pudo conciliar el sueño, se remolcaba junto a una cueva con las demás mujeres que la habitaban, preguntándose y haciéndose las mil y una preguntas sin resolver ninguna que tuviera cabida en todo lo que había vivido y visto estos días. Tampoco se atrevió a hablar con las mujeres. Dudaba de ellas como de Wolf. Se preguntaba quiénes debían ser.

Miradas se envolvían entre el y ellas, todos sin decir nada pero pensando en esa noche, esa noche en la que la realidad tantos años esperada por Wolf, hizo efecto.

En cambió en la otra cueva, donde la habitaba Wolf, se le veía alegre, con expresión como si estuviera meditando, mirando a la luna, con sus ojos grises y verdes a la vez, en oración de darle las gracias por el efecto que tantos años vagando en busca de la que podría ser su mujer loba, ahora, en la montaña de Wolf, Mónica era el milagro que tanto había ansiado poseer… y entre unos susurros leves dijo: Madre al fin lo logré. En paz descanse mi hermana.

¿Qué ocurriría, pasada la noche?, ¿Cuál seria la reacción de Mónica?, ¿Se dejaría poseer por Wolf, una vez aceptado lo que es? Y Alberto, ¿Impediría cuánto mal podría ver en sus ojos, con tal de no perder a su mujer?

Toda una vida

Desde la otra punta, Wolf divisaba el espectáculo, su madre, la madre de todos los lobos había hecho efecto en Mónica. Tenía razón, ella era la única, la tenía, ya era suya. La mujer que tantos años había buscado, la había encontrado. Mónica…susurro entre sus pensamientos.

Mónica intentaba luchar e evitar la mirada de la luna, que parecía que era ella la que le hacía convertirse, de hecho sin la luna no se hubiera convertido, pensaba Mónica, mientras a la vez se acurrucaba para no transformarse en lo que ya sabía de antemano.

Alberto, estaba a punto de llegar y de ver algo que le volcaría el corazón de lugar. Solo le faltaba poner otro pie y estaría en la explanada. Antes de ver el escenario, sus pulmones tenían ganas de gritar el nombre de su mujer, asomo sus vivaces ojos y vio a su mujer, Mónica convirtiéndose en loba.

-Mónica, ¿Quién te ha hecho esto?, grito, pero el grito no hizo ademán de nada, y Alberto contemplo el escenario, viendo a un lado a unas mujeres desconocidas por el y al otro extremo a su enemigo, Wolf.

Wolf, no se atrevió a hacer movimiento alguno, ni a pronunciar ninguna palabra. Tan solo dejaría que el transcurso del tiempo y de la transformación decidiera su curso. Ambos hombres se habían mirado una vez más. Pero volvieron a la visión de Mónica.

Mónica se estremecía, Alberto quería ir hacia ella pero sabía de antemano que si lo hacia algo malo pasaría, así que prefirió imitar a los demás, por el momento.

Mónica vio a su marido, y como de una especie de aullido salió de su boca. Su vestimenta, blanca y transparente fue arrebatada, destrozada y echo añicos, convirtiéndose así, al fin en la mujer lobo que Wolf tanto había deseado.

El aullido que produjo en su hilo de voz fue tan profundo que un gran eco se produjo en la montaña.

Todo el mundo parecía paralizado ante tal evento, Alberto no tenía palabras, las mujeres parecían nerviosas y el que parecía más tranquilo era Wolf.

Con paso ligero fue en dirección a donde estaba Mónica, frente a la mirada atónita de Alberto.

-¿Ves, Mónica, mi dulce Mónica, que yo tenía razón?

-No toques a mi mujer, maldito.

La risa odiosa de Wolf, volvió a producirse en él, diciendo:

-Ay pobre de ti, no ves que tu mujer es loba, no ves ante tus ojos, que ella me pertenece, ahora tengo y tú tienes pruebas de ello, ¿o no? Por cierto, creía que estabas muerto.

-No me rendiré tan fácilmente.

-Ya lo veremos. De todas formas, Mónica siempre ha sido la elegida desde el día de su nacimiento,

-Ella es humana.

-Dejaré que descanses un poco, no tengo ganas de pelea esta noche, ya ha habido demasiada diversión y alegría por parte mía ver a Mónica transformarse en loba.

-Es y era su destino, Alberto. Asúmelo.

Alberto no pudo conciliar el sueño, se remolcaba junto a una cueva con las demás mujeres que la habitaban, preguntándose y haciéndose las mil y una preguntas sin resolver ninguna que tuviera cabida en todo lo que había vivido y visto estos días. Tampoco se atrevió a hablar con las mujeres. Dudaba de ellas como de Wolf. Se preguntaba quiénes debían ser.

Miradas se envolvían entre el y ellas, todos sin decir nada pero pensando en esa noche, esa noche en la que la realidad tantos años esperada por Wolf, hizo efecto.

En cambió en la otra cueva, donde la habitaba Wolf, se le veía alegre, con expresión como si estuviera meditando, mirando a la luna, con sus ojos grises y verdes a la vez, en oración de darle las gracias por el efecto que tantos años vagando en busca de la que podría ser su mujer loba, ahora, en la montaña de Wolf, Mónica era el milagro que tanto había ansiado poseer… y entre unos susurros leves dijo: Madre al fin lo logré. En paz descanse mi hermana.

¿Qué ocurriría, pasada la noche?, ¿Cuál seria la reacción de Mónica?, ¿Se dejaría poseer por Wolf, una vez aceptado lo que es? Y Alberto, ¿Impediría cuánto mal podría ver en sus ojos, con tal de no perder a su mujer?

A la mañana siguiente, Mónica se encontraba desnuda, habiendo recobrado su forma humana, aún durmiendo bajo los efectos del sol.

El primero en despertar fue Alberto, quien apenas había podido dormir ante la inquietud y la desesperación de ver a su mujer, a su Mónica convertida en algo que ni el ni ella hubieran imaginado jamás. Arrebatado por una fuerza inmensa a la de la debilidad, se apresuro a ir al lado de su mujer, sin antes coger una de las sabanas para cubrir su cuerpo desnudo ante los rayos ardientes del sol. Entre susurros y acariciando las mejillas de Mónica con voz leve intentó despertarla.

-Mónica…Mónica, despierta. Soy yo, Alberto, tu marido. Saldremos de esta, te lo prometo.

-¿Saldremos?, no te precipites, Alberto. Cuando salgas de aquí ella no ira contigo.

-¿Ah si? No me digas. No me das miedo, sabes. Saldremos los dos juntos quieras o no, por las buenas o por las malas. Pero saldremos.

-Esta bien, como diga el señor Alberto, pero primero, ¿no deberías preguntárselo a ella? Puede que ella no quiera ir contigo

Un silencio se produjo entre ambos, pero las miradas y las dudas entre ese diálogo hicieron sospechar a Alberto. ¿Qué quería dar a entender Wolf? Pero el tenso silencio fue roto por el despertar de Mónica, o habría que decir por el despertar de la mujer loba… la cual entreabrió sus pequeños ojos, evitando con una mano los rayos que le penetraban en la pupila. Miro a su alrededor, se vio envuelta con la sabana que le había traído Alberto, se encontró desnuda, si recordar apenas lo que había pasado. Lentamente fue inclinando su cabeza hacia ambos lados, donde pudo ver primero a su marido, tal como lo recordaba desde la última vez que le havia visto, luego a su izquierda vio a Wolf. Fue cuando, como si un escalofrío hubiera entrado en su cuerpo, ésta se sobresaltó volviendo a su estado normal. Estaba despierta.

-¡Donde esta mi ropa!, ¿Qué ha pasado?

Oídas pronunciadas estas palabras, Alberto preso de la locura y de las ganas de recuperar a su esposa, maquinalmente, sin pensarlo, fue directamente a su lado, ya dejando de contemplar furiosamente a quien odiaba: Wolf.

-Mónica, cariño, estoy aquí, a tu lado. Soy yo Alberto. Tranquila, mi vida, todo ha sido una pesadilla, volveremos a la normalidad.

-En la luna me vi reflejada, como si de un espejo se tratara, en una loba…yo…yo no creía que fuese verdad. ¿Qué me ocurre?, ¿Qué es lo que le ha sucedido a mi cuerpo?

Mónica deliraba frases de la noche anterior, mencionando a luna, quien la convirtió en una mujer loba.

Fue entonces cuando Wolf intervino en la escena.

-Buenos días, Mónica, ¿crees ahora en lo que te había estado diciendo y repitiendo día tras día? Ahora no tienes motivos para ocultar tu propia identidad.

-Aun eres joven, puedes rehacer tu vida, con la especie que eres; la de una loba. Ese es y fue el destino que se te encomendó desde tu nacimiento. Y el que debes de seguir para el resto de tu vida, conmigo.

-Ella es humana, mantuvo una vida humana y se casó conmigo, ¿Qué crees que puede desear mas? Lo tiene todo

-¿Todo?

Wolf se fue dirigiendo al lado de Mónica, que estaba junto a Alberto y mirándole a los ojos le volvió a repetir…Alberto, con tu permiso, te vuelvo a repetir, ¿de verás lo tiene todo? O debería decir ¿lo tenéis todo?

-¿A dónde quieres llegar? Me estoy hartando de tanta pregunta y tanta fanfarronería…si crees que falta algo dímelo.

Entonces con leve movimiento de cabeza, Wolf dirigió la mirada estupefacta de Mónica y pronuncio lo siguiente:

Con el único hombre que podrás ser madre, será conmigo. Pertenece tu interior a la especie loba, por eso nunca has podido tener hijos con tu marido, Alberto. Únicamente los podrás concebir conmigo.

-¡Déjala en paz!. No la vas a convencer.

-Tiene razón y eso es verdad.

-Pero Mónica, no hagas caso de lo que digas este animal, este mismísimo diablo salido de la nada.

Origen

Mónica agarro de la mano a su marido fuertemente, inclinándose para mantenerse en pie, aunque le faltasen fuerzas, la voluntad era mas fuerte, con la sabana se hizo manualmente unos agujeros, pudiendo apreciarse una especie de manto o batín como vestimenta.

-Por favor, Alberto. No lo hagas mas difícil de lo que es. Déjame hablar.

En esos momentos Alberto no reaccionaba, no podía comprender el estado en que se hallaba su mujer, no era ella, su forma de hablar, su manera de comportarse, ¿acaso lo de ayer noche, tras convertirse en loba, su carácter tan dulce y delicado como era, ahora se habría desvanecido?, ¿Estaba viendo a una Mónica diferente?, o ¿tan solo era una visión?.

Mónica estaba relajada, como si flotara en una nube, tranquila y serena se dirigió hacia la mirada satisfecha de Wolf, el cual el orgullo de macho lobo le hacia ver que había ganada la batalla entre lobos e humanos.

-Hablemos. Me has encontrado después de tantos años, me has revelado el que fue mi pasado, mi vida, me has adivinado tantas cosas, e incluso el día de mi nacimiento en el cual me convertiría en una mujer loba. Y así ha sido, me cuesta creerlo, pero no tengo otra alternativa, después de todo, una parte de mi te pertenece, nací en este pueblo, pero a parte de eso, fui la elegida para complacer a mi pueblo, sin yo saberlo, sin yo saber que debía obrar por y para este pueblo. Al pueblo Wolf, a ti Wolf.

Estas palabras tan frías para Alberto le erizaron la piel con un terrible y espantoso escalofrío. ¿Estaría perdiendo a su mujer?, ¿Cómo era posible que de su boca, ella tan frágil y dulce, pudieran oírse tales palabras, ¿acaso no veía que estaba rompiendo el corazón de su esposo, el de Alberto?

Pero Mónica siguió hablando, aunque en esos momentos, Alberto hubiera preferido haber sido sordo, en vez de oír como su mujer Mónica pronunciaba la palabra, cuyo nombre enterrado debería estar: Wolf, con esa parsimonia, con esa calma y esa paz. ¿Cómo poder pronunciar tal nombre, como hablarle a ese animal, monstruo? ¿Cómo?

En la mente de Alberto se le repetía esta misma frase, una y otra vez… haciendo frente a sus ojos quebrantados, hundidos de la desesperación e invadidos de tristeza, con ganas de llorar, pero cuyas lágrimas no derramó, conteniéndolas hasta ver lo que ocurriría, pero de una cosa no se libraría y sería de vengarse de Wolf.

-Mónica…no me abandones; es una trampa.

-Mónica…no me abandones; es una trampa.

-Mónica…no me abandones; es una trampa.

Pero Mónica seguía hablando

-Ahora entiendo el motivo de que no podía tener hijos…pero, ¿cómo sé que los podré tener contigo?, supongo que sí, ya que tantas cosas sabías de mi que ni yo tenía razón de que existieran.

-Te doy la enhorabuena admitir lo que eres, y creer en mis palabras. Ya ves que no te he mentido. Ahora solo queda una cosa, hacerte feliz. Tú ya me entiendes cómo.

La mirada de Mónica titubeó unos instantes hasta desviarla de los ojos de Wolf. Mónica se había quedado en blanco, sabía perfectamente a lo que se refería wolf cuando éste hablaba de hacerla feliz. Únicamente ser madre de hijos de aquel denominado ser llamado Wolf, que ella no amaba.

Mónica se apresuro a continuar hablando, aunque no sabía cómo decirlo, pero en esos momentos la ira pudo más, y Alberto grito.

-¡Mónica no es tuya!, ¡Ella no te ama, ni nunca te amará!

-Alberto, ¿Tu quieres aún a Mónica, sabiendo que no te pertenece, que es una mujer loba?…pobre desgraciado jajajajajaja, mírate. Tan solo eres un pobre hombre, en cambio yo soy un lobo, dominante de esta gran montaña y de todo lo que rodea a este pueblo.

Y Mónica volvió a hablar diciendo:

-“Yo, soy Mónica, nacido en este pueblo, bajo los efectos de la luna llena, llevo en mis venas mitad sangre humana y mitad sangre loba. Debería quedarme, debería complacer a mi señor, amo de este pueblo, a Wolf. Convertirme en su mujer y procrear pequeños lobatos que crecieran en esta inmensa explanada. Pero por desgracia, Wolf, ser de estas tierras inmunes, no quiero ser feliz. A tu lado yo no quiero estar. Sé que llevo el don de convertirme en loba, pero no te amo. No porque te lo haya dicho mi marido, sino porque te lo dice mi corazón. Mi corazón Humano. No posee otro corazón que no sea humano. Puedo llevar sangre loba, pero no la conozco, ni la he vivido, ni quiero vivirla.”

-No puedes pensar así, no es posible. Además serás loba para siempre, te perseguiré hasta el infinito allí donde estés, yo lo sabré, aunque huyas. Además…si te vas de mi, tus hijos no tendrás. Me perteneces, así como perteneces a este lugar. Eres loba, aunque creciste y viviste como humana.

-Te eliminaré, te voy a…

Las manos de las mujeres le apresaron para que no fuera hacia Wolf, había una cosa que Alberto no sabia y era como matar a Wolf, las mujeres si lo sabían. Se lo llevaron a la cabaña donde le dijeron en voz baja lo que tenía que hacer si quería recuperar a su mujer.

-Alberto no lo matarás con armas, toma estas hierbas y que dáselas de comer a tu mujer. Debes hacerlo hoy, lo más rápido posible.

-Y ¿Qué le pasara a mi mujer?

-Se salvará. Nunca más volverá convertirse en loba, y Wolf desaparecerá no de nuestras vidas, sino de la tierra.

Huir…

Mientras afuera Mónica seguía con Wolf, quien éste le incitaba para que no se dejase influenciar por lo que le dijera su marido. Wolf hacia todo lo posible para que fuera suya, sabía que por la fuerza no debía hacerlo, pero tenía que ser suya, era loba.

Mónica percibió mientras Wolf le hablaba que Alberto tardaba por lo cual le dijo a Wolf una excusa para ir a la cabaña:

-Wolf, perdóname, creo que tienes razón.

Tras estas palabras Wolf se sintió aliviado.

Si me disculpas, continuó Mónica voy un momento al baño y enseguida continuamos hablando.

Eso hizo dudar a Wolf, pero ella le había pedido disculpas. ¿Por qué dudar?

Mónica entro en la cabaña y vio a su marido con las demás mujeres. Alberto con las hierbas en la mano le hizo ademán de que se acercara sigilosamente, despacio y haciendo el menor ruido posible.

Le explicaron las mujeres el contenido de las hierbas y sin dudarlo Mónica se las comió. Sabían entre dulces y amargas. Unos segundos después su cuerpo empezó a temblar y su espíritu de loba se fue esfumando de su cuerpo. Wolf se dio cuenta y fue corriendo a la cabaña donde grito:

-¡me habéis traicionado!, y sobre todo TÚ, MONICA. Nunca serás ni podrás ser feliz. Nunca.

-¡Oh madre! Y alzando los brazos al cielo pronuncio como si fuese una alabanza:

-“¿porque?, tantos años de espera, tantos y ahora…tierra trágame.

Al pronunciar esto una voz femenina proveniente de la nada susurro:

-Hermanito, hermanito, ¿Por qué siempre fuiste tan cabezota?. Reúnete conmigo, ande ven, conmigo y tu familia. Este ha dejado de ser tu mundo. Es la hora. Debes reunirte con los tuyos. Ella, Mónica es humana. Ya no puedes hacer nada. El destino te llama, hermanito.

-Auuuuuuuu!!!!!!!!!!!!!!!!! Mónica has perdido tu identidad, tu origen. Has elegido el camino equivocado, pero no te preocupes, ya no te voy a seguir más, he perdido todo este tiempo, pensando en que serias otra loba…o mejor dicho mujer. Mujer es lo que eres.

-Por cierto, Alberto, me venciste, ¿estarás contento, no?. Mónica eligió permanecer al lado de los humano. Adiós, algún día nos volveremos a reencontrar, quizás en el cielo o tal vez en el infierno.

Y Wolf, el hombre lobo, desapareció, como pólvora en una luz brillante, que fue cayendo al suelo hasta desaparecer. Nuestros protagonistas se fueron junto con las demás mujeres. Nunca más se volvió a mencionar ni a ver a Wolf.

Pasados unos años, pudimos ver una casa mucho mas grande que la anterior donde vivían Alberto y Mónica, una casa con jardín y piscina rodeado de niños. Su deseo fue realizado, no de la manera que ellos hubieran deseado, pero si adoptando a unos preciosos niños, fruto del amor tanto paternal y maternal que llevaban consigo. Pero no estaban solos, a un lado de la casa habían construido una casa donde lo habitaban las mujeres encontradas en aquellas montañas, las cuales ya no poseen nombre.

Daban gracias a la vida, gracias por ser felices, por admirar y sentir las pequeñas cosas, que son las mas importantes, una de las que mas abunda el amor y la amistad.

Felices eran y serían para. La vida pasará, con sus mas y sus menos pero disfrutaran de poder ver crecer a sus hijos, adoptados o no, sus hijos, eso es lo que son.

Al final Alberto y Mónica pudieron cumplir su otro deseo: diseñar su casa, no olvidemos que era una cosa que les quedaba por hacer. Alberto construirla en planos y Mónica diseñar sus interiores. Un pasado quedó atrás y olvidado de sus mentes y una nueva vida por vivir les esperaba. La que hemos dicho; la de la felicidad y el buen ambiente.

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